73Entonces
los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los
sirvientes del templo y algunos miembros del pueblo se
establecieron cerca de Jerusalén. El resto de la gente regresó a
sus respectivas ciudades por todo el territorio de Israel. En
octubre, cuando
los israelitas ya se habían establecido en sus ciudades,
(En la edición impresa de la NTV, el fragmento de oración
anterior se incorpora al principio del 8:1)
Nehemías 8
Esdras lee la ley
1todo
el pueblo se reunió con un mismo propósito en la plaza,
justo dentro de la puerta del Agua. Le pidieron al escriba
Esdras que sacara el libro de la ley de Moisés, la cual el Señor había
dado a Israel para que la obedeciera.
2Así
que el 8 de octubre el
sacerdote Esdras llevó el libro de la ley ante la asamblea,
que incluía a los hombres y a las mujeres y a todos los
niños con edad suficiente para entender. 3Se
puso frente a la plaza, justo dentro de la entrada de la
puerta del Agua, desde temprano por la mañana hasta el
mediodía y leyó en voz alta a todos los que podían entender.
Todo el pueblo escuchó atentamente la lectura del libro de
la ley.
4El
escriba Esdras estaba de pie sobre una plataforma de madera
que se había construido para la ocasión. A su derecha se
encontraban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maaseías.
A su izquierda estaban Pedaías, Misael, Malquías, Hasum,
Hasbadana, Zacarías y Mesulam. 5Esdras
estaba de pie en la plataforma a plena vista de todo el
pueblo. Cuando vieron que abría el libro, se pusieron todos
de pie.
6Entonces
Esdras alabó al Señor,
el gran Dios, y todo el pueblo, con las manos levantadas,
exclamó: «¡Amén! ¡Amén!». Luego se inclinaron y, con el
rostro en tierra, adoraron al Señor.
7Entonces
los levitas —Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai,
Hodías, Maaseías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaías—
instruyeron al pueblo en la ley mientras todos permanecían
en sus lugares.8Leían
del libro de la ley de Dios y explicaban con claridad el
significado de lo que se leía, así ayudaban al pueblo a
comprender cada pasaje.
9Luego
Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y
los levitas que interpretaban para el pueblo dijeron:
—¡No se lamenten ni lloren en un día como este! Pues hoy es
un día sagrado delante del Señor su
Dios.
Pues todo el pueblo había estado llorando mientras escuchaba
las palabras de la ley.10Nehemías continuó
diciendo: «Vayan y festejen con un banquete de deliciosos
alimentos y bebidas dulces, y regalen porciones de comida a
los que no tienen nada preparado. Este es un día sagrado
delante de nuestro Señor. ¡No se desalienten ni
entristezcan, porque el gozo del Señor es
su fuerza!».
11También
los levitas clamaban al pueblo y decían: «¡Cállense! ¡No
lloren! Pues este es un día sagrado». 12Así
que el pueblo se fue a comer y a beber en una gran fiesta, a
compartir porciones de la comida y a celebrar con gran
alegría porque habían oído y entendido las palabras de Dios.
El Festival de las Enramadas
13El
9 de octubre los
jefes de familia de todo el pueblo, junto con los sacerdotes
y los levitas, se reunieron con el escriba Esdras para
repasar la ley más detalladamente. 14Mientras
estudiaban la ley descubrieron que el Señorhabía
ordenado, por medio de Moisés, que los israelitas debían
vivir en enramadas durante el festival a celebrarse durante
ese mes. 15Él
había dicho que debía proclamarse al pueblo en todas sus
ciudades y en Jerusalén, que fueran a las colinas a buscar
ramas de olivo, olivo silvestre, mirto,
palmeras y otros árboles frondosos. Con esas ramas debían
construirse enramadas para que habitaran en ellas durante el
festival, como está establecido en la ley.
