Esperanza a pesar del desastre
14»Por
tanto, se acerca la hora —dice el Señor—,
cuando la gente que haga un juramento ya no dirá: “Tan
cierto como que el Señor vive,
quien rescató al pueblo de Israel de la tierra de Egipto”. 15En
cambio, dirán: “Tan cierto como que el Señor vive,
quien trajo a Israel de regreso a su propia tierra desde la
tierra del norte y de todos los países a donde él los envió
al destierro”. Pues los traeré nuevamente a esta tierra que
les di a sus antepasados.
16»Ahora
mandaré llamar a muchos pescadores para que los capturen
—dice el Señor—.
Mandaré llamar a cazadores para que los cacen en los montes,
en las colinas y en las cuevas. 17Los
vigilo de cerca y veo cada pecado. No hay esperanza de que
se escondan de mí. 18Duplicaré
su castigo por todos sus pecados, porque han contaminado mi
tierra con las imágenes sin vida de sus detestables dioses y
han llenado mi territorio con sus hechos malignos».
Oración de confianza de Jeremías
19Señor,
¡tú eres mi fuerza y mi fortaleza,
mi refugio en el día de aflicción!
Las naciones del mundo entero
vendrán a ti y te dirán:
«Nuestros antepasados nos han dejado una herencia
despreciable,
porque rendían culto a ídolos inútiles.
20¿Acaso
puede la gente hacer sus propios dioses?
¡Esos no son dioses verdaderos en absoluto!».
21El
Señor dice:
«Ahora les mostraré mi poder;
ahora les mostraré mi fuerza.
Al fin sabrán y entenderán
que yo soy el Señor.
Jeremías
17
Pecado y castigo de Judá
1»El
pecado de Judá
está escrito con cincel de hierro,
grabado con punta de diamante en su corazón de piedra
y en las esquinas de sus altares.
2Incluso
sus hijos van a rendir culto
en los altares paganos y en los postes dedicados a la diosa
Asera,
debajo de todo árbol frondoso
y sobre cada colina alta.
3Así
que entregaré mi monte santo
—junto con todas sus riquezas, tesoros
y santuarios paganos—
como botín a sus enemigos,
porque el pecado corre desenfrenado en su tierra.
4La
herencia maravillosa que he reservado para ustedes
se les escapará de las manos.
Les diré a sus enemigos que los lleven
cautivos a una tierra extranjera.
Pues mi enojo arde como un fuego
que quemará para siempre».
La sabiduría del Señor
5Esto
dice el Señor:
«Malditos son los que ponen su confianza en simples seres
humanos,
que se apoyan en la fuerza humana
y apartan el corazón del Señor.
6Son
como los arbustos raquíticos del desierto,
sin esperanza para el futuro.
Vivirán en lugares desolados,
en tierra despoblada y salada.
7»Pero
benditos son los que confían en el Señor
y han hecho que el Señor sea
su esperanza y confianza.
8Son
como árboles plantados junto a la ribera de un río
con raíces que se hunden en las aguas.
A esos árboles no les afecta el calor
ni temen los largos meses de sequía.
Sus hojas están siempre verdes
y nunca dejan de producir fruto.
9»El
corazón humano es lo más engañoso que hay,
y extremadamente perverso.
¿Quién realmente sabe qué tan malo es?
10Pero
yo, el Señor,
investigo todos los corazones
y examino las intenciones secretas.
A todos les doy la debida recompensa,
según lo merecen sus acciones».
Jeremías confía en el Señor
11Los
que acaparan riquezas en forma injusta
son como las perdices que empollan los huevos que no han
puesto.
En la mitad de la vida perderán sus riquezas;
al final, se volverán unos pobres viejos tontos.
12Pero
nosotros adoramos frente a tu trono:
¡eterno, puesto en alto y glorioso!
13Oh
Señor,
esperanza de Israel,
serán avergonzados todos los que se alejan de ti.
Serán enterrados en el polvo de la tierra,
porque han abandonado al Señor,
la fuente de agua viva.
14Oh
Señor,
si me sanas, seré verdaderamente sano;
si me salvas, seré verdaderamente salvo.
¡Mis alabanzas son solo para ti!
15La
gente se burla de mí y dice:
«¿Cuál es este “mensaje del Señor”
del que hablas?
¿Por qué no se cumplen tus predicciones?».
16Señor,
no he abandonado mi labor
como pastor de tu pueblo
ni he insistido que mandes desastres.
Tú has oído todo lo que dije.
17Señor,
¡no me aterrorices!
Solo tú eres mi esperanza en el día de la calamidad.
18Haz
que se avergüencen y se desalienten todos los que me
persiguen,
pero no dejes que sea yo el avergonzado y el desalentado.
Haz que caiga sobre ellos un día de terror.
¡Sí, haz que caiga sobre ellos doble destrucción!
