13 de Octubre
 

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Salmos 80

 

Jeremías 22

Mensaje a los reyes de Judá
1Esto me dijo el Señor: «Ve y habla directamente al rey de Judá. Dile: 2“Rey de Judá, tú que te sientas en el trono de David, escucha el mensaje del Señor. Deja que tus ayudantes y tu pueblo también escuchen. 3Esto dice el Señor: ‘Sean imparciales y justos. ¡Hagan lo que es correcto! Ayuden a quienes han sufrido robos; rescátenlos de sus opresores. ¡Abandonen sus malas acciones! No maltraten a los extranjeros, ni a los huérfanos ni a las viudas. ¡Dejen de matar al inocente! 4Si me obedecen, siempre habrá un descendiente de David sentado en el trono aquí en Jerusalén. El rey entrará por las puertas del palacio en carros y a caballo, con su corte de ayudantes y súbditos. 5Sin embargo, si rehúsan prestar atención a esta advertencia, les juro por mi propio nombre —dice el Señor—, que este palacio se convertirá en un montón de escombros’”».
Mensaje referente al palacio
6Ahora bien, esto dice el Señor con respecto al palacio real de Judá:
«Te amo tanto como a la fructífera Galaad
y como a los verdes bosques del Líbano.
Pero te convertiré en un desierto
y nadie vivirá dentro de tus muros.
7Citaré a obreros de demolición,
los cuales sacarán sus herramientas para desmantelarte.
Arrancarán todas tus selectas vigas de cedro
y las echarán al fuego.
8»Gente de muchas naciones pasará por las ruinas de la ciudad y se dirán el uno al otro: “¿Por qué habrá destruido el Señor esta gran ciudad?”. 9Y la contestación será: “Porque violaron su pacto con el Señor su Dios al rendir culto a otros dioses”».
Mensaje acerca de Joacaz
10No lloren por el rey muerto ni lamenten su pérdida.
¡En cambio, lloren por el rey cautivo que se llevan al exilio
porque nunca más volverá para ver su tierra natal!
11Pues esto dice el Señor acerca de Joacaz,quien sucedió en el trono a su padre, el rey Josías, y fue llevado cautivo: «Él nunca regresará. 12Morirá en una tierra lejana y nunca más verá su propio país».
Mensaje acerca de Joacim
13Y el Señor dice: «¡Qué aflicción le espera a Joacim,
que edifica su palacio con trabajo forzado!
Construye las paredes a base de injusticia,
porque obliga a sus vecinos a trabajar,
y no les paga por su trabajo.
14Dice: “Construiré un palacio magnífico
con habitaciones enormes y muchas ventanas.
Lo revestiré con cedro fragante
y lo pintaré de un rojo agradable”.
15¡Pero un hermoso palacio de cedro no hace a un gran rey!
Josías, tu padre, también tenía mucha comida y bebida;
pero él era justo y recto en todo lo que hacía.
Por esa razón Dios lo bendijo.
16Hizo justicia al pobre y al necesitado y los ayudó,
y le fue bien en todo.
¿No es eso lo que significa conocerme?
—dice el Señor—.
17¡Pero tú, solo tienes ojos para la avaricia y la deshonestidad!
Asesinas al inocente,
oprimes al pobre y reinas sin piedad».
18Por lo tanto, esto dice el Señor acerca de Joacim, hijo del rey Josías:
«El pueblo no llorará por él, lamentandose entre sí:
“¡Ay, mi hermano! ¡Ay, mi hermana!”.
Sus súbditos no llorarán por él, lamentando:
“¡Ay, nuestro amo ha muerto! ¡Ay, su esplendor se ha ido!”.
19Será enterrado como un burro muerto:
¡arrastrado fuera de Jerusalén y arrojado fuera de las puertas!
20Llora por tus aliados en el Líbano;
grita por ellos en Basán.
Búscalos en las regiones al oriente del río.
Mira, todos han sido destruidos.
No quedó nadie para ayudarte.
21Te lo advertí cuando eras próspero
pero respondiste: “¡No me fastidies!”.
Has sido así desde tu niñez,
¡nunca me obedeces!
22Y ahora a tus aliados se los llevará el viento.
Todos tus amigos serán llevados cautivos.
Seguramente para entonces verás tu maldad y te avergonzarás.
23Puede que sea lindo vivir en un palacio magnífico,
recubierto con madera de cedros del Líbano,
pero pronto gemirás con punzadas de angustia,
angustia como la de una mujer con dolores de parto.
Mensaje a Joaquín
24»Tan cierto como que yo vivo —dice el Señor—, te abandonaré, Joaquín, hijo de Joacim, rey de Judá. Aunque fueras el anillo con mi sello oficial en mi mano derecha, te arrancaría. 25Te entregaré a los que buscan matarte —a los que tanto temes— al rey Nabucodonosor de Babilonia y al poderoso ejército babilónico. 26Te expulsaré de esta tierra, a ti y a tu madre, y morirás en un país extranjero, no en tu tierra natal. 27Nunca regresarás a la tierra que añoras.
28»¿Por qué es este hombre, Joaquín, como una vasija desechada y rota?
¿Por qué serán él y sus hijos exiliados al extranjero?
29¡Oh tierra, tierra, tierra!
¡Escucha este mensaje del Señor!
30Esto dice el Señor:
“Que conste en acta que este hombre, Joaquín, no tuvo hijos.
Él es un fracasado,
porque no tendrá hijos que le sucedan en el trono de David
para gobernar a Judá”.