16Así
que el pueblo salió y cortó ramas y las usó para levantar
enramadas en las azoteas de sus casas, en sus patios, en los
atrios del templo de Dios o en las plazas justo dentro de la
puerta del Agua y de la puerta de Efraín.17Entonces
todos los que habían regresado del cautiverio vivieron en
las enramadas durante el festival, ¡y todos ellos se
llenaron de alegría! Los israelitas no habían celebrado de
esa forma desde los días de Josué, hijo
de Nun.
18Esdras
leyó del libro de la ley de Dios en cada uno de los siete
días del festival. Luego, al octavo día, realizaron una
asamblea solemne, tal como lo exigía la ley.
Nehemías 9:1-21
El pueblo confiesa sus pecados
1El
31 de octubre el
pueblo volvió a reunirse en asamblea. Esta vez ayunaron, se
vistieron de tela áspera y se echaron polvo sobre la cabeza.2Los
de ascendencia israelita se separaron de todos los
extranjeros para confesar sus propios pecados y los pecados
de sus antepasados.3Permanecieron
de pie en el mismo lugar durante tres horas mientras
se les leía en voz alta el libro de la ley del Señor su
Dios. Luego confesaron sus pecados y adoraron al Señor su
Dios durante tres horas más. 4Los
levitas —Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías,
Bani y Quenaní— estuvieron de pie en la escalera de los
levitas y clamaron al Señorsu
Dios en voz alta.
5Luego
los jefes de los levitas —Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías,
Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías— llamaron al pueblo:
«¡Levántense y alaben al Señor su
Dios, porque él vive desde la eternidad hasta la
eternidad!». Entonces oraron:
«¡Que tu glorioso nombre sea alabado! ¡Que sea exaltado por
sobre toda bendición y alabanza!
6»Solo
tú eres el Señor.
Tú hiciste el firmamento, los cielos y todas las estrellas;
hiciste la tierra, los mares y todo lo que hay en ellos. Tú
los preservas a todos, y los ángeles del cielo te adoran.
7»Eres
el Señor Dios,
quien eligió a Abram y lo sacó de Ur de los caldeos y le dio
un nuevo nombre, Abraham. 8Cuando
demostró ser fiel, hiciste un pacto con él para darle a él y
a sus descendientes la tierra de los cananeos, de los
hititas, de los amorreos, de los ferezeos, de los jebuseos y
de los gergeseos; y has cumplido lo que prometiste, porque
tú siempre eres fiel a tu palabra.
9»Tú
viste la miseria de nuestros antepasados en Egipto y
escuchaste sus lamentos cuando estaban junto al mar Rojo. 10Realizaste
señales milagrosas y maravillas contra el faraón, sus
funcionarios y su pueblo, porque tú sabías con cuánta
arrogancia trataban a nuestros antepasados. Tú tienes una
gloriosa reputación que jamás ha sido olvidada.11¡Dividiste
el mar para que tu pueblo pudiera cruzarlo por tierra seca!
Luego arrojaste a sus perseguidores a las profundidades del
mar. Se hundieron como piedras en aguas turbulentas.12Guiaste
a nuestros antepasados mediante una columna de nube durante
el día y una columna de fuego durante la noche para que
pudieran encontrar el camino.
13»Bajaste
al monte Sinaí y les hablaste desde el cielo. Les diste
ordenanzas e instrucciones justas, y decretos y mandatos
buenos. 14Les
diste instrucciones acerca de tu sagrado día de descanso.
Además, por medio de tu siervo Moisés, les ordenaste que
obedecieran todos tus mandatos, decretos e instrucciones.
15»Les
diste pan del cielo cuando tenían hambre y agua de la roca
cuando tenían sed. Les ordenaste que fueran y tomaran
posesión de la tierra que habías jurado darles.
16»Sin
embargo, nuestros antepasados fueron arrogantes y tercos, y
no prestaron ninguna atención a tus mandatos.17Se
negaron a obedecerte y no se acordaron de los milagros que
habías hecho a favor de ellos. En cambio, se pusieron tercos
y nombraron a un líder para que los llevara de regreso a su
esclavitud en Egipto; pero tú eres Dios de perdón, bondadoso
y misericordioso, lento para enojarte y rico en amor
inagotable. No los abandonaste, 18ni
siquiera cuando se hicieron un ídolo en forma de becerro y
dijeron: “¡Este es tu dios que te sacó de Egipto!”.
