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7 de Septiembre
 

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Proverbios 7

 

Cantar de los Cantares 5

El joven
1¡He entrado en mi jardín, tesoro mío,esposa mía!
Recojo mirra entre mis especias,
y disfruto del panal con mi miel
y bebo vino con mi leche.
Las jóvenes de Jerusalén
Oh amante y amada: ¡coman y beban!
¡Sí, beban su amor hasta saciarse!
La joven
2Yo dormía, pero mi corazón estaba atento,
cuando oí que mi amante tocaba a la puerta y llamaba:
«Ábreme, tesoro mío, amada mía,
mi paloma, mi mujer perfecta.
Mi cabeza está empapada de rocío,
mi cabello, con la humedad de la noche».
3Pero yo le respondí:
«Me he quitado el vestido,
¿por qué debería vestirme otra vez?
He lavado mis pies,
¿por qué debería ensuciarlos?».
4Mi amante trató de abrir el cerrojo de la puerta,
y mi corazón se estremeció dentro de mí.
5Salté para abrirle la puerta a mi amor,
y mis manos destilaron perfume.
Mis dedos goteaban preciosa mirra
mientras yo corría el pasador.
6Le abrí a mi amado,
¡pero él ya se había ido!
Se me desplomó el corazón.
Lo busqué
pero no pude encontrarlo.
Lo llamé
pero no tuve respuesta.
7Los guardias nocturnos me encontraron
mientras hacían sus rondas.
Me golpearon y me lastimaron
y me arrancaron el velo,
aquellos guardias del muro.
8Oh mujeres de Jerusalén, prométanme:
si encuentran a mi amante,
díganle que desfallezco de amor.
Las jóvenes de Jerusalén
9¿Por qué es tu amante mejor que todos los demás,
oh mujer de singular belleza?
¿Qué hace que tu amante sea tan especial
para que te hagamos esa promesa?
La joven
10Mi amado es trigueño y deslumbrante,
¡el mejor entre diez mil!
11Su cabeza es del oro más fino,
su cabello ondulado es negro como el cuervo.
12Sus ojos brillan como palomas
junto a manantiales de agua,
montados como joyas
lavadas en leche.
13Sus mejillas son como jardines de especias
que esparcen aromas.
Sus labios son como lirios,
perfumados con mirra.
14Sus brazos son como barras de oro torneadas,
adornados con berilo.
Su cuerpo es como marfil reluciente,
resplandece de lapislázuli.
15Sus piernas son como columnas de mármol
colocadas sobre bases de oro puro.
Su porte es majestuoso,
como los nobles cedros del Líbano.
16Su boca es la dulzura misma;
él es deseable en todo sentido.
Así es mi amante, mi amigo,
oh mujeres de Jerusalén.

 

Cantar de los Cantares 6

Las jóvenes de Jerusalén
1¿Adónde se ha ido tu amante,
oh mujer de singular belleza?
Dinos por cuál camino se fue
para ayudarte a encontrarlo.
La joven
2Mi amante ha bajado a su jardín,
a sus lechos de especias,
para pasear por los jardines
y juntar los lirios.
3Yo soy de mi amante, y mi amante es mío.
Él apacienta entre los lirios.
El joven
4Eres hermosa, amada mía,
como la bella ciudad de Tirsa.
Sí, eres tan hermosa como Jerusalén,
tan majestuosa como un ejército con sus estandartes desplegados al viento.
5Aparta de mí tus ojos,
porque me dominan.
Tu cabello cae en ondas,
como un rebaño de cabras que serpentea por las laderas de Galaad.
6Tus dientes son blancos como ovejas
recién bañadas.
Tu sonrisa es perfecta,
cada diente hace juego con su par.
7Tus mejillas son como granadas de color rosado
detrás de tu velo.
8Aun entre sesenta reinas
y ochenta concubinas
e incontables doncellas,
9yo todavía elegiría a mi paloma, a mi mujer perfecta,
la favorita de su madre,
muy amada por quien la dio a luz.
Las jóvenes la ven y la alaban;
hasta las reinas y las concubinas del palacio le entonan alabanzas:
10«¿Quién es esa, que se levanta como la aurora,
tan hermosa como la luna,
tan resplandeciente como el sol,
tan majestuosa como un ejército con sus estandartes desplegados al viento?».
La joven
11Bajé a la arboleda de nogales
y salí al valle para ver los nuevos brotes primaverales,
para ver si habían brotado las vides
o si las granadas ya estaban florecidas.
12Antes de darme cuenta,
mis fuertes deseos me habían llevado a la carroza de un hombre noble.
Las jóvenes de Jerusalén
13 Vuelve, vuelve a nosotras, oh doncella de Sulam.
Regresa, regresa, para que te veamos otra vez.
El joven
¿Por qué miran así a esta jovencita de Sulam,
mientras se mueve con tanta gracia entre dos filas de bailarines?

