15El
Alto y Majestuoso que vive en la eternidad,
el Santo, dice:
«Yo vivo en el lugar alto y santo
con los de espíritu arrepentido y humilde.
Restauro el espíritu destrozado del humilde
y reavivo el valor de los que tienen un corazón arrepentido.
16Pues
no pelearé contra ustedes para siempre;
no estaré siempre enojado.
Si lo estuviera, moriría toda la gente,
sí, todas las almas que he creado.
17Estaba
enojado,
así que castigué a este pueblo tan avaro.
Me aparté de ellos,
pero continuaron por su propio terco camino.
18He
visto lo que hacen,
¡pero aun así, los sanaré
y los guiaré!
Consolaré a los que se lamentan,
19llevando
palabras de alabanza a sus labios.
Que tengan paz abundante, tanto cerca como lejos
—dice el Señor que
los sana—.
20Pero
los que aún me rechazan son como el mar agitado,
que nunca está tranquilo,
sino que continuamente revuelve el lodo y la tierra.
21No
hay paz para el perverso
—dice mi Dios—.
Isaías
58
Verdadera y falsa adoración
1»Grita
con la voz de un toque de trompeta.
¡Grita fuerte! No seas tímido.
¡Háblale a mi pueblo Israel de
sus pecados!
2Sin
embargo, ¡se hacen los piadosos!
Vienen al templo todos los días
y parecen estar encantados de aprender todo sobre mí.
Actúan como una nación justa
que nunca abandonaría las leyes de su Dios.
Me piden que actúe a su favor,
fingiendo que quieren estar cerca de mí.
3“¡Hemos
ayunado delante de ti! —dicen ellos—.
¿Por qué no te impresionamos?
Hemos sido muy severos con nosotros mismos,
y ni siquiera te das cuenta”.
»¡Les diré por qué! —les contesto—.
Es porque ayunan para complacerse a sí mismos.
Aun mientras ayunan,
oprimen a sus trabajadores.
4¿De
qué les sirve ayunar,
si siguen con sus peleas y riñas?
Con esta clase de ayuno,
nunca lograrán nada conmigo.
5Ustedes
se humillan
al hacer penitencia por pura fórmula:
inclinan la cabeza
como cañas en el viento,
se visten de tela áspera
y se cubren de cenizas.
¿A eso le llaman ayunar?
¿Realmente creen que eso agrada al Señor?
6»¡No!
Esta es la clase de ayuno que quiero:
pongan en libertad a los que están encarcelados
injustamente;
alivien la carga de los que trabajan para ustedes.
Dejen en libertad a los oprimidos
y suelten las cadenas que atan a la gente.
7Compartan
su comida con los hambrientos
y den refugio a los que no tienen hogar;
denles ropa a quienes la necesiten
y no se escondan de parientes que precisen su ayuda.
8»Entonces
su salvación llegará como el amanecer,
y sus heridas sanarán con rapidez;
su justicia los guiará hacia adelante
y atrás los protegerá la gloria del Señor.
9Entonces
cuando ustedes llamen, el Señor les
responderá.
“Sí, aquí estoy”, les contestará enseguida.
»Levanten el pesado yugo de la opresión;
dejen de señalar con el dedo y de esparcir rumores
maliciosos.
10Alimenten
a los hambrientos
y ayuden a los que están en apuros.
Entonces su luz resplandecerá desde la oscuridad,
y la oscuridad que los rodea será tan radiante como el
mediodía.
11El
Señor los
guiará continuamente,
les dará agua cuando tengan sed
y restaurará sus fuerzas.
Serán como un huerto bien regado,
como un manantial que nunca se seca.
12Algunos
de ustedes reconstruirán las ruinas desoladas de sus
ciudades.
Entonces serán conocidos como reconstructores de muros
y restauradores de casas.
13»Guarden
como santo el día de descanso;
en ese día no se ocupen de sus propios intereses,
sino disfruten del día de descanso
y hablen del día con delicia, por ser el día santo del Señor.
Honren el día de descanso en todo lo que hagan ese día
y no sigan sus propios deseos ni hablen palabras inútiles.
