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25 de Agosto
 

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Proverbios 25

 

Job 16

Quinto discurso de Job: respuesta a Elifaz
1Entonces Job volvió a hablar:
2«Ya escuché todo esto antes,
¡qué consejeros tan miserables son ustedes!
3¿Nunca dejarán de decir más que palabrería?
¿Qué los mueve a seguir hablando?
4Si ustedes estuvieran en mi lugar, yo podría decir lo mismo.
Podría lanzar críticas y menear mi cabeza ante ustedes.
5Sin embargo, yo les daría palabras de ánimo;
intentaría aliviar su dolor.
6En cambio, sufro si me defiendo,
y no sufro menos si me niego a hablar.
7»Oh Dios, tú me has molido
y arrasaste con mi familia.
8Me has reducido a piel y huesos, como si tuvieras que demostrar que he pecado;
mi carne consumida testifica en mi contra.
9Dios me odia y me despedaza en su enojo.
Rechina los dientes contra mí
y me atraviesa con su mirada.
10La gente me abuchea y se ríe de mí.
Con desprecio me dan bofetadas en la mejilla,
y una turba se junta en mi contra.
11Dios me ha entregado a los pecadores
y me ha arrojado en manos de los malvados.
12»Yo vivía tranquilo hasta que él me quebró;
me tomó por el cuello y me hizo pedazos.
Después me usó como blanco
13y ahora sus arqueros me rodean.
Sus flechas me atraviesan sin misericordia
y el suelo está empapado con mi sangre.
14Una y otra vez él se estrella contra mí,
arremete como un guerrero.
15Me visto de tela áspera en señal de mi dolor.
Mi orgullo yace en el polvo.
16Mis ojos están enrojecidos de tanto llorar;
los rodean sombras oscuras.
17Sin embargo, no he hecho nada malo
y mi oración es pura.
18»Oh tierra, no escondas mi sangre;
deja que clame por mí.
19Ahora mismo, mi testigo está en el cielo;
mi abogado está en las alturas.
20Mis amigos me desprecian,
y derramo mis lágrimas ante Dios.
21Necesito un mediador entre Dios y yo,
como una persona que intercede entre amigos.
22Pues pronto me tocará recorrer ese camino
del que nunca volveré.

 

Job 17

Job sigue defendiendo su inocencia
1»Mi espíritu está destrozado,
y mi vida está casi extinguida.
La tumba está lista para recibirme.
2Estoy rodeado de burlones;
observo que se mofan de mí de manera implacable.
3»Debes defender mi inocencia, oh Dios,
ya que nadie más se levantará en mi favor.
4Les cerraste la mente para que no comprendieran,
pero no permitas que triunfen.
5Traicionan a sus amigos para su propio beneficio,
haz que sus hijos desfallezcan de hambre.
6»Dios me ha puesto en ridículo ante la gente;
me escupen en la cara.
7Mis ojos están hinchados de tanto llorar,
y soy solamente una sombra de lo que fui.
8Los íntegros se horrorizan cuando me ven;
los inocentes se levantan contra los que no tienen a Dios.
9Los justos siguen avanzando,
y los de manos limpias se vuelven cada vez más fuertes.
10»En cuanto a todos ustedes, regresen con mejores argumentos,
aunque seguiré sin encontrar a un solo sabio entre ustedes.
11Mis días se acaban.
Mis esperanzas han desaparecido;
los deseos de mi corazón están destruidos.
12Estos hombres dicen que la noche es día;
afirman que la oscuridad es luz.
13¿Qué pasará si voy a la tumba
y tiendo mi cama en las tinieblas?
14¿Qué pasará si llamo padre a la tumba
y madre o hermana a los gusanos?
15¿Dónde está entonces mi esperanza?
¿Podrá alguien encontrarla?
16No, mi esperanza descenderá conmigo a la tumba.
¡Descansaremos juntos en el polvo!».

 

