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3 de Octubre
 

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Salmo 73:1-28

 

Jeremías 1

1Estas son las palabras de Jeremías, hijo de Hilcías, uno de los sacerdotes de Anatot, ciudad de la tierra de Benjamín. 2El Señor le dio mensajes a Jeremías por primera vez durante el año trece del reinado de Josías, hijo de Amón, rey de Judá. 3Los mensajes del Señorcontinuaron durante el reinado de Joacim, hijo de Josías, hasta el año once del reinado de Sedequías, otro de los hijos de Josías. En agosto de ese año once, la gente de Jerusalén fue llevada cautiva.
El llamado de Jeremías y las primeras visiones
4El Señor me dio el siguiente mensaje:
5—Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre;
antes de que nacieras, te aparté
y te nombré mi profeta a las naciones.
6—Oh Señor Soberano —respondí—. ¡No puedo hablar por ti! ¡Soy demasiado joven!
7—No digas: “Soy demasiado joven” —me contestó el Señor—, porque debes ir dondequiera que te mande y decir todo lo que te diga. 8No le tengas miedo a la gente, porque estaré contigo y te protegeré. ¡Yo, el Señor, he hablado!
9Luego el Señor extendió su mano, tocó mi boca y dijo:
«¡Mira, he puesto mis palabras en tu boca!
10Hoy te doy autoridad
para que hagas frente a naciones y reinos.
A algunos deberás desarraigar, derribar,
destruir y derrocar;
a otros deberás edificar
y plantar».
11Después el Señor me dijo:
—¡Observa, Jeremías! ¿Qué es lo que ves?
—Veo una rama de almendro —contesté.
12—Así es —dijo el Señor—, y eso significa que yo estoy vigilando y ciertamente llevaré a cabo todos mis planes.
13Después el Señor me habló nuevamente.
—¿Qué es lo que ves ahora? —me preguntó.
—Veo una olla de agua hirviendo que se derrama desde el norte —contesté.
14—Sí —dijo el Señor—, porque el terror del norte hervirá y se derramará sobre la gente de esta tierra. 15¡Escucha! Estoy llamando a los ejércitos de los reinos del norte para que vengan a Jerusalén. ¡Yo, el Señor, he hablado!
»Establecerán sus tronos
a las puertas de la ciudad;
atacarán los muros de Jerusalén
y a todas las demás ciudades de Judá.
16Pronunciaré juicio
contra mi pueblo a causa de toda su maldad,
por haberme abandonado y por quemar incienso a otros dioses.
¡Sí, ellos rinden culto a ídolos que hicieron con sus propias manos!
17»Levántate y prepárate para entrar en acción.
Ve y diles todo lo que te ordene decir.
No les tengas miedo,
sino haré que parezcas un necio delante de ellos.
18Mira, hoy te he hecho fuerte,
como ciudad fortificada que no se puede conquistar,
como columna de hierro o pared de bronce.
Te enfrentarás contra toda esta tierra:
contra los reyes, los funcionarios, los sacerdotes y el pueblo de Judá.
19Ellos pelearán contra ti, pero fracasarán,
porque yo estoy contigo y te protegeré.
¡Yo, el Señor, he hablado!

 

