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El dar es un privilegio que Dios nos permite para que podamos
participar en su bendición. "Pues Dios amó tanto al mundo que dio a
su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino
que tenga vida eterna." (Juan 3:16). Cuando "amamos tanto," también
vamos a "dar".
Pablo desafió a los Corintios a demostrar la sinceridad de su amor
(2 Corintios 8:8), con la voluntad de dar una ofrenda misionera a
los santos pobres en Jerusalén. Al hacerlo, literalmente estarían
"echando su pan sobre las aguas," enviando sus recursos a través del
Mediterráneo a un grupo de santos en desesperada necesidad.
Cada vez que te propones dar, el enemigo te dirá que estás perdiendo
tu dinero y tirándolo a la basura. Él te hará ver todas tus
necesidades y te dirá que no podés permitirte el lujo de dar. En
esas ocasiones, debés recordar que la Palabra de Dios es verdadera y
que todo lo que das, algún día encontrará su camino de regreso a
vos.
Aquellos a los que provees de tu abundancia, pueden un día proveer
para tu necesidad, desde su abundancia (2 Corintios 8:14). Incluso
si nunca llegas a ver una recompensa aquí en la tierra por tu
generosidad, cosecharás plenamente en la eternidad de lo que has
sembrado en la tierra.
El egoísta morirá pero "...no se lleva nada consigo; sus riquezas no
lo seguirán a la tumba." (Salmo 49:17). Pero los que dan, cosecharán
una firme recompensa.
Empezá a sembrar generosamente en las necesidades de los demás,
tanto aquí como en todo el mundo. ¡Los dividendos son eternos!
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