Cometieron terribles blasfemias.
19»En
tu gran misericordia no los abandonaste para que murieran en
el desierto. La columna de nube todavía los guiaba de día, y
la columna de fuego les mostraba el camino durante la noche.20Enviaste
tu buen Espíritu para que les enseñara, y no dejaste de
alimentarlos con maná del cielo ni de darles agua para su
sed.21Durante
cuarenta años los sustentaste en el desierto, y nada les
faltó. ¡No se les desgastó la ropa, ni se les hincharon los
pies!
Pablo renuncia a sus derechos
1¿Acaso
no soy tan libre como cualquier otro? ¿No soy apóstol? ¿No
he visto a Jesús nuestro Señor con mis propios ojos? ¿No es
gracias a mi trabajo que ustedes pertenecen al Señor?2Aunque
otros piensen que no soy apóstol, ciertamente para ustedes
lo soy. Ustedes mismos son la prueba de que soy apóstol del
Señor.
3Esta
es mi respuesta a los que cuestionan mi autoridad. 4¿Acaso
no tenemos derecho de hospedarnos con ustedes y compartir
sus comidas? 5¿No
tenemos derecho a llevar con nosotros a una esposa cristiana
como lo hacen los demás apóstoles y los hermanos del Señor y
como lo hace Pedro?6¿O
Bernabé y yo somos los únicos que tenemos que trabajar para
sostenernos?
7¿Qué
soldado tiene que pagar sus propios gastos? ¿Qué agricultor
planta un viñedo y no tiene derecho a comer de su fruto? ¿A
qué pastor que cuida de su rebaño de ovejas no se le permite
beber un poco de la leche? 8¿Expreso
meramente una opinión humana o dice la ley lo mismo? 9Porque
la ley de Moisés dice: «No le pongas bozal al buey para
impedirle que coma mientras trilla el grano».
¿Acaso pensaba Dios únicamente en bueyes cuando dijo eso? 10¿No
nos hablaba a nosotros en realidad? Claro que sí, se
escribió para nosotros, a fin de que tanto el que ara como
el que trilla el grano puedan esperar una porción de la
cosecha.
11Ya
que hemos plantado la semilla espiritual entre ustedes, ¿no
tenemos derecho a cosechar el alimento y la bebida material? 12Si
ustedes sostienen a otros que les predican, ¿no deberíamos
tener nosotros aún mayor derecho a que nos sostengan? Pero
nunca nos hemos valido de ese derecho. Preferiríamos
soportar cualquier cosa antes que ser un obstáculo a la
Buena Noticia acerca de Cristo.
13¿No
se dan cuenta de que los que trabajan en el templo obtienen
sus alimentos de las ofrendas que se llevan al templo? Y los
que sirven en el altar reciben una porción de lo que se
ofrece como sacrificio. 14Del
mismo modo, el Señor ordenó que los que predican la Buena
Noticia sean sostenidos por los que reciben el beneficio del
mensaje. 15Sin
embargo, yo jamás me he valido de ninguno de esos derechos.
Y no escribo esto para sugerir que es mi deseo comenzar a
hacerlo ahora. De hecho, preferiría morir antes que perder
mi derecho a jactarme de predicar sin cobrar. 16Sin
embargo, predicar la Buena Noticia no es algo de lo que
pueda jactarme. Estoy obligado por Dios a hacerlo. ¡Qué
terrible sería para mí si no predicara la Buena Noticia!
17Si
lo hiciera por mi propia iniciativa, merecería que me
paguen; pero no tengo opción, porque Dios me ha encomendado
este deber sagrado. 18¿Cuál
es, entonces, mi paga? Es la oportunidad de predicar la
Buena Noticia sin cobrarle a nadie. Por esa razón, nunca
reclamo mis derechos cuando predico la Buena Noticia.