14Entonces
el Señor será
su delicia.
Yo les daré gran honor
y los saciaré con la herencia que prometí a su antepasado
Jacob.
¡Yo, el Señor,
he hablado!».
Isaías 59
Advertencias contra el pecado
1¡Escuchen!
El brazo del Señor no
es demasiado débil para no salvarlos,
ni su oído demasiado sordo para no oír su clamor.
2Son
sus pecados los que los han separado de Dios.
A causa de esos pecados, él se alejó
y ya no los escuchará.
3Las
manos de ustedes son manos de asesinos,
y tienen los dedos sucios de pecado.
Sus labios están llenos de mentiras
y su boca vomita corrupción.
4A
nadie le importa ser justo y honrado;
las demandas legales de la gente se basan en mentiras.
Conciben malas acciones
y después dan a luz el pecado.
5Incuban
serpientes mortales
y tejen telas de araña.
El que caiga en sus telarañas morirá,
y aun acercarse a ellas será peligroso.
6Con
sus telas de araña no se puede hacer ropa
y nada de lo que ellos hacen es útil.
Todo lo que hacen está lleno de pecado,
y la violencia es su sello característico.
7Sus
pies corren para hacer lo malo
y se apresuran a matar.
Solo piensan en pecar;
siempre hay sufrimiento y destrucción en sus caminos.
8No
saben dónde encontrar paz
o qué significa ser justo y bueno.
Han trazado caminos torcidos
y quienes los siguen no conocen un momento de paz.
9Por
eso no hay justicia entre nosotros
y no sabemos nada acerca de vivir con rectitud.
Buscamos luz, pero solo encontramos oscuridad;
buscamos cielos radiantes, pero caminamos en tinieblas.
10Andamos
a tientas, como los ciegos junto a una pared,
palpando para encontrar el camino, como la gente que no
tiene ojos.
Hasta en lo más radiante del mediodía,
tropezamos como si estuviera oscuro.
Entre los vivos,
somos como los muertos.
11Gruñimos
como osos hambrientos;
gemimos como el arrullo lastimero de las palomas.
Buscamos la justicia, pero nunca llega;
buscamos el rescate, pero está muy lejos de nosotros.
12Pues
nuestros pecados se han acumulado ante Dios
y testifican en contra de nosotros.
Así es, sabemos muy bien lo pecadores que somos.
13Sabemos
que nos hemos rebelado contra el Señor y
también lo hemos negado;
le hemos dado la espalda a nuestro Dios.
Sabemos que hemos sido injustos y opresores,
preparando con cuidado nuestras mentiras engañosas.
14Nuestros
tribunales se oponen a los justos,
y no se encuentra justicia por ninguna parte.
La verdad tropieza por las calles
y la honradez ha sido declarada ilegal.
15Sí,
la verdad ha desaparecido
y se ataca a todo el que abandona la maldad.
El Señor miró
y le desagradó
descubrir que no había justicia.
16Estaba
asombrado al ver que nadie intervenía
para ayudar a los oprimidos.
Así que se interpuso él mismo para salvarlos con su brazo
fuerte,
sostenido por su propia justicia.
17Se
puso la justicia como coraza
y se colocó en la cabeza el casco de salvación.
Se vistió con una túnica de venganza
y se envolvió en un manto de pasión divina.
18Él
pagará a sus enemigos por sus malas obras
y su furia caerá sobre sus adversarios;
les dará su merecido hasta los confines de la tierra.
19En
el occidente, la gente respetará el nombre del Señor;
en el oriente, lo glorificará.
Pues él vendrá como una tempestuosa marea,
impulsado por el aliento del Señor.
20«El
Redentor vendrá a Jerusalén
para rescatar en Israel
a los que se hayan apartado de sus pecados
—dice el Señor—.
21»Y
este es mi pacto con ellos —dice el Señor—.
Mi Espíritu no los dejará, ni tampoco estas palabras que les
he dado. Estarán en sus labios y en los labios de sus hijos,
y de los hijos de sus hijos, para siempre. ¡Yo, el Señor,
he hablado!