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Casi siempre podremos alinear nuestros éxitos y fracasos con nuestra
búsqueda de Dios. Cuando somos humildes e infantiles, sentimos una
total dependencia y hambre de Dios. La oración se hace fácil y
natural porque somos totalmente dependientes. Cuando llegamos a ser
maduros, orgullosos y autosuficientes, sin embargo, dejamos de orar y empezamos
a actuar por nuestra cuenta.
El Señor ayudó a Uzías: "el Señor le dio maravillosa ayuda, y llegó a
ser muy poderoso... Pero cuando llegó a ser poderoso, Uzías también
se volvió orgulloso, lo cual resultó en su ruina....." (2 Crónicas
26:15-16). Satanás hizo caer a Uzías en la misma trampa que él mismo
había caído en el pasado. El orgullo había causado que Satanás fuera
echado del cielo, y el orgullo hizo que Uzías fuera echado del
templo. Como resultado de su actitud arrogante y su espíritu
desafiante hacia los sacerdotes de Dios, Uzías desarrolló una lepra
terminal. ¡Si tan solo hubiera seguido siendo un niño, humilde, y
dependiente!
Nuestra vida de oración revela nuestras actitudes del corazón. Por
lo tanto, tenemos que seguir buscando al Señor, incluso si nuestras
mentes nos dicen que "lo hemos hecho". ¡Dios puede estar chequeando
nuestras actitudes de dependencia!
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