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El ayuno implica separarnos de los alimentos por una
temporada o lapso de tiempo con el fin de acercarnos a Dios en
beneficio de una meta específica o de los demás. Esta práctica puede
convertirse fácilmente en una costumbre religiosa para ser
vistos de los hombres (como Jesús recordó a los fariseos) o algo que
se lleva a cabo mientras se toleran los conflictos, el debate y el
interés propio (Isaías 58:3-4).
Isaías dijo que el ayuno que Dios ha elegido es uno que se centra en
las necesidades de los demás. Cuando estamos tan agobiados por el
yugo de la opresión en la vida de otros que nos negamos a participar
de nuestra comida normal hasta que esa persona sea liberada, Dios se
complace (Isaías 58:6). Por ejemplo, Daniel ayunó, no para sí mismo,
sino para que el país retorne desde Babilonia (Daniel 9:3).
Si nos gastamos a nosotros mismos en nombre de los hambrientos,
entonces Dios nos bendecirá con luz, salud, y agua (Isaías 58:8-11).
Nuestra luz será una guía a través de lugares oscuros, nuestra salud
dará prosperidad física y fuerza, y nuestra agua proporcionará
alegría emocional y espiritual en tiempos de sequía.
Como alguien dijo una vez: "El ayuno es otra forma de banquete!"
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