 

Jeremías 23:1-20

El descendiente justo
1»¡Qué aflicción les espera a los líderes de mi pueblo —los pastores de mis ovejas— porque han destruido y esparcido precisamente a las ovejas que debían cuidar!», dice el Señor.
2Por lo tanto, esto dice el Señor, Dios de Israel, a los pastores: «En vez de cuidar de mis ovejas y ponerlas a salvo, las han abandonado y las han llevado a la destrucción. Ahora, yo derramaré juicio sobre ustedes por la maldad que han hecho a mi rebaño; 3pero reuniré al remanente de mi rebaño de todos los países donde lo he expulsado. Volveré a traer a mis ovejas a su redil y serán fructíferas y crecerán en número.4Entonces nombraré pastores responsables que cuidarán de ellas, y nunca más tendrán temor. Ni una sola se perderá ni se extraviará. ¡Yo, el Señor, he hablado!
5»Pues se acerca la hora
—dice el Señor—,
cuando levantaré a un descendiente justo
del linaje del rey David.
Él será un rey que gobernará con sabiduría;
hará lo justo y lo correcto por toda la tierra.
6Y su nombre será:
“El Señor es nuestra justicia”.
En ese día Judá estará a salvo,
e Israel vivirá seguro.
7»En ese día —dice el Señor—, cuando la gente jure ya no dirá: “Tan cierto como que el Señor vive, quien rescató al pueblo de Israel de la tierra de Egipto”. 8En cambio, dirán: “Tan cierto como que el Señor vive, quien trajo a Israel de regreso a su propia tierra desde la tierra del norte y de todos los países a donde él los envió al destierro”. Entonces vivirán en su propia tierra».
Juicio a los falsos profetas
9Mi corazón está destrozado debido a los falsos profetas,
y me tiemblan los huesos.
Me tambaleo como un borracho,
como alguien dominado por el vino,
debido a las santas palabras
que el Señor ha pronunciado contra ellos.
10Pues la tierra está llena de adulterio,
y está bajo una maldición.
La tierra está de luto;
los pastos del desierto están resecos.
Todos hacen lo malo
y abusan del poder que tienen.
11«Aun los sacerdotes y los profetas
son hombres malvados que no tienen a Dios.
He visto sus hechos despreciables
aquí mismo en mi propio templo
—dice el Señor—.
12Por lo tanto, los caminos que toman
llegarán a ser resbaladizos.
Serán perseguidos en la oscuridad
y allí caerán.
Pues traeré desastre sobre ellos
en el tiempo señalado para su castigo.
¡Yo, el Señor, he hablado!
13»Vi que los profetas de Samaria eran tremendamente malvados,
porque profetizaron en nombre de Baal
y llevaron a mi pueblo Israel al pecado.
14¡Pero ahora veo que los profetas de Jerusalén son aún peores!
Cometen adulterio y les encanta la deshonestidad.
Alientan a los que hacen lo malo
para que ninguno se arrepienta de sus pecados.
Estos profetas son tan perversos
como lo fue la gente de Sodoma y Gomorra».
15Por lo tanto, esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales acerca de los profetas:
«Los alimentaré con amargura
y les daré veneno para beber.
Pues es debido a los profetas de Jerusalén
que se ha llenado esta tierra de maldad».
16Esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales a su pueblo:
«No escuchen a estos profetas cuando ellos les profeticen,
llenándolos de esperanzas vanas.
Todo lo que dicen son puros inventos.
¡No hablan de parte del Señor!
17Siguen diciendo a los que desprecian mi palabra:
“¡No se preocupen! ¡El Señor dice que ustedes tendrán paz!”.
Y a los que obstinadamente siguen sus propios deseos,
los profetas les dicen: “¡No les sucederá nada malo!”.
18»¿Ha estado alguno de estos profetas en la presencia del Señor
para escuchar lo que en realidad dice?
¿Acaso alguno de ellos se ha interesado lo suficiente como para escuchar?
19¡Miren! El enojo de Dios estalla como una tormenta,
como un torbellino que se arremolina sobre las cabezas de los perversos.
20El enojo del Señor no disminuirá
hasta que termine con todo lo que él tenía pensado.
En los días futuros,
ustedes entenderán todo esto con claridad.

