Mensaje acerca de Moab
1Recibí
este mensaje acerca de Moab:
En una sola noche será reducido a escombros el pueblo de Ar,
y la ciudad de Kir, destruida.
2Tu
pueblo irá al templo de Dibón para lamentarse.
Ellos irán a sus santuarios sagrados para llorar.
Gemirán por la suerte de Nebo y de Medeba,
y en su angustia se raparán la cabeza y se cortarán la
barba.
3Vagarán
por las calles vestidos de tela áspera;
de cada hogar y plaza pública saldrá el sonido de gemidos.
4Los
habitantes de Hesbón y de Eleale gritarán;
sus voces se oirán hasta en Jahaza.
Los guerreros más valientes de Moab gritarán de terror.
Se paralizarán de temor.
5Mi
corazón llora por Moab.
Su pueblo huye a Zoar y a Eglat-selisiya.
Sube llorando por el camino a Luhit.
Se pueden oír sus gritos de angustia a lo largo del camino a
Horonaim.
6¡Hasta
las aguas de Nimrim se secaron!
Las riberas cubiertas de hierba se quemaron.
Desaparecieron las plantas tiernas;
no queda nada verde.
7La
gente toma sus posesiones
y las carga a través del barranco de los Sauces.
8Se
oye un grito de angustia por toda la tierra de Moab,
desde un extremo hasta el otro,
desde Eglaim hasta Beer-elim.
9El
arroyo cercano a Dibón corre
rojo por la sangre,
¡pero todavía no he terminado con Dibón!
Los leones cazarán a los sobrevivientes,
tanto a los que traten de escapar
como a los que se queden atrás.
Isaías
16
1Envíen
corderos de Sela como tributo
al gobernante de la tierra.
Envíenlos a través del desierto
hasta el monte de la hermosa Sión.
2Las
mujeres de Moab fueron abandonadas como aves sin nido
en los vados del río Arnón.
3«Ayúdennos
—claman—,
defiéndannos de nuestros enemigos.
Protéjannos de sus ataques implacables;
no nos traicionen ahora que hemos escapado.
4Permitan
que nuestros refugiados se queden entre ustedes;
escóndanlos de nuestros enemigos hasta que haya pasado el
terror».
Cuando hayan terminado la opresión y la destrucción,
y hayan desaparecido los saqueadores enemigos,
5Dios
establecerá como rey a uno de los descendientes de David.
Él reinará con misericordia y verdad;
hará siempre lo que es justo
y estará deseoso de hacer lo correcto.
6Hemos
oído hablar del soberbio Moab,
de su orgullo, de su arrogancia y de su furia;
pero todo su alarde ha desaparecido.
7Toda
la tierra de Moab llora;
sí, todos se lamentan en Moab
por los pasteles de pasas de Kir-hareset.
Ya no queda ninguno.
8Las
granjas de Hesbón están abandonadas;
los viñedos de Sibma están desiertos.
Los gobernantes de las naciones han quebrantado a Moab,
esa vid tan hermosa.
Sus zarcillos se extendían hacia el norte hasta la ciudad de
Jazer
y trepaban hacia el oriente hasta entrar en el desierto.
Sus sarmientos se extendían tan lejos hacia el occidente
que cruzaban por encima del mar Muerto.
9Así
que ahora lloro por Jazer y por los viñedos de Sibma;
mis lágrimas correrán por Hesbón y Eleale.
Ya no hay gritos de júbilo
por sus frutos de verano y sus cosechas.
10Se
acabó la alegría;
desapareció el gozo de la cosecha.
No habrá cantos en los viñedos
ni más gritos felices,
ni se pisarán las uvas en los lagares.
Yo puse fin a la alegría por sus cosechas.
11El
clamor de mi corazón por Moab es como el lamento de un arpa;
estoy lleno de angustia por Kir-hareset.
12El
pueblo de Moab rendirá culto en sus santuarios paganos,
pero no le servirá de nada.
Clamará a los dioses en sus templos,
pero nadie lo podrá salvar.
13El
Señor ya
ha dicho estas cosas acerca de Moab en el pasado. 14Pero
ahora, el Señordice:
«Dentro de tres años, contando cada día,se
acabará la gloria de Moab. De su gran población, solo unos
cuantos de su pueblo quedarán vivos».
Isaías 17
Mensaje acerca de Damasco e Israel
1Recibí
este mensaje acerca de Damasco:
«¡Miren! ¡La ciudad de Damasco desaparecerá!
