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27 de Septiembre
 

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Isaías 51

Un llamado a confiar en el Señor
1«Escúchenme, todos los que tienen esperanza de ser liberados,
todos los que buscan al Señor.
Consideren la piedra de la que fueron tallados,
la cantera de la que fueron extraídos.
2Sí, piensen en Abraham, su antepasado,
y en Sara, que dio a luz a su nación.
Cuando llamé a Abraham, era un solo hombre;
pero, cuando lo bendije, se convirtió en una gran nación».
3El Señor volverá a consolar a Israel
y tendrá piedad de sus ruinas.
Su desierto florecerá como el Edén,
sus lugares desolados como el huerto del Señor.
Allí se encontrarán gozo y alegría;
los cantos de gratitud llenarán el aire.
4«Escúchame, pueblo mío;
óyeme, Israel,
porque mi ley será proclamada
y mi justicia llegará a ser una luz para las naciones.
5Mi misericordia y mi justicia ya se acercan,
mi salvación viene en camino;
mi brazo fuerte hará justicia a las naciones.
Las tierras lejanas me buscarán
y con esperanza aguardarán mi brazo poderoso.
6Levanten los ojos a los altos cielos
y miren la tierra abajo.
Pues los cielos desaparecerán como humo
y la tierra se gastará como una prenda de vestir.
Los habitantes de la tierra morirán como moscas,
pero mi salvación permanece para siempre;
mi reinado de justicia nunca tendrá fin.
7»Escúchenme, ustedes que distinguen entre lo bueno y lo malo,
ustedes que atesoran mi ley en el corazón.
No teman las burlas de la gente,
ni tengan miedo de sus insultos.
8Pues la polilla los devorará a ellos como devora la ropa
y el gusano los comerá como se come la lana.
Pero mi justicia permanecerá para siempre;
mi salvación continuará de generación en generación».
9¡Despierta, oh Señor, despierta! ¡Vístete de fuerza!
¡Mueve tu poderoso brazo derecho!
Levántate como en los días de antaño,
cuando mataste a Egipto, al dragón del Nilo.
10¿Acaso no eres el mismo hoy,
el que secó el mar,
haciendo un camino en las profundidades
para que tu pueblo pudiera escapar y cruzar al otro lado?
11Regresarán los que fueron rescatados por el Señor
y entrarán cantando a Jerusalén,
coronados de alegría eterna.
Desaparecerán el dolor y el luto
y estarán llenos de gozo y de alegría.
12«Yo, sí, yo soy quien te consuela.
Entonces, ¿por qué les temes a simples seres humanos
que se marchitan como la hierba y desaparecen?
13Sin embargo, has olvidado al Señor, tu Creador,
el que extendió el cielo como un dosel
y puso los cimientos de la tierra.
¿Vivirás en constante terror de los opresores humanos?
¿Seguirás temiendo el enojo de tus enemigos?
¿Dónde están ahora su furia y su enojo?
¡Han desaparecido!
14Pronto quedarán libres los cautivos.
¡La prisión, el hambre y la muerte no serán su destino!
15Pues yo soy el Señor tu Dios,
que agito el mar haciendo que rujan las olas.
Mi nombre es Señor de los Ejércitos Celestiales.
16Y he puesto mis palabras en tu boca
y te he escondido a salvo dentro de mi mano.
Yo extendí el cielo como un dosel
y puse los cimientos de la tierra.
Yo soy el que le dice a Israel:
“¡Tú eres mi pueblo!”».
17¡Despierta, oh Jerusalén, despierta!
Has bebido la copa de la furia del Señor.
Has bebido la copa del terror,
la has vaciado hasta la última gota.
18Ni uno de tus hijos queda con vida
para tomarte de la mano y guiarte.
19Estas dos calamidades te han ocurrido:
la desolación y la destrucción, el hambre y la guerra.
Y ¿quién ha quedado para compadecerse de ti?
¿Quién ha quedado para consolarte?
20Pues tus hijos se han desmayado y yacen en las calles,
tan indefensos como antílopes atrapados en una red.
El Señor ha derramado su furia;
Dios los ha reprendido.
21Pero ahora escuchen esto, ustedes los afligidos,
que están completamente borrachos,
aunque no por haber bebido vino.
22Esto dice el Señor Soberano,
su Dios y Defensor:
«Miren, yo les quité de las manos la copa aterradora;
ya no beberán más de mi furia.
23En cambio, entregaré esa copa a quienes los atormentan,
a los que dijeron: “Los pisotearemos en el polvo
y caminaremos sobre sus espaldas”».

