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26 de Septiembre
 

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Isaías 48:12-22

Liberados de Babilonia
12»Escúchame, oh familia de Jacob,
¡Israel, mi escogido!
Solo yo soy Dios,
el Primero y el Último.
13Fue mi mano la que puso los cimientos de la tierra,
mi mano derecha la que extendió los cielos en las alturas.
Cuando llamo a las estrellas para que salgan,
aparecen todas en orden».
14¿Alguna vez te ha dicho esto uno de tus ídolos?
Vengan, todos ustedes, y escuchen:
El Señor ha escogido a Ciro como su aliado;
lo usará para poner fin al imperio de Babilonia
y para destruir a los ejércitos babilónicos.
15«Lo he dicho: ¡Llamo a Ciro!
Lo enviaré a cumplir este encargo y lo ayudaré para que triunfe.
16Acérquense y escuchen esto:
desde el principio les he dicho con claridad lo que sucedería».
Ahora, el Señor Soberano y su Espíritu
me han enviado con este mensaje.
17Esto dice el Señor,
tu Redentor, el Santo de Israel:
«Yo soy el Señor tu Dios,
que te enseña lo que te conviene
y te guía por las sendas que debes seguir.
18¡Ah, si solo hubieras hecho caso a mis mandatos!
Entonces habrías tenido una paz que correría como un río manso
y una justicia que pasaría sobre ti como las olas del mar.
19Tus descendientes habrían sido como la arena del mar,
¡imposibles de contar!
No habría sido necesario destruirte
ni cortar el nombre de tu familia».
20Sin embargo, incluso ahora, ¡sean libres de su cautiverio!
Salgan de Babilonia y de los babilonios.
¡Canten este mensaje!
Grítenlo hasta los extremos de la tierra.
El Señor ha redimido a sus siervos:
a los del pueblo de Israel.
21No tuvieron sed
cuando él los guió a través del desierto.
Él partió la roca,
y brotó agua a chorros para que bebieran.
22«Pero no hay paz para los malvados»,
dice el Señor.

 