Jeremías 2:1-30

El Señor acusa a su pueblo
1El Señor me dio otro mensaje y me dijo:2«Ve y anuncia a gritos este mensaje a Jerusalén. Esto dice el Señor:
»“Recuerdo qué ansiosa estabas por complacerme
cuando eras una joven recién casada,
cómo me amabas y me seguías
aun a través de lugares desolados.
3En esos días Israel estaba consagrado al Señor,
era el primero de sus hijos.
Todos los que lastimaron a su pueblo fueron declarados culpables,
y sobre ellos cayó la calamidad.
¡Yo, el Señor, he hablado!”».
4¡Escuchen la palabra del Señor, pueblo de Jacob, todas las familias de Israel! 5Esto dice el Señor:
«¿Qué mal encontraron en mí sus antepasados
que los llevó a alejarse tanto de mi lado?
Rindieron culto a ídolos inútiles
y ellos mismos se volvieron inútiles.
6No preguntaron: “¿Dónde está el Señor
que nos sacó a salvo de Egipto
y nos guió a través del árido desierto,
por una tierra desolada y llena de hoyos,
una tierra de sequía y muerte,
donde no vive ni viaja nadie?”.
7»Cuando los traje a una tierra fértil
para que disfrutaran de sus bienes y de su abundancia,
contaminaron mi tierra y
corrompieron la posesión que les había prometido.
8Los sacerdotes no preguntaron:
“¿Dónde está el Señor?”.
Aquellos que enseñaron mi palabra me ignoraron,
los gobernantes se volvieron en mi contra,
y los profetas hablaron en nombre de Baal,
perdiendo su tiempo con ídolos inútiles.
9Por lo tanto, presentaré mi acusación en su contra,
—dice el Señor—.
Aun presentaré cargos contra los hijos de sus hijos
en los años venideros.
10»Vayan al occidente y miren en la tierra de Chipre;
vayan al oriente y busquen en la tierra de Cedar.
¿Acaso alguien ha oído algo
tan extraño como esto?
11¿Alguna vez una nación ha cambiado sus dioses por otros,
aun cuando no son dioses en absoluto?
¡Sin embargo, mi pueblo ha cambiado a su glorioso Dios
por ídolos inútiles!
12Los cielos están espantados ante semejante cosa
y retroceden horrorizados y consternados
—dice el Señor—.
13Pues mi pueblo ha cometido dos maldades:
me ha abandonado a mí
—la fuente de agua viva—
y ha cavado para sí cisternas rotas
¡que jamás pueden retener el agua!
Los resultados del pecado de Israel
14»¿Por qué Israel se ha convertido en esclavo?
¿Por qué se lo han llevado como botín?
15Leones fuertes rugieron contra él,
y la tierra ha sido destruida.
Ahora las ciudades están en ruinas,
ya nadie vive en ellas.
16Los egipcios, en pie de guerra, llegaron desde sus ciudades de Menfis y Tafnes,
han destruido la gloria y el poder de Israel.
17Tú mismo te has buscado esta desgracia
al rebelarte contra el Señor tu Dios,
¡aun cuando él te guiaba por el camino!
18»¿Qué provecho has sacado de tus alianzas con Egipto
y de tus pactos con Asiria?
¿En qué te benefician las corrientes del Nilo
o las aguas del río Éufrates?
19Tu perversidad traerá su propio castigo.
El haberte alejado de mí te avergonzará.
Verás qué malo y amargo es
abandonar al Señor tu Dios y no temerle.
¡Yo, el Señor, el Señor de los Ejércitos Celestiales, he hablado!
20»Hace tiempo rompí el yugo que te oprimía
y arranqué las cadenas de tu esclavitud,
pero aun así dijiste:
“No te serviré”.
Sobre cada colina y debajo de todo árbol frondoso
te has prostituido inclinándote ante ídolos.
21Pero fui yo el que te planté,
escogiendo una vid del más puro origen, lo mejor de lo mejor.
¿Cómo te transformaste en esta vid corrupta y silvestre?
22Por más jabón o lejía que te pongas no puedes limpiarte.
Aún puedo ver la mancha de tu culpa.
¡Yo, el Señor Soberano, he hablado!
Israel, una esposa infiel
23»Tú dices: “¡Esto no es cierto!
¡No he rendido culto a las imágenes de Baal!”.
¿Pero cómo puedes decir semejante cosa?
¡Ve y mira lo que hay en cualquier valle de la tierra!
Reconoce los espantosos pecados que has cometido.
Eres como una camella inquieta,
buscando un macho con desesperación.
24Eres como una burra salvaje,
olfateando el viento en época de apareamiento.
¿Quién puede contenerla de su celo?
¡Los que la desean no necesitan buscar demasiado,
porque es ella quien corre hacia ellos!
25¿Cuándo dejarás de correr?
¿Cuándo desistirás de jadear tras otros dioses?
Pero tú dices: “Ahórrate tus palabras.
¡Estoy enamorada de estos dioses ajenos,
y no puedo dejar de amarlos!”.
26»Israel es como un ladrón
que solo se avergüenza cuando lo descubren,
al igual que sus reyes, funcionarios, sacerdotes y profetas.
27A una imagen tallada en un trozo de madera le dicen:
“Tú eres mi padre”.
A un ídolo esculpido en un bloque de piedra le dicen:
“Tú eres mi madre”.
Me dan la espalda,
pero durante tiempos difíciles me suplican:
“¡Ven y sálvanos!”.
28Pero ¿por qué no invocas a esos dioses que has fabricado?
Cuando lleguen los problemas, ¡que ellos te salven si pueden!
Pues tú tienes tantos dioses
como ciudades hay en Judá.
29¿Por qué me acusas de hacer el mal?
Ustedes son los que se han rebelado
—dice el Señor—.
30He castigado a tus hijos,
pero no respondieron a mi disciplina.
Tú mismo mataste a tus profetas
como un león mata a su presa.

 

