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21 de Agosto
 

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Proverbios 21

 

Job 1

Prólogo
1Había un hombre llamado Job que vivía en la tierra de Uz. Era un hombre intachable, de absoluta integridad, que tenía temor de Dios y se mantenía apartado del mal. 2Tenía siete hijos y tres hijas. 3Poseía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas burras; también tenía muchos sirvientes. En realidad, era la persona más rica de toda aquella región.
4Los hijos de Job se turnaban en preparar banquetes en sus casas e invitaban a sus tres hermanas para que celebraran con ellos. 5Cuando las fiestas terminaban —a veces después de varios días— Job purificaba a sus hijos. Se levantaba temprano por la mañana y ofrecía una ofrenda quemada por cada uno de ellos, porque pensaba: «Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en el corazón». Esta era una práctica habitual de Job.
Primera prueba de Job
6Un día los miembros de la corte celestialllegaron para presentarse delante del Señor, y el Acusador, Satanás, vino con ellos. 7El Señor le preguntó a Satanás:
—¿De dónde vienes?
Satanás contestó al Señor:
—He estado recorriendo la tierra, observando todo lo que ocurre.
8Entonces el Señor preguntó a Satanás:
—¿Te has fijado en mi siervo Job? Es el mejor hombre en toda la tierra; es un hombre intachable y de absoluta integridad. Tiene temor de Dios y se mantiene apartado del mal.
9Satanás le respondió al Señor:
—Sí, pero Job tiene una buena razón para temer a Dios:10siempre has puesto un muro de protección alrededor de él, de su casa y de sus propiedades. Has hecho prosperar todo lo que hace. ¡Mira lo rico que es! 11Así que extiende tu mano y quítale todo lo que tiene, ¡ten por seguro que te maldecirá en tu propia cara!
12—Muy bien, puedes probarlo —dijo el Señor a Satanás—. Haz lo que quieras con todo lo que posee, pero no le hagas ningún daño físico.
Entonces Satanás salió de la presencia del Señor.
13Un día cuando los hijos y las hijas de Job celebraban en casa del hermano mayor,14llegó un mensajero a casa de Job con las siguientes noticias: «Sus bueyes estaban arando y los burros comiendo a su lado,15cuando los sabeanos nos asaltaron. Robaron todos los animales y mataron a los trabajadores, y yo soy el único que escapó para contárselo».
16Mientras este mensajero todavía hablaba, llegó otro con esta noticia: «Cayó del cielo el fuego de Dios y calcinó a las ovejas y a todos los pastores; yo soy el único que escapó para contárselo».
17Mientras este mensajero todavía hablaba, llegó un tercero con esta noticia: «Tres bandas de saqueadores caldeos robaron sus camellos y mataron a los sirvientes; yo soy el único que escapó para contárselo».
18No había terminado de hablar el tercer mensajero cuando llegó otro con esta noticia: «Sus hijos e hijas estaban festejando en casa del hermano mayor y, 19de pronto, un fuerte viento del desierto llegó y azotó la casa por los cuatro costados. La casa se vino abajo y todos ellos murieron; yo soy el único que escapó para contárselo».
20Job se levantó y rasgó su vestido en señal de dolor; después se rasuró la cabeza y se postró en el suelo para adorar 21y dijo:
«Desnudo salí del vientre de mi madre
y desnudo estaré cuando me vaya.
El Señor me dio lo que tenía
y el Señor me lo ha quitado.
¡Alabado sea el nombre del Señor!».
22A pesar de todo, Job no pecó porque no culpó a Dios.