Job 18

Segunda respuesta de Bildad a Job
1Entonces Bildad el suhita respondió:
2«¿Cuánto tiempo pasará hasta que dejes de hablar?
¡Habla con sentido si quieres que te respondamos!
3¿Crees que somos animales?
¿Piensas que somos tontos?
4Aunque con enojo te arranques el pelo,
¿se destruirá la tierra por eso?
¿Hará que las rocas tiemblen?
5»Ciertamente la luz de los malvados se apagará;
las chispas de su fuego no brillarán.
6La luz en su carpa se oscurecerá;
la lámpara colgada del techo se extinguirá.
7La zancada confiada de los malvados se acortará.
Sus propias artimañas provocarán su ruina.
8Los malos quedan atrapados por una red;
caen en el pozo.
9Una trampa los agarra por los talones;
el cepo los aprieta con fuerza.
10Un lazo está escondido en el suelo;
una cuerda atraviesa su camino.
11»El terror rodea a los malvados
y les causa problemas a cada paso.
12El hambre agota sus fuerzas
y la calamidad queda a la espera de que tropiecen.
13La enfermedad les carcome la piel;
la muerte devora sus miembros.
14Son arrancados de la seguridad de sus hogares
y llevados al rey de los terrores.
15Los hogares de los malvados se quemarán por completo;
azufre ardiente llueve sobre sus casas.
16Sus raíces se secarán
y sus ramas se marchitarán.
17Desaparecerá de la tierra todo recuerdo de su existencia;
nadie se acordará de sus nombres.
18Serán sacados de la luz, arrojados a las tinieblas
y expulsados del mundo.
19No tendrán hijos ni nietos,
ni habrá sobrevivientes donde habitaban.
20La gente del occidente se queda consternada por su destino,
y la gente del oriente está horrorizada.
21Dirán: “Este fue el hogar de una persona malvada,
el lugar de alguien que rechazó a Dios”».

 

Job 19

Sexto discurso de Job: respuesta a Bildad
1Entonces Job volvió a hablar:
2«¿Hasta cuándo me torturarán?
¿Hasta cuándo intentarán aplastarme con sus palabras?
3Ya me han insultado diez veces.
Deberían avergonzarse de tratarme tan mal.
4Aunque yo hubiera pecado,
eso es asunto mío y no de ustedes.
5Creen que son mejores que yo
al usar mi humillación como prueba de mi pecado;
6pero es Dios quien me hizo daño
cuando me atrapó en su red.
7»Yo clamo: “¡Socorro!” pero nadie me responde;
protesto, pero no hay justicia.
8Dios ha cerrado mi camino para que no pueda moverme;
hundió mi senda en oscuridad.
9Me ha despojado del honor
y ha quitado la corona de mi cabeza.
10Por todos lados me ha destruido, y estoy acabado.
Arrancó de raíz mi esperanza como un árbol caído.
11Su furia arde contra mí;
me considera un enemigo.
12Sus tropas avanzan
y construyen caminos para atacarme;
acampan alrededor de mi carpa.
13»Mis familiares se mantienen lejos,
y mis amigos se han puesto en mi contra.
14Mi familia se ha ido
y mis amigos íntimos se olvidaron de mí.
15Mis sirvientes y mis criadas me consideran un extraño;
para ellos soy como un extranjero.
16Cuando llamo a mi sirviente, no viene,
¡tengo que rogarle!
17Mi aliento le da asco a mi esposa;
mi propia familia me rechaza.
18Hasta los niños me menosprecian;
cuando me levanto para hablar, me vuelven la espalda.
19Mis amigos íntimos me detestan;
los que yo amaba se han puesto en mi contra.
20Quedé reducido a piel y huesos
y he escapado de la muerte por un pelo.
21»Tengan misericordia de mí, amigos míos, tengan misericordia;
porque la mano de Dios me ha golpeado.
22¿Me perseguirán ustedes también como lo hace Dios?
¿No me han despellejado ya bastante?
23»Oh, que mis palabras fueran grabadas;
oh, que quedaran escritas en un monumento,
24talladas con cincel de hierro y rellenas de plomo,
y labradas en la roca para siempre.
25»Pero en cuanto a mí, sé que mi Redentor vive,
y un día por fin estará sobre la tierra.
26Y después que mi cuerpo se haya descompuesto,
¡todavía en mi cuerpo veré a Dios!
27Yo mismo lo veré;
así es, lo veré con mis propios ojos.
¡Este pensamiento me llena de asombro!
28»¿Cómo se atreven a seguir persiguiéndome,
diciendo: “Es su propia culpa”?
29Ustedes mismos deben tener temor al castigo,
pues su actitud lo merece.
Entonces sabrán que de verdad hay un juicio».