 

Isaías 52

Liberación para Jerusalén
1¡Despierta, oh Sión, despierta!
Vístete de fuerza.
Ponte tus ropas hermosas, oh ciudad santa de Jerusalén,
porque ya no volverá a entrar por tus puertas la gente impura que no teme a Dios.
2Levántate del polvo, oh Jerusalén,
y siéntate en un lugar de honor.
Quítate del cuello las cadenas de la esclavitud,
oh hija cautiva de Sión.
3Pues esto dice el Señor:
«Cuando te vendí al destierro
no recibí pago alguno;
ahora puedo redimirte
sin tener que pagar por ti».
4Esto dice el Señor Soberano: «Hace mucho tiempo, mi pueblo decidió vivir en Egipto. Ahora es Asiria la que lo oprime. 5¿Qué es esto? —pregunta el Señor—. ¿Por qué está esclavizado mi pueblo nuevamente? Quienes lo gobiernan gritan de júbilo; todo el día blasfeman mi nombre. 6Pero yo revelaré mi nombre a mi pueblo, y llegará a conocer mi poder. Entonces, por fin mi pueblo reconocerá que soy yo quien le habla».
7¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero que trae buenas noticias,
buenas noticias de paz y de salvación,
las noticias de que el Dios de Israelreina!
8Los centinelas gritan y cantan de alegría,
porque con sus propios ojos
ven al Señor regresando a Jerusalén.
9Que las ruinas de Jerusalén canten de alegría,
porque el Señor ha consolado a su pueblo,
ha redimido a Jerusalén.
10El Señor ha manifestado su santo poder
ante los ojos de todas las naciones,
y todos los confines de la tierra verán
la victoria de nuestro Dios.
11¡Salgan! Salgan y dejen atrás su cautiverio,
donde todo lo que tocan es impuro.
Salgan de allí y purifíquense,
ustedes que vuelven a su tierra con los objetos sagrados del Señor.
12No saldrán con prisa,
como quien corre para salvar su vida.
Pues el Señor irá delante de ustedes;
atrás los protegerá el Dios de Israel.
El Siervo sufriente del Señor
13Miren, mi siervo prosperará;
será muy exaltado.
14Pero muchos quedaron asombrados cuando lo vieron.
Tenía el rostro tan desfigurado, que apenas parecía un ser humano,
y por su aspecto, no se veía como un hombre.
15Y él alarmará a muchas naciones;
los reyes quedarán mudos ante él.
Verán lo que no se les había contado;
entenderán lo que no habían oído hablar.

 

Isaías 53

1¿Quién ha creído nuestro mensaje?
¿A quién ha revelado el Señor su brazo poderoso?
2Mi siervo creció en la presencia del Señor como un tierno brote verde;
como raíz en tierra seca.
No había nada hermoso ni majestuoso en su aspecto,
nada que nos atrajera hacia él.
3Fue despreciado y rechazado:
hombre de dolores, conocedor del dolor más profundo.
Nosotros le dimos la espalda y desviamos la mirada;
fue despreciado, y no nos importó.
4Sin embargo, fueron nuestras debilidades las que él cargó;
fueron nuestros dolores los que lo agobiaron.
Y pensamos que sus dificultades eran un castigo de Dios;
¡un castigo por sus propios pecados!
5Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones
y aplastado por nuestros pecados.
Fue golpeado para que nosotros estuviéramos en paz,
fue azotado para que pudiéramos ser sanados.
6Todos nosotros nos hemos extraviado como ovejas;
hemos dejado los caminos de Dios para seguir los nuestros.
Sin embargo, el Señor puso sobre él
los pecados de todos nosotros.
7Fue oprimido y tratado con crueldad,
sin embargo, no dijo ni una sola palabra.
Como cordero fue llevado al matadero.
Y como oveja en silencio ante sus trasquiladores,
no abrió su boca.
8Al ser condenado injustamente,
se lo llevaron.
A nadie le importó que muriera sin descendientes;
ni que le quitaran la vida a mitad de camino.
Pero lo hirieron de muerte
por la rebelión de mi pueblo.
9Él no había hecho nada malo,
y jamás había engañado a nadie.
Pero fue enterrado como un criminal;
fue puesto en la tumba de un hombre rico.
10Formaba parte del buen plan del Señor aplastarlo
y causarle dolor.
Sin embargo, cuando su vida sea entregada en ofrenda por el pecado,
tendrá muchos descendientes.
Disfrutará de una larga vida,
y en sus manos el buen plan del Señor prosperará.
11Cuando vea todo lo que se logró mediante su angustia,
quedará satisfecho.
Y a causa de lo que sufrió,
mi siervo justo hará posible
que muchos sean contados entre los justos,
porque él cargará con todos los pecados de ellos.
12Yo le rendiré los honores de un soldado victorioso,
porque se expuso a la muerte.
Fue contado entre los rebeldes.
Cargó con los pecados de muchos e intercedió por los transgresores.