Isaías 49

El Siervo del Señor es encomendado
1Escúchenme, todos ustedes en tierras lejanas;
presten atención, ustedes que están muy lejos.
El Señor me llamó desde antes que naciera;
desde el seno de mi madre me llamó por mi nombre.
2Hizo que mis palabras de juicio fueran tan filosas como una espada.
Me ha escondido bajo la sombra de su mano.
Soy como una flecha afilada en su aljaba.
3Él me dijo: «Israel, tú eres mi siervo
y me traerás gloria».
4Yo respondí: «¡Pero mi labor parece tan inútil!
He gastado mis fuerzas en vano, y sin ningún propósito.
No obstante, lo dejo todo en manos del Señor;
confiaré en que Dios me recompense».
5Y ahora habla el Señor,
el que me formó en el seno de mi madre para que fuera su siervo,
el que me encomendó que le trajera a Israel de regreso.
El Señor me ha honrado
y mi Dios me ha dado fuerzas.
6Él dice: «Harás algo más que devolverme al pueblo de Israel.
Yo te haré luz para los gentiles,
y llevarás mi salvación a los confines de la tierra».
7El Señor, el Redentor
y Santo de Israel,
le dice al que es despreciado y rechazado por las naciones,
al que es el siervo de los gobernantes:
«Los reyes se pondrán en posición de firmes cuando tú pases.
Los príncipes se inclinarán hasta el suelo
por causa del Señor, el fiel,
el Santo de Israel, que te ha escogido».
Promesas de restauración para Israel
8Esto dice el Señor:
«En el momento preciso te responderé;
en el día de salvación te ayudaré.
Te protegeré y te daré a las naciones
para que seas mi pacto con ellas.
Por medio de ti restableceré la tierra de Israel
y la devolveré a su propio pueblo.
9Les diré a los prisioneros: “Salgan en libertad”,
y a los que están en tinieblas: “Vengan a la luz”.
Ellos serán mis ovejas, que se apacentarán en pastos verdes
y en colinas que antes estaban desiertas.
10No tendrán hambre ni sed
y el sol ardiente ya no los alcanzará.
Pues el Señor en su misericordia los guiará;
los guiará junto a aguas frescas.
11Y convertiré mis montes en senderos llanos para ellos.
Las carreteras se levantarán por encima de los valles.
12¡Miren! Mi pueblo regresará desde muy lejos;
desde tierras del norte y del occidente,
y desde tan al sur como Egipto».
13¡Oh, cielos, canten de alegría!
¡Oh, tierra, gózate!
¡Oh montes, prorrumpan en cantos!
Pues el Señor ha consolado a su pueblo
y le tendrá compasión en medio de su sufrimiento.
14Sin embargo, Jerusalén dice: «El Señor me ha abandonado;
el Señor me ha olvidado».
15«¡Jamás! ¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho?
¿Puede no sentir amor por el niño al que dio a luz?
Pero aun si eso fuera posible,
yo no los olvidaría a ustedes.
16Mira, he escrito tu nombre en las palmas de mis manos.
En mi mente siempre está la imagen de las murallas de Jerusalén convertidas en ruinas.
17Dentro de poco tus descendientes regresarán,
y los que procuran destruirte se irán.
18Mira a tu alrededor y observa,
porque todos tus hijos volverán a ti.
Tan cierto como que yo vivo —dice el Señor—,
ellos serán como joyas o adornos de novia para que tú los exhibas.
19»Hasta los lugares más desolados de tu tierra abandonada
pronto estarán repletos de tu gente.
Tus enemigos que te esclavizaron
estarán muy lejos.
20Las generaciones nacidas en el destierro regresarán y dirán:
“¡Necesitamos más espacio! ¡Este lugar está lleno de gente!”.
21Entonces te preguntarás:
“¿Quién me ha dado todos estos descendientes?
Pues la mayoría de mis hijos fueron muertos,
y los demás, llevados al destierro.
Aquí me quedé solo.
¿De dónde viene toda esta gente?
¿Quién dio a luz a estos niños?
¿Quién los crió por mí?”».
22Esto dice el Señor Soberano:
«Mira, les daré una señal a las naciones que no temen a Dios.
Te traerán a tus hijos pequeños en sus brazos;
traerán a tus hijas sobre los hombros.
23Reyes y reinas te servirán
y atenderán a todas tus necesidades.
Se inclinarán hasta el suelo ante ti
y lamerán el polvo de tus pies.
Entonces sabrás que yo soy el Señor.
Los que confían en mí nunca serán avergonzados».
24¿Quién puede arrebatar el botín de las manos de un guerrero?
¿Quién puede exigirle a un tiranoque deje en libertad a sus cautivos?
25Pero el Señor dice:
«Los cautivos de los guerreros serán puestos en libertad,
y se recuperará el botín de los tiranos.
Pues yo pelearé contra quienes peleen contigo,
y salvaré a tus hijos.
26Alimentaré a tus enemigos con su propia carne
y se embriagarán con ríos de su propia sangre.
Todo el mundo sabrá que yo, el Señor,
soy tu Salvador y tu Redentor;
el Poderoso de Israel».

 

Isaías 50

1Esto dice el Señor:
«¿Despedí a la madre de ustedes porque me divorcié de ella?
¿Los vendí a ustedes como esclavos a mis acreedores?
No, fueron vendidos a causa de sus propios pecados;
su madre también fue llevada a causa de los pecados de ustedes.
2¿Por qué no había nadie cuando vine?
¿Por qué nadie respondió cuando llamé?
¿Se debe a que no tengo poder para rescatar?
¡No, no es esa la razón!
¡Pues yo puedo hablarle al mar y hacer que se seque!
Puedo convertir los ríos en desiertos llenos de peces muertos.
3Yo soy quien viste de tinieblas los cielos,
y los cubro con ropajes de luto».
El Siervo obediente del Señor
4El Señor Soberano me ha dado sus palabras de sabiduría,
para que yo sepa consolar a los fatigados.
Mañana tras mañana me despierta
y me abre el entendimiento a su voluntad.
5El Señor Soberano me habló,
y yo lo escuché;
no me he rebelado, ni me he alejado.
6Les ofrecí la espalda a quienes me golpeaban
y las mejillas a quienes me tiraban de la barba;
no escondí el rostro
de las burlas y los escupitajos.
7Debido a que el Señor Soberano me ayuda,
no seré avergonzado.
Por lo tanto, he puesto el rostro como una piedra,
decidido a hacer su voluntad.
Y sé que no pasaré vergüenza.
8El que me hace justicia está cerca.
Ahora, ¿quién se atreverá a presentar cargos en mi contra?
¿Dónde están mis acusadores?
¡Que se presenten!
9Miren, el Señor Soberano está de mi lado.
¿Quién me declarará culpable?
Todos mis enemigos serán destruidos
como ropa vieja que ha sido comida por la polilla.
10Entre ustedes, ¿quién teme al Señor
y obedece a su siervo?
Si caminan en tinieblas,
sin un solo rayo de luz,
confíen en el Señor
y dependan de su Dios.
11Pero tengan cuidado, ustedes que viven en su propia luz,
y que se calientan en su propia fogata.
Esta es la recompensa que recibirán de mí:
pronto caerán en gran tormento.

