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¿Existe realmente un verdadero y eterno infierno ardiente? En
Filipenses 3:18-21, Pablo describe sólo dos opciones para nuestro
destino final: la destrucción o el cielo. ¡Qué tontería es que demos
a nuestros placeres temporales como comida o bebida el altar de
nuestra adoración! Nosotros, como futuros ciudadanos de la Nueva
Jerusalén, sólo estamos de paso por este mundo.
Pablo, consciente de esta verdad, dijo que saber esto lo llevó a
"avanzar hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio
celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús."
(Filipenses 3:14). ¿Qué otra meta es digna de perseguir?
El más fuerte enemigo de nuestro llamado hacia el cielo es el tirón
a descender al infierno. Isaías dijo (y más tarde Jesús citó en
Marcos 9:48) que para los que están en el infierno "Los gusanos que
los devoran nunca morirán, y el fuego que los quema nunca se
apagará." (Isaías 66:24).
El infierno es un lago de fuego eterno. Es un tormento inamovible,
fijo, donde la muerte no es una opción. Una vez que una persona está
en el infierno, es imposible salir de él. El hombre rico, sufriendo
la angustia de las llamas del infierno, rogó a Lázaro para que moje
simplemente su dedo en agua para refrescar su lengua reseca (Lucas
16:24), pero no fue posible (v. 26).
El infierno es de hecho un lugar horrible, pero el cielo es
maravilloso sin medida.
Yo puse mis ojos en el cielo. ¿Y vos?
274 días pasaron! Solo quedan 91.
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