El Señor le
prohíbe a Jeremías que interceda
11Luego
el Señor me
dijo:
—Ya no ores más por este pueblo. 12Cuando
ellos ayunen no les prestaré atención. Cuando me presenten
sus ofrendas quemadas y las ofrendas de grano, no las
aceptaré. En cambio, los devoraré con guerra, hambre y
enfermedad.
13Luego
dije:
—Oh Señor Soberano,
sus profetas les dicen: “Todo está bien, no vendrá guerra ni
hambre. El Señor ciertamente
les enviará paz”.
14Entonces
el Señor dijo:
—Esos profetas dicen mentiras en mi nombre. Yo no los envié
ni les dije que hablaran. No les transmití ningún mensaje.
Ellos profetizan visiones y revelaciones que nunca han visto
ni oído. Hablan necedades, producto de su propio corazón
mentiroso.15Por
lo tanto, esto dice el Señor:
yo castigaré a esos profetas mentirosos, porque han hablado
en mi nombre a pesar de que no los envié. Dicen que no
vendrá guerra ni hambre, ¡pero ellos mismos morirán en la
guerra y morirán de hambre! 16En
cuanto a aquellos a quienes profetizan, sus cadáveres serán
arrojados en las calles de Jerusalén, víctimas del hambre y
de la guerra. No quedará nadie para enterrarlos. Se habrán
ido todos: esposos, esposas, hijos e hijas. Pues derramaré
sobre ellos su propia maldad. 17Ahora
bien, Jeremías, diles esto:
»“Mis ojos derraman lágrimas día y noche.
No puedo dejar de llorar
porque mi hija virgen —mi pueblo precioso—
ha sido derribada
y yace herida de muerte.
18Si
salgo al campo,
veo los cuerpos masacrados por el enemigo.
Si camino por las calles de la ciudad
veo gente muerta por el hambre.
Los profetas y los sacerdotes continúan con su trabajo
pero no saben lo que hacen”.
Oración por sanidad
19Señor,
¿has rechazado por completo a Judá?
¿Verdaderamente odias a Jerusalén?
¿Por qué nos has herido sin la menor esperanza de
recuperarnos?
Esperábamos paz, pero la paz no llegó;
esperábamos un tiempo de sanidad, pero solo encontramos
terror.
20Señor,
confesamos nuestra maldad
y también la de nuestros antepasados;
todos hemos pecado contra ti.
21Por
el honor de tu fama, Señor,
no nos abandones;
no deshonres tu propio trono glorioso.
Por favor, recuérdanos,
y no rompas tu pacto con nosotros.
22¿Puede
alguno de los inútiles dioses ajenos enviarnos lluvia?
¿O acaso cae del cielo por sí misma?
No, tú eres el único, ¡oh Señor nuestro
Dios!
Solo tú puedes hacer tales cosas.
Entonces esperaremos que nos ayudes.
Jeremías
15
Inevitable condenación de Judá
1Luego
el Señor me
dijo: «Aun si Moisés y Samuel se presentaran delante de mí
para rogarme por este pueblo, no lo ayudaría. ¡Fuera con
ellos! ¡Quítenlos de mi vista! 2Y
si te dijeren: “¿Pero adónde podemos ir?”, diles: “Esto dice
el Señor:
»‘Los que están destinados a la muerte, a la muerte;
los destinados a la guerra, a la guerra;
los destinados al hambre, al hambre;
los destinados al cautiverio, al cautiverio’”.
3»Enviaré
contra ellos cuatro clases de destructores —dice el Señor—.
Enviaré la espada para matar, los perros para arrastrar, los
buitres para devorar y los animales salvajes para acabar con
lo que haya quedado. 4Debido
a las cosas perversas que Manasés, hijo de Ezequías, rey de
Judá, hizo en Jerusalén, haré a mi pueblo objeto de horror
para todos los reinos de la tierra.
5»¿Quién
tendrá compasión de ti, Jerusalén?
¿Quién llorará por ti?
¿Quién se tomará la molestia de preguntar cómo estás?
6Tú
me has abandonado
y me has dado la espalda
—dice el Señor—.
Por eso, levantaré mi puño para destruirte.
Estoy cansado de darte siempre otra oportunidad.
7Te
aventaré como el grano a las puertas de las ciudades
y te quitaré tus hijos que tanto quieres.
Destruiré a mi propio pueblo,
porque rehusó cambiar sus malos caminos.
8Habrá
más viudas
que granos de arena a la orilla del mar.
Traeré al destructor al mediodía
contra las madres de los jóvenes.
Súbitamente haré que caiga sobre ellas
la angustia y el terror.
9La
madre de siete hijos se debilita y lucha por respirar;
su sol se puso mientras todavía es de día.
Ahora queda sin hijos,
avergonzada y humillada.
A los que queden, los entregaré
para que sus enemigos los maten.
¡Yo, el Señor,
he hablado!».
Queja de Jeremías
10Luego
dije:
—¡Qué aflicción tengo, madre mía!
¡Oh, si hubiera muerto al nacer!
En todas partes me odian.
