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La realidad más emocionante del cristianismo es que un creyente se
convierte en una nueva persona. En Efesios 4, Pablo contrasta el
"hombre viejo" y el "hombre nuevo". El viejo hombre es un mentiroso,
mientras que el nuevo hombre dice la verdad (Efesios 4:25). El viejo
hombre está siempre enojado, pero el nuevo hombre controla la ira y
hace reparar antes de que termine el día (v. 26).
Hay otros contrastes entre el viejo y el nuevo. El viejo hombre es
tacaño y roba, pero el nuevo hombre tiene un deseo de trabajar duro
y dar a los demás (v. 28). El viejo hombre utiliza un lenguaje
abusivo, pero el nuevo hombre habla palabras que animan a los demás
(v. 29). El viejo hombre tiene rencores y amarguras por años, pero
el nuevo hombre es agradable, misericordioso y perdonador (v. 32).
Decir que te has convertido en un cristiano y todavía seguís
mintiendo, ventilando tu ira, robando, maldiciendo, y sin perdonar
es una contradicción. Como cristiano, debes despojarte del viejo
hombre y vestirte del nuevo, que fue creado a imagen de Dios. De
esta manera, vas a vivir una vida "digna de vuestra vocación" (v.1),
por la gracia que Dios te ha dado a través de la salvación.
Recordá: ¡Sos una persona nueva!
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