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¡Qué fácil es para nosotros escuchar una palabra del Señor y decidir
que no se aplica a nuestra vida o que no es para hoy!
Pasur, el sacerdote encargado del templo del Señor, despreciaba las
profecías de Jeremías contra la práctica detestable de sacrificar
niños a Baal en el valle de Tofet (Jeremías 20:1-2). Este ritual
horrible se llevaba a cabo con los sacerdotes paganos de Baal
batiendo tambores para ahogar los gritos de los bebés siendo
quemados vivos. Jeremías dijo que la realización de este tipo de
atrocidades nunca entraron en la mente de Dios (19:5).
La humanidad puede rebajarse a hechos terribles cuando no hay voz de
la razón. Jeremías vio esta escena terrible del sacrificio infantil
y profetizó la destrucción de Judá y de Jerusalén. Cuando Pasur lo
amenazó, dijo Jeremías: "...si digo que nunca mencionaré al Señor o
que nunca más hablaré en su nombre, su palabra arde en mi corazón
como fuego. ¡Es como fuego en mis huesos! ¡Estoy agotado tratando de
contenerla! ¡No puedo hacerlo!" (20:9).
No debemos despreciar la profecía, sino buscarla. Debemos orar para
que Dios nos dé voces en nuestra nación a proclamar la verdad antes
de que sea demasiado tarde. La vida que salvemos... puede ser la
nuestra.
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