 

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Efesios 4:17-32

Vivir como hijos de luz
17Con la autoridad del Señor digo lo siguiente: ya no vivan como los que no conocen a Dios,porque ellos están irremediablemente confundidos. 18Tienen la mente llena de oscuridad; vagan lejos de la vida que Dios ofrece, porque cerraron la mente y endurecieron el corazón hacia él. 19Han perdido la vergüenza. Viven para los placeres sensuales y practican con gusto toda clase de impureza.
20Pero eso no es lo que ustedes aprendieron acerca de Cristo. 21Ya que han oído sobre Jesús y han conocido la verdad que procede de él, 22desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño. 23En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes.24Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.
25Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo. 26Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle». No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados,27porque el enojo da lugar al diablo.
28Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad.29No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan.
30No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven. Recuerden que él los identificó como suyos, y así les ha garantizado que serán salvos el día de la redención.
31Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. 32Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.

 

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Salmos 68:1-18

1

Para el director del coro: cántico. Salmo de David.

Levántate, oh Dios, y dispersa a tus enemigos;
    que todos los que odian a Dios corran por sus vidas.
Sóplalos y disípalos como si fueran humo;
    derrítelos como la cera en el fuego;
    que los malvados perezcan en la presencia de Dios.
Pero que los justos se alegren;
    que se gocen en la presencia de Dios;
    que estén llenos de alegría.
¡Canten alabanzas a Dios y a su nombre!
    Canten alabanzas en alta voz al que cabalga sobre las nubes.[a]
Su nombre es el Señor;
    ¡alégrense en su presencia!

Padre de los huérfanos, defensor de las viudas,
    este es Dios y su morada es santa.
Dios ubica a los solitarios en familias;
    pone en libertad a los prisioneros y los llena de alegría.
Pero a los rebeldes los hace vivir en una tierra abrasada por el sol.

Oh Dios, cuando sacaste a tu pueblo de Egipto,
    cuando marchaste a través de las áridas tierras baldías, Interludio
la tierra tembló y los cielos derramaron lluvia a raudales
    delante de ti, el Dios del Sinaí,
    delante de Dios, el Dios de Israel.
Enviaste lluvia en abundancia, oh Dios,
    para refrescar la tierra agotada.
10 Finalmente allí se estableció tu pueblo
    y, con una abundante cosecha, oh Dios,
    proveíste para tu pueblo necesitado.

11 El Señor da la palabra,
    y un gran ejército[b] trae las buenas noticias.
12 Los reyes enemigos y sus ejércitos huyen,
    mientras las mujeres de Israel reparten el botín.
13 Hasta los que vivían entre los rediles encontraron tesoros,
    palomas con alas de plata
    y plumas de oro.
14 El Todopoderoso esparció a los reyes enemigos
    como una tormenta de nieve que sopla en el monte Salmón.

15 Las montañas de Basán son majestuosas,
    con muchas cumbres altas que llegan al cielo.
16 Oh montañas empinadas, ¿por qué miran con envidia
    al monte Sión, donde Dios decidió vivir,
    donde el Señor vivirá para siempre?

17 Rodeado de incontables millares de carros de guerra,
    el Señor llegó del monte Sinaí y entró en su santuario.
18 Cuando ascendiste a las alturas,
    llevaste a una multitud de cautivos;
recibiste regalos de la gente,
    incluso de quienes se rebelaron contra ti.
    Ahora el Señor Dios vivirá allí, en medio de nosotros.

 

 

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