Cantos de alabanza por la salvación
1En
aquel día, tú cantarás:
«¡Te alabaré, oh Señor!
Estabas enojado conmigo, pero ya no.
Ahora me consuelas.
2Miren,
Dios ha venido a salvarme.
Confiaré en él y no tendré temor.
El Señor Dios es
mi fuerza y mi canción;
él me ha dado la victoria».
3¡Con
alegría ustedes beberán abundantemente
de la fuente de la salvación!
4En
ese día maravilloso cantarán:
«¡Den gracias al Señor!
¡Alaben su nombre!
Cuenten a las naciones lo que él ha hecho;
háganles saber lo poderoso que él es.
5Canten
al Señor,
porque ha hecho cosas maravillosas.
Den a conocer su alabanza en el mundo entero.
6¡Que
todos los habitantes de Jerusalén griten
sus alabanzas con alegría!
Pues grande es el Santo de Israel, que vive en medio de
ustedes».
Isaías
13
Mensaje acerca de Babilonia
1Isaías,
hijo de Amoz, recibió el siguiente mensaje acerca de la
destrucción de Babilonia:
2«Levanta
una bandera de señales en la cumbre descubierta de una
colina;
llama al ejército contra Babilonia.
Hazles señas con la mano para darles ánimo
mientras marchan hacia los palacios de los grandes y
poderosos.
3Yo,
el Señor,
he consagrado a estos soldados para realizar esta tarea.
Es cierto, he llamado a guerreros poderosos para que
manifiesten mi enojo,
y ellos se alegrarán cuando yo sea exaltado».
4¡Oigan
el ruido que hay en los montes!
¡Escuchen, mientras marchan los enormes ejércitos!
Es el ruido y el griterío de muchas naciones.
El Señor de
los Ejércitos Celestiales ha convocado a este ejército.
5Vienen
desde países distantes,
desde más allá de los horizontes lejanos.
Son las armas del Señor para
descargar su enojo;
con ellas destruirá toda la tierra.
6Griten
de terror, porque ha llegado el día del Señor,
el momento para que el Todopoderoso destruya.
7Todos
los brazos están paralizados de temor,
cada corazón se derrite
8y
todos se aterran.
Les sobrevendrán punzadas de angustia,
como las de una mujer que está de parto.
Se miran unos a otros sin poder hacer nada,
con el rostro encendido de miedo.
9Pues
miren, el día del Señor ya
viene,
el día terrible de su furia y de su ira feroz.
La tierra quedará desolada,
y con ella los pecadores serán destruidos.
10Los
cielos se pondrán negros sobre ellos;
las estrellas no darán luz.
El sol estará oscuro cuando salga
y la luna no iluminará.
11«Yo,
el Señor,
castigaré al mundo por su maldad
y a los perversos por su pecado.
Aplastaré la arrogancia de los soberbios
y humillaré el orgullo de los poderosos.
12Haré
que la gente sea más escasa que el oro;
más escasa que el oro fino de Ofir.
13Pues
sacudiré los cielos
y la tierra se saldrá de su lugar
cuando el Señor de
los Ejércitos Celestiales manifieste su furor
en el día de su ira feroz».
14En
Babilonia todos correrán como gacelas perseguidas,
como ovejas sin pastor.
Intentarán encontrar a los suyos
y huir a su propia tierra.
15El
que sea capturado será destruido,
atravesado con una espada.
16Ante
sus propios ojos, estrellarán a sus niños pequeños hasta
matarlos.
Sus hogares serán saqueados, y sus mujeres violadas.
17«Miren,
yo incitaré a los medos contra Babilonia.
No se les puede tentar con plata
ni sobornar con oro.
18Los
ejércitos agresores traspasarán a los jóvenes con sus
flechas.
No tendrán misericordia de los indefensos bebés
ni compasión de los niños».
19Babilonia,
el más glorioso de los reinos,
la flor del orgullo caldeo,
será devastada como Sodoma y Gomorra
cuando Dios las destruyó.
20Babilonia
nunca más volverá a ser habitada;
permanecerá vacía de generación en generación.
Los nómadas se negarán a acampar allí,
y los pastores no llevarán a sus ovejas para que pasen la
noche.
21Las
bestias del desierto se instalarán en la ciudad en ruinas
y en las casas rondarán criaturas aullantes.
Los búhos vivirán en medio de las ruinas
y las cabras salvajes irán allí para danzar.
22Las
hienas aullarán en las fortalezas
y los chacales harán su guarida en los lujosos palacios.
Los días de Babilonia están contados;
pronto llegará el momento de su destrucción.
Isaías 14
Burla contra el rey de Babilonia
1Pero
el Señor tendrá
misericordia de los descendientes de Jacob y una vez más
elegirá a Israel como su pueblo especial. Lo hará regresar
para que se establezca otra vez en su propia tierra. Y gente
de varias naciones vendrá para encontrarse con ellos y
unirse al pueblo de Israel. 2Las
naciones del mundo ayudarán a que el pueblo del Señor regrese,
y los que vengan a vivir en su tierra los servirán. Los que
conquistaron a Israel, ellos mismos serán capturados, e
Israel gobernará a sus enemigos.