No soy un acreedor que pretende cobrar
ni un deudor que se niega a pagar;
aun así todos me maldicen.
11El
Señor respondió:
—Yo cuidaré de ti, Jeremías;
tus enemigos te pedirán que ruegues a su favor
en tiempos de aflicción y angustia.
12¿Puede
un hombre quebrar una barra de hierro que proviene del norte
o una barra de bronce?
13Sin
que a ellos les cueste nada,
entregaré tus riquezas y tesoros
a tus enemigos como botín,
porque el pecado corre desenfrenado en tu tierra.
14Les
diré a tus enemigos que te lleven
cautivo a una tierra extranjera.
Pues mi enojo arde como un fuego
que quemará para siempre.
15Luego
dije:
—Señor,
tú sabes lo que me sucede.
Por favor, ayúdame. ¡Castiga a mis perseguidores!
Por favor, dame más tiempo; no dejes que muera joven.
Es por tu causa que sufro.
16Cuando
descubrí tus palabras las devoré;
son mi gozo y la delicia de mi corazón,
porque yo llevo tu nombre,
oh Señor Dios
de los Ejércitos Celestiales.
17Nunca
me uní a la gente en sus alegres banquetes.
Me senté a solas porque tu mano estaba sobre mí
y me llené de indignación ante sus pecados.
18¿Por
qué, entonces, continúa mi sufrimiento?
¿Por qué es incurable mi herida?
Tu ayuda parece tan incierta como el arroyo estacional,
como un manantial que se ha secado.
19Esto
responde el Señor:
—Si regresas a mí te restauraré
para que puedas continuar sirviéndome.
Si hablas palabras beneficiosas en vez de palabras
despreciables,
serás mi vocero.
Tienes que influir en ellos;
¡no dejes que ellos influyan en ti!
20Pelearán
contra ti como un ejército en ataque,
pero yo te haré tan seguro como una pared de bronce
fortificada.
Ellos no te conquistarán,
porque estoy contigo para protegerte y rescatarte.
¡Yo, el Señor,
he hablado!
21Sí,
te mantendré a salvo de estos hombres malvados;
te rescataré de sus manos crueles.
Jeremías 16:1-15
A Jeremías se le prohíbe casarse
1El
Señor me
dio otro mensaje: 2«No
te cases ni tengas hijos en este lugar. 3Pues
esto dice el Señor acerca
de los niños nacidos en esta ciudad y de sus madres y
padres: 4morirán
de enfermedades terribles. Nadie llorará por ellos ni
tampoco los enterrarán sino que yacerán dispersos sobre el
suelo como si fueran estiércol. Morirán por la guerra y
morirán de hambre, y sus cuerpos serán comida para los
buitres y los animales salvajes».
Se acerca el castigo a Judá
5Esto
dice el Señor:
«No vayas a los funerales para llorar y mostrar compasión
por ellos, porque he retirado mi protección y mi paz de
ellos; he quitado mi amor inagotable y mi misericordia. 6Tanto
el grande como el humilde morirán en esta tierra. Nadie los
enterrará ni se lamentará por ellos. Sus amigos no se
cortarán la piel ni se afeitarán la cabeza en señal de
tristeza. 7Nadie
ofrecerá una comida para consolar a quienes estén de luto
por un muerto, ni siquiera por la muerte de una madre o de
un padre. Nadie enviará una copa de vino para consolarlos.
8»No
vayas a sus fiestas ni a sus banquetes. Ni siquiera comas o
bebas con ellos.9Pues
esto dice el Señor de
los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: en sus propios
días y ante sus propios ojos pondré fin a las risas y a las
canciones alegres en esta tierra. Ya no se oirán las voces
felices de los novios ni de las novias.
10»Cuando
le digas todas estas cosas a la gente, ellos te preguntarán:
“¿Por qué el Señor decretó
cosas tan terribles contra nosotros? ¿Qué hemos hecho para
merecer semejante trato? ¿Cuál es nuestro pecado contra el Señor nuestro
Dios?”.
11»Entonces
les darás la respuesta del Señor:
“Es porque sus antepasados me fueron infieles y rindieron
culto a otros dioses y los sirvieron. Me abandonaron y no
obedecieron mi palabra. 12¡Y
ustedes son peores que sus antepasados! Se pusieron tercos y
siguen sus propios malos deseos y rehúsan escucharme. 13Por
lo tanto, los expulsaré de esta tierra y los enviaré a una
tierra extraña en la que ni ustedes ni sus antepasados han
estado. Allí podrán rendir culto a ídolos día y noche, y ¡no
les concederé ningún favor!”.
Esperanza a pesar del desastre
14»Por
tanto, se acerca la hora —dice el Señor—,
cuando la gente que haga un juramento ya no dirá: “Tan
cierto como que el Señor vive,
quien rescató al pueblo de Israel de la tierra de Egipto”. 15En
cambio, dirán: “Tan cierto como que el Señor vive,
quien trajo a Israel de regreso a su propia tierra desde la
tierra del norte y de todos los países a donde él los envió
al destierro”. Pues los traeré nuevamente a esta tierra que
les di a sus antepasados.