 

Cantar de los Cantares 7

1  ¡Qué hermosos son tus pies con sandalias!
Oh, doncella y princesa.
Las curvas de tus muslos son como joyas,
la obra de un habilidoso artesano.
2Tu ombligo tiene la forma perfecta,
como una copa llena de vino mezclado.
Entre tus muslos hay un manojo de trigo,
rodeado de lirios.
3Tus pechos son como dos cervatillos,
mellizos de una gacela.
4Tu cuello es tan hermoso como una torre de marfil.
Tus ojos son como los manantiales cristalinos de Hesbón,
junto a la puerta de Bat-rabim.
Tu nariz es tan fina como la torre del Líbano
con vista a Damasco.
5Tu cabeza es tan majestuosa como el monte Carmelo,
y el brillo de tus cabellos irradia realeza.
El rey quedó cautivado con tus rizos.
6¡Qué hermosa eres!
¡Qué encantadora, mi amor, qué llena de delicias!
7Eres esbelta como una palmera
y tus pechos son como los racimos de su fruto.
8Dije: «Treparé a la palmera
y tomaré su fruto».
Que tus pechos sean como racimos de uvas
y tu aliento, como la fragancia de manzanas.
9Que tus besos sean tan apasionantes como el mejor de los vinos,
que se desliza suavemente por los labios y los dientes.
La joven
10Yo soy de mi amante,
y él me declara como suya.
11Ven, amor mío, salgamos a las praderas
y pasemos la noche entre las flores silvestres.
12Levantémonos temprano y vayamos a los viñedos
para ver si brotaron las vides,
si ya abrieron las flores,
y si las granadas están en flor.
Allí te daré mi amor.
13Allí las mandrágoras dan su aroma,
y los mejores frutos están a nuestra puerta,
deleites nuevos y antiguos,
que he guardado para ti, amado mío.

 

Cantar de los Cantares 8

La joven
1¡Cómo quisiera que fueras mi hermano,
el que mamó de los pechos de mi madre!
Así podría besarte sin pensar en quién nos mira,
y nadie me criticaría.
2Te llevaría al hogar de mi infancia,
y allí tú me enseñarías.
Te daría a beber vino con especias,
mi dulce vino de granada.
3Tu brazo izquierdo estaría bajo mi cabeza
y tu brazo derecho me abrazaría.
4Prométanme, oh mujeres de Jerusalén,
que no despertarán al amor hasta que llegue el momento apropiado.
Las jóvenes de Jerusalén
5¿Quién es esa que viene majestuosamente desde el desierto
recostada sobre su amante?
La joven
Desperté tus deseos bajo el manzano,
donde tu madre te dio a luz,
donde con tanto dolor te trajo al mundo.
6Ponme como un sello sobre tu corazón,
como un sello sobre tu brazo.
Pues el amor es tan fuerte como la muerte,
y sus celos, tan duraderos como la tumba.
El amor destella como el fuego
con la llama más intensa.
7Las muchas aguas no pueden apagar el amor,
ni los ríos pueden ahogarlo.
Si un hombre tratara de comprar amor
con toda su fortuna,
su oferta sería totalmente rechazada.
Los hermanos de la joven
8Tenemos una hermanita
demasiado joven para tener pechos.
¿Qué haremos con nuestra hermana
si alguien pide casarse con ella?
9Si es virgen como un muro,
la protegeremos con una torre de plata;
pero si es promiscua como una puerta que gira,
le trabaremos la puerta con una barra de cedro.
La joven
10Yo era virgen como un muro,
ahora mis pechos son como torres.
Cuando mi amante me mira
se deleita con lo que ve.
11Salomón tiene un viñedo en Baal-hamón
y lo renta a arrendatarios.
Cada uno de ellos paga mil monedas de plata
por cosechar la fruta.
12Sin embargo, yo soy la dueña de mi viñedo y yo decido a quién dárselo,
y Salomón no tiene que pagar mil monedas de plata;
pero yo daré doscientas monedas
a quienes cuiden de sus vides.
El joven
13Amada mía, tú que te entretienes en los jardines,
tus compañeros tienen la dicha de oír tu voz.
¡Déjame oírla también!
La joven
14¡Ven conmigo, mi amor! Sé como una gacela,
o como un venado joven sobre los montes de especias.