3En
aquel día maravilloso cuando el Señor le
dé descanso a su pueblo de sus angustias y temores, de la
esclavitud y de las cadenas, 4te
mofarás del rey de Babilonia y dirás:
«El hombre poderoso ha sido destruido.
Sí, se acabó tu insolencia.
5Pues
el Señor aplastó
tu poder malvado
y puso fin a tu reino perverso.
6Atacabas
al pueblo con incesantes golpes de furia
y dominabas a las naciones dentro de tu poder sofocante
con una tiranía implacable.
7Sin
embargo, finalmente la tierra está en reposo y tranquila.
¡Ahora puede volver a cantar!
8Hasta
los árboles del bosque
—los cipreses y los cedros del Líbano—
cantan esta alegre canción:
“¡Dado que te talaron,
nadie vendrá ahora para talarnos a nosotros!”.
9»En
el lugar de los muertos hay
mucha emoción
por tu llegada.
Los espíritus de los líderes mundiales y de los reyes
poderosos que murieron hace tiempo
se ponen de pie para verte llegar.
10Todos
exclaman a una voz:
“¡Ahora eres tan débil como nosotros!
11Tu
poder y tu fuerza fueron enterrados contigo.
En tu palacio ha cesado el sonido del arpa.
Ahora los gusanos son tu sábana
y las lombrices, tu manta”.
12»¡Cómo
has caído del cielo,
oh estrella luciente, hijo de la mañana!
Has sido arrojado a la tierra,
tú que destruías a las naciones del mundo.
13Pues
te decías a ti mismo:
“Subiré al cielo para poner mi trono por encima de las
estrellas de Dios.
Voy a presidir en el monte de los dioses,
muy lejos en el norte.
14Escalaré
hasta los cielos más altos
y seré como el Altísimo”.
15En
cambio, serás bajado al lugar de los muertos,
a las profundidades más hondas.
16Allí
todos te mirarán y se preguntarán:
“¿Puede ser este el que sacudía la tierra
y hacía temblar a los reinos del mundo?
17¿Es
este el que destruyó el mundo
y lo convirtió en una tierra baldía?
¿Es este el rey que demolía las grandes ciudades del mundo
y no tenía compasión de sus prisioneros?”.
18»Los
reyes de las naciones yacen en gloria majestuosa,
cada cual en su propia tumba,
19pero
tú serás sacado de tu sepultura
como una rama inútil.
Como un cadáver pisoteado bajo los pies,
serás arrojado a una fosa común
con los que murieron en batalla.
Descenderás al abismo.
20No
te darán un entierro apropiado,
porque destruiste a tu nación
y masacraste a tu pueblo.
Los descendientes de una persona tan malvada
nunca más recibirán honra.
21¡Maten
a los hijos de este hombre!
¡Que mueran por los pecados de su padre!
Que no se levanten para conquistar la tierra,
y llenar el mundo con sus ciudades».
22Esto
dice el Señor de
los Ejércitos Celestiales:
«¡Yo, yo mismo me he levantado contra Babilonia!
Destruiré a sus hijos, y a los hijos de sus hijos
—dice el Señor—.
23Convertiré
a Babilonia en un lugar desolado, tierra de búhos,
lleno de pantanos y de ciénagas;
barreré la tierra con la escoba de la destrucción.
¡Yo, el Señor de
los Ejércitos Celestiales, he hablado!».
Mensaje acerca de Asiria
24El
Señor de
los Ejércitos Celestiales hizo este juramento:
«Sucederá tal como yo lo tengo planeado.
Será tal como lo he decidido.
25Quebrantaré
a los asirios cuando estén en Israel;
los pisotearé en mis montañas.
Mi pueblo ya no será más esclavo de ellos
ni se doblará ante sus cargas pesadas.
26Tengo
un plan para toda la tierra,
una mano de juicio sobre todas las naciones.
27El
Señor de
los Ejércitos Celestiales ha hablado;
¿quién podrá cambiar sus planes?
Cuando levante su mano,
¿quién lo podrá detener?».
Mensaje acerca de Filistea
28Recibí
este mensaje en el año que murió el rey Acaz:
29Ustedes,
filisteos, no se alegren
de que la vara que los golpeaba se haya roto;
de que el rey que los atacaba esté muerto.
Pues de esa serpiente nacerá otra serpiente aún más
venenosa,
¡una serpiente terrible que los destruirá!
30Alimentaré
a los pobres en mis pastos;
los necesitados se acostarán en paz.
En cuanto a ustedes, los aniquilaré con el hambre
y destruiré a los pocos que queden.
31¡Giman
en las puertas! ¡Lloren en las ciudades!
¡Paralícense de miedo, filisteos!
Un poderoso ejército viene como humo desde el norte;
cada soldado avanza con prisa, ansioso por pelear.
32¿Qué
les diremos a los mensajeros de los filisteos? Diles:
«El Señor edificó
a Jerusalén;
sus murallas brindarán refugio a su pueblo oprimido».