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Las palabras de David relatan lo importante que es saber que tu
conciencia está tranquila cuando estás pasando una prueba. Satanás,
el acusador, se apresura a enviar a otros a cuestionar tus motivos,
carácter y conducta. Pero incluso si en las tres áreas salís limpio,
todavía podés ser atacado por el enemigo.
No importa cuanto lo acusaron los amigos de Job, no pudieron influir
en su conciencia. Él declaró: "Jamás admitiré que ustedes tengan la
razón; defenderé mi integridad hasta la muerte. Insistiré en mi
inocencia sin vacilar; mientras viva, mi conciencia estará
tranquila." (Job 27: 5-6)
Pablo, también un objeto de acusación, escribió a la iglesia de
Corinto: "Podemos decir con confianza y con una conciencia limpia
que, en todos nuestros asuntos, hemos vivido en santidad y con una
sinceridad dadas por Dios. Hemos dependido de la gracia de Dios y no
de nuestra propia sabiduría humana. Esa es la forma en que nos hemos
comportado ante el mundo y en especial con ustedes." (2 Corintios
1:12).
Por supuesto, ni Job, ni David ni Pablo estaban afirmando su
perfección, solamente su sinceridad con Dios en su corazón. Nunca
dejes que el diablo calumnie tu conciencia si caminaste en
integridad. Una conciencia débil o herida te destruirá. Ponete de
pie delante del acusador, y esperá en paz la reivindicación del
Señor!
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