6Oh
Jerusalén, yo he puesto centinelas en tus murallas;
ellos orarán continuamente, de día y de noche.
No descansen, ustedes que dirigen sus oraciones al Señor.
7No
le den descanso al Señor hasta
que termine su obra,
hasta que haga de Jerusalén el orgullo de toda la tierra.
8El
Señor le
ha jurado a Jerusalén por su propia fuerza:
«Nunca más te entregaré a tus enemigos;
nunca más vendrán guerreros extranjeros
para llevarse tu grano y tu vino nuevo.
9Ustedes
cultivaron el grano, y ustedes lo comerán,
alabando al Señor.
Dentro de los atrios del templo,
ustedes mismos beberán el vino que prensaron».
10¡Salgan
por las puertas!
¡Preparen la carretera para el regreso de mi pueblo!
Emparejen el camino, saquen las rocas
y levanten una bandera para que la vean todas las naciones.
11El
Señor ha
enviado el siguiente mensaje a cada país:
«Díganle al pueblo de Israel:
“Miren, ya viene su Salvador.
Vean, él trae consigo su recompensa”».
12Serán
llamados «El pueblo santo»
y «El pueblo redimido por el Señor».
Y Jerusalén será conocida como «El lugar deseable»
y «La ciudad ya no abandonada».
Isaías
63
Juicio contra los enemigos del Señor
1¿Quién
es este que viene desde Edom,
desde la ciudad de Bosra
con sus ropas teñidas de rojo?
¿Quién es este que lleva vestiduras reales
y marcha en su gran fuerza?
«¡Soy yo, el Señor,
proclamando su salvación!
¡Soy yo, el Señor,
quien tiene el poder para salvar!».
2¿Por
qué están tan rojas tus ropas,
como si hubieras estado pisando uvas?
3«Estuve
pisando el lagar yo solo;
no había nadie allí para ayudarme.
En mi enojo, he pisado a mis enemigos
como si fueran uvas.
En mi furia he pisado a mis adversarios;
su sangre me ha manchado la ropa.
4Ha
llegado la hora de cobrar venganza por mi pueblo;
de rescatar a mi pueblo de sus opresores.
5Estaba
asombrado al ver que nadie intervenía
para ayudar a los oprimidos.
Así que yo mismo me interpuse para salvarlos con mi brazo
fuerte,
y mi ira me sostuvo.
6Aplasté
a las naciones en mi enojo,
las hice tambalear y caer al suelo,
y derramé su sangre sobre la tierra».
Alabanza por la liberación
7Hablaré
del amor inagotable del Señor;
alabaré al Señor por
todo lo que ha hecho.
Me alegraré por su gran bondad con Israel,
que le concedió según su misericordia y su amor.
8Él
dijo: «Ellos son mi pueblo.
Ciertamente no volverán a traicionarme».
Y se convirtió en su Salvador.
9Cuando
ellos sufrían, él también sufrió,
y él personalmente los
rescató.
En su amor y su misericordia los redimió;
los levantó y los tomó en brazos
a lo largo de los años.
10Pero
ellos se rebelaron contra él
y entristecieron a su Santo Espíritu.
Así que él se convirtió en enemigo de ellos
y peleó contra ellos.
11Entonces
recordaron los días de antaño
cuando Moisés sacó a su pueblo de Egipto.
Clamaron: «¿Dónde está el que llevó a Israel a través del
mar
con Moisés como pastor?
¿Dónde está el que envió a su Santo Espíritu
para que estuviera en medio de su pueblo?
12¿Dónde
está aquel que manifestó su poder
cuando Moisés levantó su mano,
el que dividió el mar delante de ellos
y se hizo famoso para siempre?
13¿Dónde
está el que los hizo pasar por el fondo del mar?
Eran como magníficos sementales
que corrían por el desierto sin tropezar.
14Al
igual que el ganado que desciende a un valle pacífico,
el Espíritu del Señor les
daba descanso.
Tú guiaste a tu pueblo, Señor,
y te ganaste una magnífica reputación».