Se convertirá en un montón de escombros.
2Las
ciudades de Aroer quedarán desiertas.
Las manadas pastarán en las calles y se echarán sin que nada
las perturbe,
sin que nadie las espante.
3Las
ciudades fortificadas de Israeltambién
serán destruidas,
y se acabará el poder de la realeza de Damasco.
Todo lo que quede de Aram
tendrá el mismo destino de la desaparecida gloria de
Israel»,
proclama el Señor de
los Ejércitos Celestiales.
4«En
aquel día, la gloria de Israel se
desvanecerá,
su robusto cuerpo se irá consumiendo.
5Toda
la tierra parecerá un campo de grano
después de que los segadores han recogido el cereal.
Estará desolada,
como los campos del valle de Refaim después de la cosecha.
6Solo
quedarán unos cuantos de su pueblo,
como aceitunas sueltas en un olivo después de la cosecha.
Solo dos o tres quedan en las ramas más altas,
cuatro o cinco esparcidas aquí y allá entre las restantes»,
proclama el Señor,
Dios de Israel.
7Entonces,
por fin el pueblo buscará a su Creador
y volverá los ojos al Santo de Israel.
8Ya
no buscarán ayuda de sus ídolos,
ni rendirán culto a lo que hicieron con sus propias manos.
Nunca más se inclinarán ante los postes dedicados a la diosa
Asera,
ni rendirán culto en los santuarios paganos que
construyeron.
9Sus
ciudades más grandes quedarán como bosques desiertos;
como la tierra que abandonaron los
heveos y los amorreos
cuando llegaron los israelitas, hace ya mucho tiempo.
Estarán totalmente desoladas.
10¿Por
qué? Porque te has apartado del Dios que puede salvarte.
Te has olvidado de la Roca que puede esconderte.
Así que tal vez plantes las mejores vides
e importes los tallos más costosos.
11Tal
vez echen retoños en el día que las trasplantes.
Sí, hasta es posible que florezcan la misma mañana que las
plantes,
pero nunca recogerás ni una uva de ellas.
Su única cosecha será una carga de aflicción y de dolor
continuo.
12¡Escuchen!
Los ejércitos de muchas naciones
rugen como los bramidos del mar.
Escuchen el trueno de sus fuerzas poderosas
que avanzan como olas estruendosas.
13Pero
aunque rujan como las olas grandes de la playa,
Dios los hará callar y huirán
como la paja que esparce el viento;
como los arbustos que ruedan antes de una tormenta.
14En
la noche, Israel espera aterrado;
pero al amanecer, sus enemigos están muertos.
Esta es la justa recompensa para quienes nos saquean;
un final apropiado para quienes nos destruyen.
Isaías 18
Mensaje acerca de Etiopía
1Escucha,
Etiopía, tierra
de ondulantes velas
que está ubicada a la cabecera del Nilo,
2que
envía embajadores,
río abajo en rápidos barcos.
¡Vayan, veloces mensajeros!
Llévenle un mensaje a un pueblo de gente alta con piel
suave,
temido en todas partes
por sus conquistas y destrucción,
y cuya tierra está dividida por ríos.
3Todos
ustedes, habitantes del mundo,
todos los que viven en la tierra:
cuando levante mi bandera de guerra, ¡miren!
Cuando toque el cuerno de carnero, ¡escuchen!
4Pues
el Señor me
ha dicho:
«Observaré en silencio desde el lugar donde habito,
tan silencioso como sube el calor en un día de verano,
o como se forma el rocío de la mañana durante la cosecha».
5Aun
antes que ustedes comiencen a atacar,
mientras sus planes maduran como uvas,
el Señor cortará
sus brotes nuevos con podaderas;
cortará y descartará las ramas extendidas.
6Su
poderoso ejército quedará muerto por los campos,
abandonado para los buitres de las montañas y los animales
salvajes.
Los buitres despedazarán los cadáveres durante el verano
y los animales salvajes roerán los huesos durante el
invierno.
7En
aquel tiempo, el Señor de
los Ejércitos Celestiales recibirá obsequios
de esa tierra dividida por ríos;
de ese pueblo de gente alta y de piel suave,
temido en todas partes por sus conquistas y destrucción.
Llevarán obsequios a Jerusalén,
donde habita el Señor de
los Ejércitos Celestiales.