|
El salmista contempla un hermoso río que fluye a través de la ciudad
de Dios, un lugar en el que Dios no tiene enemigos y donde la paz
abunda.
En este momento usted puede estar en medio de una tremenda lucha y
dificultad, pero por dentro ese río puede seguir fluyendo. A pesar
de los terremotos violentos, que las montañas se desmoronen o los
rugientes océanos (Salmo 46:2-3), todavía se puede disfrutar de la
paz perfecta. "¡Quédense quietos y sepan que yo soy Dios! Toda
nación me honrará. Seré honrado en el mundo entero." (v. 10).
Pablo experimentó el problema continuo del hombre exterior, pero
nunca perdió el foco en el flujo interior de la vida. Él dijo:
"Nos ignoran aun cuando somos bien conocidos. Vivimos al borde de la
muerte, pero aún seguimos con vida. Nos han golpeado, pero no
matado. Hay dolor en nuestro corazón, pero siempre tenemos alegría.
Somos pobres, pero damos riquezas espirituales a otros. No poseemos
nada, y sin embargo, lo tenemos todo." (2 Corintios 6:9-10).
Revisá tu "río" en la actualidad. ¿Ha quedado anegado y obstruido
por las presiones externas, o todavía fluye libremente? Dios vive en
la ciudad donde fluye el río. Esa ciudad no puede ser destruida
(Salmo 46:5), y tampoco vos si permanecés en "el hogar sagrado
del Altísimo" (v. 4).
244 días pasaron! Quedan 121.
|