Oración por misericordia y perdón
15Señor,
mira desde el cielo;
míranos desde tu santo y glorioso hogar.
¿Dónde están la pasión y el poder
que solías manifestar a nuestro favor?
¿Dónde están tu misericordia y tu compasión?
16¡Ciertamente
tú sigues siendo nuestro Padre!
Aunque Abraham y Jacob nos
desheredaran,
tú, Señor,
seguirías siendo nuestro Padre.
Tú eres nuestro Redentor desde hace siglos.
17Señor,
¿por qué permitiste que nos apartáramos de tu camino?
¿Por qué nos diste un corazón terco para que dejáramos de
temerte?
Regresa y ayúdanos, porque somos tus siervos,
las tribus que son tu posesión más preciada.
18Por
poco tiempo tu pueblo santo poseyó tu lugar santo,
y ahora nuestros enemigos lo han destruido.
19Algunas
veces parece como si nunca te hubiéramos pertenecido;
es como si nunca hubiéramos sido conocidos como tu pueblo.
Isaías 64
1¡Oh,
si irrumpieras desde el cielo y descendieras!
¡Cómo temblarían los montes en tu presencia!
2Así
como el fuego hace que arda la leña
y que hierva el agua,
tu venida haría que las naciones temblaran.
¡Entonces tus enemigos se enterarían de la razón de tu fama!
3Cuando
descendiste hace mucho tiempo,
hiciste obras temibles, por encima de nuestras mayores
expectativas.
¡Y cómo temblaron los montes!
4Desde
el principio del mundo,
ningún oído ha escuchado,
ni ojo ha visto a un Dios como tú,
quien actúa a favor de los que esperan en él.
5Tú
recibes a quienes hacen el bien con gusto;
a quienes siguen caminos de justicia.
Pero has estado muy enojado con nosotros,
porque no somos justos.
Pecamos constantemente;
¿cómo es posible que personas como nosotros se salven?
6Estamos
todos infectados por el pecado y somos impuros.
Cuando mostramos nuestros actos de justicia,
no son más que trapos sucios.
Como las hojas del otoño, nos marchitamos y caemos,
y nuestros pecados nos arrasan como el viento.
7Sin
embargo, nadie invoca tu nombre
ni te ruega misericordia.
Por eso tú te apartaste de nosotros
y nos entregaste a
nuestros pecados.
8Y
a pesar de todo, oh Señor,
eres nuestro Padre;
nosotros somos el barro y tú, el alfarero.
Todos somos formados por tu mano.
9No
te enojes tanto con nosotros, Señor;
por favor, no te acuerdes de nuestros pecados para siempre.
Te pedimos que nos mires
y veas que somos tu pueblo.
10Tus
ciudades santas están destruidas.
Sión es un desierto;
sí, Jerusalén no es más que una ruina desolada.
11El
templo santo y hermoso
donde nuestros antepasados te alababan
fue incendiado
y todas las cosas hermosas quedaron destruidas.
12Después
de todo esto, Señor,
¿aún rehusarás ayudarnos?
¿Permanecerás callado y nos castigarás?
Isaías 65
Juicio y salvación final
1El
Señor dice:
«Estaba listo para responder, pero nadie me pedía ayuda;
estaba listo para dejarme encontrar, pero nadie me buscaba.
“¡Aquí estoy, aquí estoy!”,
dije a una nación que no invocaba mi nombre.
2Todo
el día abrí mis brazos a un pueblo rebelde.
Pero ellos siguen sus malos caminos
y sus planes torcidos.
3Todo
el día me insultan en mi propia cara
al rendir culto a ídolos en sus huertos sagrados
y al quemar incienso en altares paganos.
4De
noche andan entre las tumbas
para rendir culto a los muertos.
Comen carne de cerdo
y hacen guisos con otros alimentos prohibidos.
5Sin
embargo, se dicen unos a otros:
“¡No te acerques demasiado, porque me contaminarás!
¡Yo soy más santo que tú!”.