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Filipenses 4

1Por lo tanto, mis amados hermanos, manténganse fieles al Señor. Los amo y anhelo verlos, mis queridos amigos, porque ustedes son mi alegría y la corona que recibo por mi trabajo.
Palabras de aliento
2Ahora les ruego a Evodia y a Síntique, dado que pertenecen al Señor, que arreglen su desacuerdo. 3Y te pido a ti, mi fiel colaborador,que ayudes a esas dos mujeres, porque trabajaron mucho a mi lado para dar a conocer a otros la Buena Noticia. Trabajaron junto con Clemente y mis demás colaboradores, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.
4Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense! 5Que todo el mundo vea que son considerados en todo lo que hacen. Recuerden que el Señor vuelve pronto.
6No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. 7Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.
8Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza. 9No dejen de poner en práctica todo lo que aprendieron y recibieron de mí, todo lo que oyeron de mis labios y vieron que hice. Entonces el Dios de paz estará con ustedes.
Pablo agradece las ofrendas
10¡Cuánto alabo al Señor de que hayan vuelto a preocuparse por mí! Sé que siempre se han preocupado por mí, pero no tenían la oportunidad de ayudarme. 11No que haya pasado necesidad alguna vez, porque he aprendido a estar contento con lo que tengo.12Sé vivir con casi nada o con todo lo necesario. He aprendido el secreto de vivir en cualquier situación, sea con el estómago lleno o vacío, con mucho o con poco. 13Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas. 14De todos modos, han hecho bien al compartir conmigo en la dificultad por la que ahora atravieso.
15Como saben, filipenses, ustedes fueron los únicos que me ayudaron económicamente cuando les llevé la Buena Noticia por primera vez y luego seguí mi viaje desde Macedonia. Ninguna otra iglesia hizo lo mismo. 16Incluso cuando estuve en Tesalónica, ustedes me mandaron ayuda más de una vez. 17No digo esto esperando que me envíen una ofrenda. Más bien, quiero que ustedes reciban una recompensa por su bondad.
18Por el momento, tengo todo lo que necesito, ¡y aún más! Estoy bien abastecido con las ofrendas que ustedes me enviaron por medio de Epafrodito. Son un sacrificio de olor fragante aceptable y agradable a Dios. 19Y este mismo Dios quien me cuida suplirá todo lo que necesiten, de las gloriosas riquezas que nos ha dado por medio de Cristo Jesús.
20¡Toda la gloria sea a Dios nuestro Padre por siempre y para siempre! Amén.
Saludos finales de Pablo
21Denle saludos de mi parte a cada persona del pueblo santo de Dios, a todos los que pertenecen a Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo envían saludos. 22Los demás del pueblo de Dios también les envían saludos, en particular los de la casa de César.
23Que la gracia del Señor Jesucristo sea con el espíritu de cada uno de ustedes.

 

 

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Sal 73:1-28

Salmo de Asaf.

En verdad Dios es bueno con Israel,
    con los de corazón puro.
Pero en cuanto a mí, casi perdí el equilibrio;
    mis pies resbalaron y estuve a punto de caer,
porque envidiaba a los orgullosos
    cuando los veía prosperar a pesar de su maldad.
Pareciera que viven sin problemas;
    tienen el cuerpo tan sano y fuerte.
No tienen dificultades como otras personas;
    no están llenos de problemas como los demás.
Lucen su orgullo como un collar de piedras preciosas
    y se visten de crueldad.
¡Estos gordos ricachones tienen todo
    lo que su corazón desea!
Se burlan y hablan sólo maldades;
    en su orgullo procuran aplastar a otros.
Se jactan contra los cielos mismos,
    y sus palabras se pasean presuntuosas por toda la tierra.
10 Entonces la gente se desanima y se confunde,
    al tragarse todas esas palabras.
11 «¿Y qué sabe Dios? —preguntan—.
    ¿Acaso el Altísimo sabe lo que está pasando?».
12 Miren a esos perversos:
    disfrutan de una vida fácil mientras sus riquezas se multiplican.

13 ¿Conservé puro mi corazón en vano?
    ¿Me mantuve en inocencia sin ninguna razón?
14 En todo el día no consigo más que problemas;
    cada mañana me trae dolor.
15 Si yo realmente hubiera hablado a otros de esta manera,
    habría sido un traidor a tu pueblo.
16 Traté de entender por qué los malvados prosperan,
    ¡pero qué tarea tan difícil!
17 Entonces entré en tu santuario, oh Dios,
    y por fin entendí el destino de los perversos.
18 En verdad, los pones en un camino resbaladizo
    y haces que se deslicen por el precipicio hacia su ruina.
19 Al instante quedan destruidos,
    totalmente consumidos por los terrores.
20 Cuando te levantes, oh Señor,
    te reirás de sus tontas ideas
    como uno se ríe por la mañana de lo que soñó en la noche.

21 Entonces me di cuenta de que mi corazón se llenó de amargura,
    y yo estaba destrozado por dentro.
22 Fui tan necio e ignorante,
    debo haberte parecido un animal sin entendimiento.
23 Sin embargo, todavía te pertenezco;
    me tomas de la mano derecha.
24 Me guías con tu consejo
    y me conduces a un destino glorioso.
25 ¿A quién tengo en el cielo sino a ti?
    Te deseo más que cualquier cosa en la tierra.
26 Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu,
    pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón;
    él es mío para siempre.

27 Los que lo abandonen, perecerán,
    porque tú destruyes a los que se alejan de ti.
28 En cuanto a mí, ¡qué bueno es estar cerca de Dios!
    Hice al Soberano Señor mi refugio,
    y a todos les contaré las maravillas que haces.

 

 

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