 

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2 Corintios 9

Ofrenda para los cristianos de Jerusalén
1En realidad, no necesito escribirles acerca del ministerio de ofrendar para los creyentes de Jerusalén. 2Pues sé lo deseosos que están de ayudar, y me estuve jactando en las iglesias de Macedonia de que ustedes, los de Grecia, hace un año estuvieron dispuestos a enviar una ofrenda. De hecho, fue su entusiasmo lo que fomentó que muchos de los creyentes macedonios comenzaran a dar.
3Les envío a estos hermanos para estar seguro de que ustedes realmente están listos —como les he estado diciendo a ellos— y que ya tienen todo el dinero reunido. No quiero estar equivocado al jactarme de ustedes. 4Sería vergonzoso para nosotros —ni hablar de la vergüenza que significaría para ustedes— si algunos creyentes macedonios llegaran conmigo y encontraran que ustedes no están preparados ¡después de todo lo que les hablé de ustedes! 5Así que pensé que debería enviarles a estos hermanos primero, a fin de estar seguro de que tienen lista la ofrenda que prometieron; pero quiero que sea una ofrenda voluntaria, no una ofrenda dada de mala gana.
6Recuerden lo siguiente: un agricultor que siembra solo unas cuantas semillas obtendrá una cosecha pequeña. Pero el que siembra abundantemente obtendrá una cosecha abundante. 7Cada uno debe decidir en su corazón cuánto dar; y no den de mala gana ni bajo presión, «porque Dios ama a la persona que da con alegría». 8Y Dios proveerá con generosidad todo lo que necesiten. Entonces siempre tendrán todo lo necesario y habrá bastante de sobra para compartir con otros. 9Como dicen las Escrituras:
«Ellos comparten con libertad y dan generosamente a los pobres.
Sus buenas acciones serán recordadas para siempre».
10Pues es Dios quien provee la semilla al agricultor y luego el pan para comer. De la misma manera, él proveerá y aumentará los recursos de ustedes y luego producirá una gran cosecha de generosidad en ustedes.
11Efectivamente, serán enriquecidos en todo sentido para que siempre puedan ser generosos; y cuando llevemos sus ofrendas a los que las necesitan, ellos darán gracias a Dios. 12Entonces dos cosas buenas resultarán del ministerio de dar: se satisfarán las necesidades de los creyentes de Jerusalén y ellos expresarán con alegría su agradecimiento a Dios.
13Como resultado del ministerio de ustedes, ellos darán la gloria a Dios. Pues la generosidad de ustedes tanto hacia ellos como a todos los creyentes demostrará que son obedientes a la Buena Noticia de Cristo. 14Y ellos orarán por ustedes con un profundo cariño debido a la desbordante gracia que Dios les ha dado a ustedes. 15¡Gracias a Dios por este donque es tan maravilloso que no puede describirse con palabras!

 

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Salmos 49

1

Para el director del coro: salmo de los descendientes de Coré.

¡Escuchen esto todos los pueblos!
    ¡Presten atención, habitantes de todo el mundo!
Los de las altas esferas y la gente común,
    ricos y pobres: ¡oigan!
Pues mis palabras son sabias
    y mis pensamientos están llenos de buena percepción.
Escucho con atención muchos proverbios
    y resuelvo enigmas con la inspiración del sonido de un arpa.

¿Por qué tendría que temer cuando vienen dificultades,
    cuando los enemigos me rodean?
Ellos se fían de sus posesiones
    y se jactan de sus grandes riquezas.
Sin embargo, no pueden redimirse de la muerte[a]
    pagándole un rescate a Dios.
La redención no se consigue tan fácilmente,
    pues nadie podrá jamás pagar lo suficiente
como para vivir para siempre
    y nunca ver la tumba.

10 Los sabios finalmente tendrán que morir,
    al igual que los necios y los insensatos,
    y dejarán toda su riqueza atrás.
11 La tumba[b] es su hogar eterno,
    donde permanecerán para siempre.
Podrán ponerle su propio nombre a sus propiedades,
12     pero su fama no durará.
    Morirán, al igual que los animales.
13 Ese es el destino de los necios,
    aunque sean recordados como si hubieran sido sabios.[c] Interludio

14 Como ovejas, son llevados a la tumba,[d]
    donde la muerte será su pastor.
Por la mañana, los justos gobernarán sobre ellos.
    Sus cuerpos se pudrirán en la tumba,
    lejos de sus grandiosas propiedades.
15 Pero en mi caso, Dios redimirá mi vida;
    me arrebatará del poder de la tumba. Interludio

16 Así que no te desanimes cuando los malvados se enriquezcan,
    y en sus casas haya cada vez más esplendor.
17 Pues al morir, no se llevan nada consigo;
    sus riquezas no los seguirán a la tumba.
18 En esta vida se consideran dichosos
    y los aplauden por su éxito.
19 Pero morirán como todos sus antepasados,
    y nunca más volverán a ver la luz del día.
20 La gente que se jacta de su riqueza no comprende;
    morirán, al igual que los animales.

 

 

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