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En su depresión, David había llegado a un punto, obviamente, de tal
desesperación que estaba seguro que sus problemas sumaban más que
los cabellos de su cabeza. Pablo estaba en una posición similar en
las batallas que enfrentó en Asia.
"Amados hermanos, pensamos que tienen que estar al tanto de las
dificultades que hemos atravesado en la provincia de Asia. Fuimos
oprimidos y agobiados más allá de nuestra capacidad de aguantar y
hasta pensamos que no saldríamos con vida." (2 Corintios 1:8).
Incluso en ese tipo de presión, Pablo encontró un secreto que lo
sostenía. Descubrió a Dios como "nuestro Padre misericordioso y la
fuente de todo consuelo" (2 Corintios 1:3). Cuando Dios nos consuela
y nos muestra su misericordia, tiene un doble efecto: aprendemos a
confiar más en Él, y otros aprenden de nuestra liberación. Nunca
podremos identificarnos totalmente con los demás hasta que hayamos
caminado sus caminos, y Dios utilizará nuestros problemas para
convertirlos en un testimonio para otros en necesidad.
Levantá la cabeza y dejá que el Dios de todo consuelo te ministre en
este momento. Entonces, "mucha gente dará gracias" (2 Corintios
1:11) a Dios por tu comportamiento, y Dios será glorificado en todo.
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