 

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Efesios 5

Vivir en la luz
1Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan porque ustedes son sus hijos queridos.2Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros, como aroma agradable a Dios.
3Que no haya ninguna inmoralidad sexual, impureza ni avaricia entre ustedes. Tales pecados no tienen lugar en el pueblo de Dios. 4Los cuentos obscenos, las conversaciones necias y los chistes groseros no son para ustedes. En cambio, que haya una actitud de agradecimiento a Dios. 5Pueden estar seguros de que ninguna persona inmoral, impura o avara heredará el reino de Cristo y de Dios. Pues el avaro es un idólatra, que adora las cosas de este mundo.
6No se dejen engañar por los que tratan de justificar esos pecados, porque el enojo de Dios caerá sobre todos los que lo desobedecen. 7No participen en las cosas que hace esa gente. 8Pues antes ustedes estaban llenos de oscuridad, pero ahora tienen la luz que proviene del Señor. Por lo tanto, ¡vivan como gente de luz! 9Pues esa luz que está dentro de ustedes produce solo cosas buenas, rectas y verdaderas.
10Averigüen bien lo que agrada al Señor. 11No participen en las obras inútiles de la maldad y la oscuridad; al contrario, sáquenlas a la luz. 12Es vergonzoso siquiera hablar de las cosas que la gente malvada hace en secreto.13No obstante, sus malas intenciones se descubrirán cuando la luz las ilumine, 14porque la luz hace todo visible. Por eso se dice:
«Despiértate tú que duermes,
levántate de los muertos,
y Cristo te dará luz».
Vivir por el poder del Espíritu
15Así que tengan cuidado de cómo viven. No vivan como necios sino como sabios.16Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos. 17No actúen sin pensar, más bien procuren entender lo que el Señor quiere que hagan. 18No se emborrachen con vino, porque eso les arruinará la vida. En cambio, sean llenos del Espíritu Santo 19cantando salmos e himnos y canciones espirituales entre ustedes, y haciendo música al Señor en el corazón. 20Y den gracias por todo a Dios el Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Relaciones guiadas por el Espíritu: el matrimonio
21Es más, sométanse unos a otros por reverencia a Cristo.
22Para las esposas, eso significa: sométase cada una a su marido como al Señor, 23porque el marido es la cabeza de su esposa como Cristo es cabeza de la iglesia. Él es el Salvador de su cuerpo, que es la iglesia. 24Así como la iglesia se somete a Cristo, de igual manera la esposa debe someterse en todo a su marido.
25Para los maridos, eso significa: ame cada uno a su esposa tal como Cristo amó a la iglesia. Él entregó su vida por ella 26a fin de hacerla santa y limpia al lavarla mediante la purificación de la palabra de Dios. 27Lo hizo para presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni ningún otro defecto. Será, en cambio, santa e intachable. 28De la misma manera, el marido debe amar a su esposa como ama a su propio cuerpo. Pues un hombre que ama a su esposa en realidad demuestra que se ama a sí mismo. 29Nadie odia su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida tal como Cristo lo hace por la iglesia. 30Y nosotros somos miembros de su cuerpo.
31Como dicen las Escrituras: «El hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo». 32Eso es un gran misterio, pero ilustra la manera en que Cristo y la iglesia son uno. 33Por eso les repito: cada hombre debe amar a su esposa como se ama a sí mismo, y la esposa debe respetar a su marido.

 

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Salmos 68:1-18

1

Para el director del coro: cántico. Salmo de David.

¡Alaben al Señor, alaben a Dios nuestro salvador!
    Pues cada día nos lleva en sus brazos. Interludio
20 ¡Nuestro Dios es un Dios que salva!
    El Señor Soberano nos rescata de la muerte.

21 Pero Dios aplastará las cabezas de sus enemigos,
    aplastará los cráneos de los que aman sus caminos perversos.
22 El Señor dice: «Haré descender a mis enemigos desde Basán;
    los levantaré desde las profundidades del mar.
23 Ustedes, pueblo mío, se lavarán[c] los pies en la sangre de ellos,
    ¡y hasta los perros tendrán su porción!».

24 Ya asoma tu procesión, oh Dios,
    la procesión de mi Dios y Rey mientras él entra en el santuario.
25 Los cantores van adelante, los músicos van detrás;
    en medio hay jovencitas que tocan panderetas.
26 Alaben a Dios todos los del pueblo de Israel;
    alaben al Señor, la fuente de vida de Israel.
27 Miren, la pequeña tribu de Benjamín va al frente;
    le sigue una gran multitud de gobernantes de Judá
    y todos los gobernantes de Zabulón y Neftalí.

28 Oh Dios, haz que tu poder se presente;[d]
    despliega tu poder, oh Dios, como lo has hecho en el pasado.
29 Los reyes de la tierra traen tributo
    a tu templo en Jerusalén.
30 Reprende a estas naciones enemigas,
    a estos animales salvajes que acechan entre los juncos,
    a esta manada de toros en medio de los becerros más débiles.
Hazlos traer barras de plata como humilde tributo.
    Dispersa a las naciones que se deleitan en la guerra.
31 Que Egipto venga con regalos de metales preciosos;[e]
    que Etiopía[f] le lleve tributo a Dios.
32 Canten a Dios, reinos de la tierra,
    canten alabanzas al Señor. Interludio
33 Canten al que cabalga por los cielos antiguos;
    su poderosa voz truena desde los cielos.
34 Cuéntenles a todos acerca del poder de Dios.
    Su majestad brilla sobre Israel;
    su fuerza es poderosa en los cielos.
35 Dios es imponente en su santuario;
    el Dios de Israel le da poder y fuerza a su pueblo.

¡Alabado sea Dios!

 

 

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