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Devocional 5
Lectura del día
 

 

El dar es un privilegio que Dios nos permite para que podamos participar en su bendición. "Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna." (Juan 3:16). Cuando "amamos tanto," también vamos a "dar".

Pablo desafió a los Corintios a demostrar la sinceridad de su amor (2 Corintios 8:8), con la voluntad de dar una ofrenda misionera a los santos pobres en Jerusalén. Al hacerlo, literalmente estarían "echando su pan sobre las aguas," enviando sus recursos a través del Mediterráneo a un grupo de santos en desesperada necesidad.

Cada vez que te propones dar, el enemigo te dirá que estás perdiendo tu dinero y tirándolo a la basura. Él te hará ver todas tus necesidades y te dirá que no podés permitirte el lujo de dar. En esas ocasiones, debés recordar que la Palabra de Dios es verdadera y que todo lo que das, algún día encontrará su camino de regreso a vos.

Aquellos a los que provees de tu abundancia, pueden un día proveer para tu necesidad, desde su abundancia (2 Corintios 8:14). Incluso si nunca llegas a ver una recompensa aquí en la tierra por tu generosidad, cosecharás plenamente en la eternidad de lo que has sembrado en la tierra.

El egoísta morirá pero "...no se lleva nada consigo; sus riquezas no lo seguirán a la tumba." (Salmo 49:17). Pero los que dan, cosecharán una firme recompensa.

Empezá a sembrar generosamente en las necesidades de los demás, tanto aquí como en todo el mundo. ¡Los dividendos son eternos!

 

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