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La iglesia local existe por tres razones: adorar a Dios, edificar a
los creyentes y evangelizar a los no creyentes. Todos los dones del
Espíritu están destinados a edificar o construir, tanto la persona
que está desarrollando el don como los que están recibiéndolo.
Cuando vamos a la iglesia, debemos pensar en encontrarnos con Dios y
en recibir lo que El nos dará ese día para que podemos compartir con
los demás. ¿Una canción para cantar, un testimonio para compartir,
dinero para dar, o palabras proféticas para declarar? Si compartimos
nuestros dones en amor, "para que todos aprendan y sean alentados."
(1 Corintios 14:31). Y tal vez más importante aún, los incrédulos
que escuchen serán tocados en su corazón y digan: "En verdad, Dios
está aquí entre ustedes" (v. 25).
Es imperativo que nosotros, como miembros del Cuerpo
de Cristo, entendamos y atendamos nuestros dones y nos movamos en
los mismos con amor. Cuando desarrollamos y dejamos actuar a los
dones del Espíritu que están dentro de nosotros, crecemos en la
gracia, otros creyentes se benefician, y los no creyentes se
arrepienten.
¿Qué don desarrollarás en tu iglesia?
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