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David relata cómo Dios le dio una abrumadora victoria sobre todos y
cada enemigo que lo atacó. Él no entró en acuerdos con sus
atacantes, ¡los derrotó!
Debes empezar a ver a tus enemigos espirituales como realmente son:
ya derrotados en Cristo y sujetos a su autoridad espiritual. ¡No
hagas compromisos y no tomes prisioneros! Sé implacable contra todo
pensamiento que se levante por encima del conocimiento de Dios (2
Corintios 10:5), sin vacilar jamás en tu guerra espiritual contra
los enemigos de Dios.
Pablo afirma que en todas estas cosas sos más que vencedor por medio
de Aquel que nos amó (Romanos 8:37). Declará con él "Y estoy
convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni
la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de
hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes
del infierno pueden separarnos del amor de Dios. Ningún poder en las
alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación
podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo
Jesús nuestro Señor." (vv. 38-39).
¡Andá siempre hacia adelante en contra de tus enemigos, y no te
detengas hasta que hayan sido aplastados bajo tus pies!
204 días pasaron! Quedan 161.
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