 

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1 Corintios 16

La colecta para Jerusalén
1Ahora bien, consideremos la pregunta acerca del dinero que se está juntando para el pueblo de Dios en Jerusalén. Deberían seguir el mismo procedimiento que les di a las iglesias de Galacia. 2El primer día de cada semana, cada uno debería separar una parte del dinero que ha ganado. No esperen hasta que yo llegue para luego tratar de reunirlo todo de golpe. 3Cuando yo vaya, escribiré cartas de recomendación para los mensajeros que ustedes escojan como encargados de entregar su ofrenda en Jerusalén; 4y si parece oportuno que yo también vaya, ellos pueden viajar conmigo.
Instrucciones finales de Pablo
5Los visitaré después de haber ido a Macedonia, pues estoy pensando pasar por Macedonia. 6Tal vez me quede un tiempo con ustedes, quizá todo el invierno, y después podrán enviarme a mi próximo destino. 7Esta vez no quiero hacerles una visita corta nada más y luego seguir mi viaje. Deseo ir y quedarme un tiempo si el Señor me lo permite. 8Mientras tanto, seguiré aquí, en Éfeso, hasta el Festival de Pentecostés. 9Se ha abierto una puerta de par en par para hacer un gran trabajo en este lugar, aunque muchos se me oponen.
10Cuando llegue Timoteo, no lo intimiden. Él hace la obra del Señor igual que yo. 11No permitan que nadie lo trate con desprecio. Despídanlo con su bendición cuando regrese para estar conmigo. Espero que venga, junto con los demás creyentes.
12Ahora, en cuanto a nuestro hermano Apolos, yo le rogué que fuera a visitarlos en compañía de los otros creyentes, pero él no estaba dispuesto a ir por el momento. Los verá después, cuando tenga la oportunidad.
13Estén alerta. Permanezcan firmes en la fe. Sean valientes. Sean fuertes.14Y hagan todo con amor.
15Ustedes ya saben que Estéfanas y los de su casa fueron los primeros frutos de la cosecha de creyentes en Grecia, y ellos tienen su vida puesta al servicio del pueblo de Dios. Les ruego, amados hermanos, 16que se sometan a ellos y a otros como ellos, que sirven con tanta devoción.17Estoy muy contento de que Estéfanas, Fortunato y Acaico hayan llegado. Ellos me han dado la ayuda que ustedes no pudieron darme al no estar aquí. 18Ellos también han sido de mucho aliento para mí como lo fueron para ustedes. Muéstrenles agradecimiento a todos los que sirven así de bien.
Saludos finales de Pablo
19Las iglesias de aquí, en la provincia de Asia,les mandan saludos en el Señor, igual que Aquila y Priscila y todos los demás que se congregan en la casa de ellos para las reuniones de la iglesia. 20Todos los hermanos de aquí les envían saludos. Salúdense unos a otros con amor cristiano.
21Este es mi saludo de puño y letra: Pablo.
22Si alguien no ama al Señor, tal persona es maldita. Señor nuestro, ¡ven!
23Que la gracia del Señor Jesús sea con ustedes.
24Mi amor a todos ustedes en Cristo Jesús.

 

 

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Salmos 38

Salmo de David, en el cual le pide a Dios que se acuerde de él.

¡Oh Señor, no me reprendas en tu enojo
    ni me disciplines en tu ira!
Tus flechas me han herido muy adentro
    y tus golpes me aplastan.
Debido a tu enojo, todo mi cuerpo está enfermo;
    mi salud está arruinada a causa de mis pecados.
Mi culpa me abruma,
    es una carga demasiado pesada para soportar.
Mis heridas se infectan y dan mal olor
    a causa de mis necios pecados.
Me retuerzo atormentado por el dolor;
    todo el día estoy lleno de profunda tristeza.
Una fiebre galopante me quema por dentro,
    y mi salud está arruinada.
Estoy agotado y totalmente destrozado;
    mis gemidos salen de un corazón angustiado.

Señor, tú sabes lo que anhelo,
    oyes todos mis suspiros.
10 Mi corazón late aceleradamente, se me acaban las fuerzas
    y estoy quedando ciego.
11 Mis seres queridos y amigos no se me acercan, por temor a la enfermedad;
    hasta mi propia familia se mantiene a distancia.
12 Mientras tanto, mis enemigos tienden trampas para matarme;
    los que desean mi mal hacen planes para arruinarme;
    se pasan el día maquinando su traición.

13 Pero yo hago oídos sordos a sus amenazas;
    me quedo callado ante ellos como quien no puede hablar.
14 Opté por no oír nada,
    y tampoco respondo.
15 Pues a ti te espero, oh Señor.
    Tú debes responder por mí, oh Señor mi Dios.
16 Dije en oración: «No dejes que mis enemigos se burlen de mí,
    ni que se regodeen en mi caída».

17 Estoy al borde del colapso,
     haciendo frente a un dolor constante.
18 Pero confieso mis pecados;
    estoy profundamente arrepentido por lo que hice.
19 Tengo muchos enemigos agresivos;
    me odian sin razón.
20 Me pagan mal por bien
    y se me oponen porque procuro lo bueno.
21 No me abandones, oh Señor;
    no te quedes lejos, Dios mío.
22 Ven pronto a ayudarme,
    oh Señor, mi salvador.

 

 

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