 

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2ª Tesalonicenses 1

4Pero ustedes, amados hermanos, no están a oscuras acerca de estos temas, y no serán sorprendidos cuando el día del Señor venga como un ladrón. 5Pues todos ustedes son hijos de la luz y del día; no pertenecemos a la oscuridad y a la noche. 6Así que manténganse en guardia, no dormidos como los demás. Estén alerta y lúcidos. 7Es en la noche cuando la gente duerme y los bebedores se emborrachan; 8pero los que vivimos en la luz estemos lúcidos, protegidos por la armadura de la fe y el amor, y usemos, por casco, la confianza de nuestra salvación.
9Pues Dios escogió salvarnos por medio de nuestro Señor Jesucristo y no derramar su enojo sobre nosotros. 10Cristo murió por nosotros para que —estemos vivos o muertos cuando regrese— podamos vivir con él para siempre. 11Así que aliéntense y edifíquense unos a otros, tal como ya lo hacen.
Consejos finales de Pablo
12Amados hermanos, honren a sus líderes en la obra del Señor. Ellos trabajan arduamente entre ustedes y les dan orientación espiritual.13Ténganles mucho respeto y de todo corazón demuéstrenles amor por la obra que realizan. Y vivan en paz unos con otros.
14Hermanos, les rogamos que amonesten a los perezosos. Alienten a los tímidos. Cuiden con ternura a los débiles. Sean pacientes con todos.
15Asegúrense de que ninguno pague mal por mal, más bien siempre traten de hacer el bien entre ustedes y a todos los demás.
16Estén siempre alegres. 17Nunca dejen de orar.18Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús.
19No apaguen al Espíritu Santo. 20No se burlen de las profecías, 21sino pongan a prueba todo lo que se dice. Retengan lo que es bueno.22Aléjense de toda clase de mal.
Saludos finales de Pablo
23Ahora, que el Dios de paz los haga santos en todos los aspectos, y que todo su espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin culpa hasta que nuestro Señor Jesucristo vuelva. 24Dios hará que esto suceda, porque aquel que los llama es fiel.
25Amados hermanos, oren por nosotros.
26Saluden a todos los hermanos con amor cristiano.
27Les ordeno, en el nombre del Señor, que les lean esta carta a todos los demás hermanos.
28Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con ustedes.

 

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Salmos 80:1-19

Para el director del coro: salmo de Asaf; cántese con la melodía de «Lirios del pacto».

1Te pido que escuches, oh Pastor de Israel,

tú, que guías como a un rebaño a los descendientes de José.

Oh Dios, entronizado por encima de los querubines,

despliega tu radiante gloria

2ante Efraín, Benjamín y Manasés.

Muéstranos tu gran poder.

¡Ven a rescatarnos!

3Oh Dios, haznos volver a ti;

haz que tu rostro brille sobre nosotros.

Solo entonces seremos salvos.

4Oh Señor, Dios de los Ejércitos Celestiales,

¿hasta cuándo seguirás enojado con nuestras oraciones?

5Nos diste tristeza por comida,

y nos hiciste beber lágrimas en abundancia.

6Nos convertiste en el desprecio de las naciones vecinas.

Nuestros enemigos nos tratan como si fuéramos una broma.

7Haznos volver a ti, oh Dios de los Ejércitos Celestiales;

haz que tu rostro brille sobre nosotros.

Solo entonces seremos salvos.

8Nos sacaste de Egipto como a una vid;

expulsaste a las naciones paganas y nos trasplantaste a tu tierra.

9Limpiaste el terreno para nosotros,

y echamos raíces y llenamos la tierra.

10Nuestra sombra cubrió las montañas;

nuestras ramas cubrieron los poderosos cedros.

11Extendimos las ramas al occidente, hacia el mar Mediterráneo;

nuestros retoños se extendieron al oriente, hacia el río Éufrates.

12Pero ahora, ¿por qué has derribado nuestras murallas

de modo que todos los que pasan pueden robarse nuestros frutos?

13Los jabalíes del bosque los devoran,

y los animales salvajes se alimentan de ellos.

14Te suplicamos que regreses, oh Dios de los Ejércitos Celestiales.

Observa desde los cielos y mira nuestro aprieto.

Cuida de esta vid

15que tú mismo plantaste,

este hijo que criaste para ti.

16Somos cortados y quemados por nuestros enemigos;

que perezcan al ver tu ceño fruncido.

17Fortalece al hombre que amas,

al hijo que elegiste.

18Entonces jamás volveremos a abandonarte.

Revívenos para que podamos invocar tu nombre una vez más.

19Haznos volver a ti, oh Señor Dios de los Ejércitos Celestiales;

haz que tu rostro brille sobre nosotros.

Solo entonces seremos salvos.

 

 

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