Guardar el día de descanso
19Esto
me dijo el Señor:
«Ve y párate en las puertas de Jerusalén, primero en la
puerta por donde el rey entra y sale, y luego en cada una de
las demás puertas. 20Dile
a todo el pueblo: “Escuchen este mensaje del Señor,
ustedes reyes de Judá y ustedes, habitantes de Judá y todos
los que viven en Jerusalén. 21Esto
dice el Señor:
‘¡Escuchen mi advertencia! No comercien más en las puertas
de Jerusalén en el día de descanso. 22No
trabajen en el día de descanso, sino hagan que sea un día
sagrado. Yo les di este mandato a sus antepasados, 23pero
ellos no escucharon ni obedecieron. Tercamente rehusaron
prestar atención o recibir mi disciplina.
24»’Pero
si me obedecen, dice el Señor,
y no comercian en las puertas ni trabajan en el día de
descanso, y si lo guardan como día sagrado, 25entonces
los reyes y sus funcionarios entrarán y saldrán para siempre
por estas puertas. Siempre habrá un descendiente de David
sentado en el trono aquí en Jerusalén. Los reyes y sus
funcionarios siempre entrarán y saldrán en carros y a
caballo por entre la gente de Judá, y esta ciudad
permanecerá para siempre. 26Desde
todas partes de Jerusalén, desde las ciudades de Judá y
Benjamín, desde las colinas occidentales y
la zona montañosa, y del Neguev vendrá gente con sus
ofrendas quemadas y sus sacrificios. Traerán sus ofrendas de
grano, incienso y las ofrendas de acción de gracias al
templo del Señor.
27»’Sin
embargo, si no me escuchan y se niegan a guardar como
sagrado el día de descanso, y si ese día pasan mercadería
por las puertas de Jerusalén como si fuera cualquier otro,
entonces quemaré estas puertas. El fuego se extenderá a los
palacios y nadie podrá apagar las llamas rugientes’”».
Jeremías 18
El alfarero y el barro
1El
Señor le
dio otro mensaje a Jeremías:2«Baja
al taller del alfarero y allí te hablaré».3Así
que hice lo que me dijo y encontré al alfarero trabajando en
el torno; 4pero
la vasija que estaba formando no resultó como él esperaba,
así que la aplastó y comenzó de nuevo.
5Después
el Señor me
dio este mensaje:6«¡Oh,
Israel! ¿No puedo hacer contigo lo mismo que hizo el
alfarero con el barro? De la misma manera que el barro está
en manos del alfarero, así estás en mis manos. 7Si
anuncio que voy a desarraigar, a derribar y a destruir a
cierta nación o a cierto reino, 8pero
luego esa nación renuncia a sus malos caminos, no la
destruiré como lo había planeado. 9Y
si anuncio que plantaré y edificaré a cierta nación o a
cierto reino, 10pero
después esa nación hace lo malo y se niega a obedecerme, no
la bendeciré como dije que lo haría.
11»Por
lo tanto, Jeremías, advierte a todo Judá y a Jerusalén y
diles: “Esto dice el Señor:
‘En vez de algo bueno, les tengo preparado un desastre. Así
que cada uno de ustedes abandone sus malos caminos y haga lo
correcto’”».
12Sin
embargo, el pueblo respondió: «No gastes saliva.
Continuaremos viviendo como se nos antoja y con terquedad
seguiremos nuestros propios malos deseos».
13Así
que esto dice el Señor:
«¿Acaso alguien ha oído semejante cosa,
aun entre las naciones paganas?
¡Israel, mi hija virgen,
ha hecho algo terrible!
14¿Acaso
la nieve desaparece de las cumbres del Líbano?
¿Quedan secos los arroyos helados que fluyen de esas
montañas distantes?
15Pero
mi pueblo no es confiable, porque me ha abandonado;
quema incienso a ídolos inútiles.
Tropezó y salió de los caminos antiguos
y anduvo por senderos llenos de lodo.
16Por
lo tanto, su tierra quedará desolada,
será un monumento a su necedad.
Todos los que pasen por allí quedarán pasmados
y menearán la cabeza con asombro.
17Como
el viento del oriente desparrama el polvo,
así esparciré a mi pueblo delante de sus enemigos.
Cuando tengan dificultades, les daré la espalda
y no prestaré atención a su aflicción».
Complot contra Jeremías
18Entonces
el pueblo dijo: «Vengan, busquemos la manera de detener a
Jeremías. Ya tenemos suficientes sacerdotes, sabios y
profetas. No necesitamos que él enseñe la palabra ni que nos
dé consejos ni profecías. Hagamos correr rumores acerca de
él y no hagamos caso a lo que dice».
19Señor,
¡óyeme y ayúdame!
Escucha lo que dicen mis enemigos.
20¿Deben
pagar mal por bien?
Han cavado una fosa para matarme,
aunque intercedí por ellos
y traté de protegerlos de tu enojo.
21¡Así
que deja que sus hijos se mueran de hambre!
¡Deja que mueran a espada!
Que sus esposas se conviertan en viudas, sin hijos.
¡Que sus ancianos se mueran por una plaga
y que sus jóvenes sean muertos en batalla!
22Que
se escuchen gritos de dolor desde sus casas
cuando los guerreros caigan súbitamente sobre ellos.
Pues han cavado una fosa para mí
y han escondido trampas a lo largo de mi camino.
23Señor,
tú conoces todos sus planes para matarme.
No perdones sus crímenes ni borres sus pecados;
que caigan muertos ante de ti.
En tu enojo encárgate de ellos.