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La paz de Dios viene del Dios de paz. En el cuarto capítulo de
Filipenses, Pablo nos dice cómo caminar en continua y perfecta paz.
En primer lugar, él nos pide reconciliar nuestras relaciones con los
demás. Apuntó a una división en la iglesia de Filipos, diciendo:
"Ahora les ruego a Evodia y a Síntique, dado que pertenecen al
Señor, que arreglen su desacuerdo." (v. 2). Las relaciones divididas
y tensas siempre bloquearán la paz de Dios.
Luego, Pablo dice: "No se preocupen por nada; en cambio, oren por
todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo
que él ha hecho." (v. 6). Si de cada preocupación hacés una cuestión
de oración, la paz de Dios inundará tu corazón y tu mente, incluso
cuando tu entendimiento esté en crisis.
Finalmente, Pablo nos desafía a cambiar nuestras formas de
meditación diaria. En lugar de pensar en lo falso, inmoral, bajo,
corrupto, y los malvados pensamientos del enemigo, él nos dice
"Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo
lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen
en cosas excelentes y dignas de alabanza." (v. 8).
Debemos llenar nuestras mentes con pensamientos que sean
consistentes con el cielo donde viviremos algún día. Tales
pensamientos calmarán nuestros corazones y harán volver la presencia
del Dios de paz a nuestras vidas.
Entonces la paz de Dios será nuestra hasta que veamos al Dios de paz
cara a cara.
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