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La unidad es una herramienta dada por Dios que nos permite alcanzar
metas comunes y animarnos unos a otros en tiempos difíciles. Salomón
vio que dos personas que trabajan juntas podrían ayudarse una a otra
si uno de ellos caía, pasaba frío, o era dominado en un ataque
(Eclesiastés 4:10-12). Si estamos en una batalla espiritual, lo
mejor que podemos hacer es encontrar un compañero de oración que se
ponga de acuerdo de inmediato con nosotros contra el ataque del
enemigo.
Lo contrario a esta hermosa expresión de unidad es la desunión
experimentada por los cristianos que imprudentemente se unen con los
incrédulos. Los versículos 14 a 16 de 2 Corintios enfáticamente
afirman que no puede haber unión entre los cristianos y los no
creyentes. ¡Qué tragedia es ver que los creyentes ignoran esta
advertencia y se asocian con incrédulos en el matrimonio o negocio!
Demasiadas veces, ellos disparan el uno al otro y ambos caen cuando
se enfrentan a la presión moral y espiritual.
Elegí tus amigos cercanos, compañero de matrimonio, y socios de
negocios con cuidado, sabiendo que Dios ordenó a tus asociados que
sean una fuente de protección, no de destrucción.
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