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Dios es en verdad el Dios de la misericordia. Epafrodito, compañero
de Pablo, casi muere por la causa de Cristo. Evidentemente estaba
brindando ayuda a Pablo cuando su cuerpo sobrecargado se enfermó
hasta el punto de la muerte. En el último momento posible, Dios
intervino misericordiosamente y guardó su vida.
El profeta Isaías habló con elocuencia de este Dios misericordioso.
Al hablar de su cuidado por Israel, dijo, "Cuando ellos sufrían, él
también sufrió, y él personalmente los rescató. En su amor y su
misericordia los redimió; los levantó y los tomó en brazos a lo
largo de los años." (Isaías 63: 9).
El Espíritu Santo de Dios sacó a los israelitas de Egipto, y en su
destierro, Él les dio de comer, proveyó para ellos, e incluso los
cargó cuando no podían caminar.
Hacemos nuestro mejor esfuerzo para caminar con Dios, pero a veces
Él simplemente debe cargarnos. En esos momentos cuando nuestra carne
es tan frágil que sentimos que no podemos seguir, la misericordia de
Dios se hace cargo. Es nuestra fuente de fortaleza y consuelo en
cada situación.
Caminá si podés, y corré, si podés. La mayor parte del tiempo tus
piernas y tu fe serán fuertes. Pero si tu fuerza se ha ido, saltá en
Sus poderosos brazos de misericordia y decíle: "¡Padre, llevame!"
273 días pasaron! Solo quedan 92.
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