Ese pueblo es un hedor para mi nariz;
un olor irritante que nunca desaparece.
6»Miren,
tengo escrito mi decretodelante
de mí:
no me quedaré callado;
les daré el pago que se merecen.
Sí, les daré su merecido,
7tanto
por sus propios pecados,
como por los de sus antepasados
—dice el Señor—.
También quemaron incienso en los montes
y me insultaron en las colinas.
¡Les daré su merecido!
8»Pero
no los destruiré a todos
—dice el Señor—.
Tal como se encuentran uvas buenas en un racimo de uvas
malas
(y alguien dice: “¡No las tires todas;
algunas de ellas están buenas!”),
así mismo, no destruiré a todo Israel.
Pues aún tengo verdaderos siervos allí.
9Conservaré
un remanente del pueblo de Israel
y de Judá, para que posea mi tierra.
Aquellos a quienes yo escoja la heredarán
y mis siervos vivirán allí.
10La
llanura de Sarón se llenará nuevamente de rebaños
para mi pueblo que me busca,
y el valle de Acor será lugar de pastoreo para las manadas.
11»Pero
como el resto de ustedes abandonó al Señor
y se olvidó de su templo,
y como preparó fiestas para honrar al dios de la Fortuna
y le ofreció vino mezclado al dios del Destino,
12ahora
yo los “destinaré” a ustedes a la espada.
Todos ustedes se inclinarán delante del verdugo.
Pues cuando los llamé, ustedes no me respondieron;
cuando hablé, no me escucharon.
Pecaron deliberadamente —ante mis propios ojos—
y escogieron hacer lo que saben que yo desprecio».
13Por
lo tanto, esto dice el Señor
Soberano:
«Mis siervos comerán,
pero ustedes pasarán hambre.
Mis siervos beberán,
pero ustedes tendrán sed.
Mis siervos se alegrarán,
pero ustedes estarán tristes y avergonzados.
14Mis
siervos cantarán de alegría,
pero ustedes llorarán de angustia y desesperación.
15El
nombre de ustedes será una maldición entre mi pueblo,
porque el Señor Soberano
los destruirá
y llamará a sus verdaderos siervos por otro nombre.
16Todos
los que invoquen una bendición o hagan un juramento
lo harán por el Dios de la verdad.
Dejaré a un lado mi enojo
y olvidaré la maldad de los tiempos pasados.
17»¡Miren!
Estoy creando cielos nuevos y una tierra nueva,
y nadie volverá siquiera a pensar en los anteriores.
18Alégrense;
regocíjense para siempre en mi creación.
¡Y miren! Yo crearé una Jerusalén que será un lugar de
felicidad
y su pueblo será fuente de alegría.
19Me
gozaré por Jerusalén
y me deleitaré en mi pueblo.
Y el sonido de los llantos y los lamentos
jamás se oirá en ella.
20»Los
bebés ya no morirán a los pocos días de haber nacido,
ni los adultos morirán antes de haber tenido una vida plena.
Nunca más se considerará anciano a alguien que tenga cien
años;
solamente los malditos morirán tan jóvenes.
21En
esos días, la gente habitará en las casas que construya
y comerá del fruto de sus propios viñedos.
22A
diferencia del pasado, los invasores no les quitarán sus
casas
ni les confiscarán sus viñedos.
Pues mi pueblo vivirá tantos años como los árboles,
y mis escogidos tendrán tiempo para disfrutar de lo
adquirido con su arduo trabajo.
23No
trabajarán en vano,
y sus hijos no estarán condenados a la desgracia,
porque son un pueblo bendecido por el Señor,
y sus hijos también serán bendecidos.
24Les
responderé antes que me llamen.
Cuando aún estén hablando de lo que necesiten,
¡me adelantaré y responderé a sus oraciones!
25El
lobo y el cordero comerán juntos.
El león comerá heno, como el buey;
pero las serpientes comerán polvo.
En esos días, nadie será herido ni destruido en mi monte
santo.
¡Yo, el Señor,
he hablado!».