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En la música, los sonidos que se mezclan entre sí se llaman armonía
o sinfonía. Si tonos e instrumentos individuales no se mezclan,
chocan produciendo cacofonía. ¡Imagínese el ruido horrible si todos
los instrumentos de una orquesta tocaran sus propias notas en claves
completamente diferentes! Pero cuando todos los instrumentos
trabajan juntos, el resultado es una hermosa pieza de música que
eleva el alma humana.
Dios ha llamado a cada uno de nosotros, con nuestros tonos y los
distintos ministerios, para mezclarnos en un solo cuerpo. El
resultado será como lo fue en la dedicación del templo de Salomón:
una hermosa muestra de unidad, no una nota individual o instrumento
que choca con los demás, sino una mezcla consciente de nuestros
dones y el llamamiento junto a los de los demás.
El Salmo 133:3 lo expresa perfectamente: "La armonía es tan
refrescante como el rocío del monte Hermón que cae sobre las
montañas de Sión. Y allí el Señor ha pronunciado su bendición,
incluso la vida eterna." (Salmo 133:3). Cualquiera que sea el
llamado, iglesia o ministerio en el que estemos involucrados,
debemos caminar en unidad con todos los demás. Entonces podremos ver
la eficacia de nuestro ministerio multiplicándose y ver la gloria de
Dios manifestada en un mundo que escucha.
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