 

Job 2

Segunda prueba de Job
1Un día los miembros de la corte celestialllegaron nuevamente para presentarse delante del Señor, y el Acusador, Satanás, vino con ellos. 2El Señor le preguntó:
—¿De dónde vienes?
Satanás contestó al Señor:
—He estado recorriendo la tierra, observando todo lo que ocurre.
3Entonces el Señor preguntó a Satanás:
—¿Te has fijado en mi siervo Job? Es el mejor hombre en toda la tierra; es un hombre intachable y de absoluta integridad. Tiene temor de Dios y se mantiene apartado del mal. Además ha conservado su integridad a pesar de que tú me incitaste a que le hiciera daño sin ningún motivo.
4Satanás respondió al Señor:
—¡Piel por piel! Cualquier hombre renunciaría a todo lo que tiene para salvar su vida. 5Así que extiende tu mano y quítale la salud, ¡ten por seguro que te maldecirá en tu propia cara!
6—Muy bien, haz con él lo que quieras —dijo el Señor a Satanás— pero no le quites la vida.
7Entonces Satanás salió de la presencia de Dios e hirió a Job con terribles llagas en la piel, desde la cabeza hasta los pies.
8Job, sentado entre cenizas, se rascaba con un trozo de teja. 9Su esposa le dijo: «¿Todavía intentas conservar tu integridad? Maldice a Dios y muérete».
10Sin embargo, Job contestó: «Hablas como una mujer necia. ¿Aceptaremos solo las cosas buenas que vienen de la mano de Dios y nunca lo malo?». A pesar de todo, Job no dijo nada incorrecto.
Los tres amigos de Job comparten su angustia
11Cuando tres de los amigos de Job se enteraron de la tragedia que había sufrido, viajaron juntos desde sus respectivos hogares para consolarlo y confortarlo. Sus nombres eran Elifaz, el temanita; Bildad, el suhita y Zofar, el naamatita. 12Cuando vieron a Job de lejos, apenas lo reconocieron. Con fuertes lamentos, rasgaron sus vestidos y echaron polvo al aire sobre sus cabezas en señal de dolor.13Entonces, durante siete días y siete noches, se sentaron en el suelo junto a Job, y ninguno le decía nada porque veían que su sufrimiento era demasiado grande para expresarlo con palabras.

 

Job 3

Primer discurso de Job
1Por fin habló Job y maldijo el día de su nacimiento. 2Dijo:
3«Que sea borrado el día en que nací,
y la noche en que fui concebido.
4Que ese día se convierta en oscuridad;
que se pierda aun para Dios en las alturas,
y que ninguna luz brille en él.
5Que la oscuridad y la penumbra absoluta reclamen ese día para sí;
que una nube negra lo ensombrezca
y la oscuridad lo llene de terror.
6Que esa noche sea borrada del calendario
y que nunca más se cuente entre los días del año
ni aparezca entre los meses.
7Que esa noche sea estéril,
que no tenga ninguna alegría.
8Que maldigan ese día los expertos en maldiciones,
los que, con una maldición, podrían despertar al Leviatán.
9Que las estrellas de la mañana de ese día permanezcan en oscuridad;
que en vano espere la luz
y que nunca llegue a ver la aurora.
10Maldigo ese día por no haber cerrado el vientre de mi madre,
por haberme dejado nacer para presenciar toda esta desgracia.
11»¿Por qué no nací muerto?
¿Por qué no morí al salir del vientre?
12¿Por qué me pusieron en las rodillas de mi madre?
¿Por qué me alimentó con sus pechos?
13Si hubiera muerto al nacer, ahora descansaría en paz;
estaría dormido y en reposo.
14Descansaría con los reyes y con los primeros ministros del mundo,
cuyos grandiosos edificios ahora yacen en ruinas.
15Descansaría junto a príncipes, ricos en oro,
cuyos palacios estuvieron llenos de plata.
16¿Por qué no me enterraron como a un niño que nace muerto,
como a un niño que nunca vivió para ver la luz?
17Pues una vez muertos, los malvados no causan más problemas
y los cansados encuentran reposo.
18Aun los cautivos logran tranquilidad en la muerte,
donde no hay guardias que los maldigan.
19El rico y el pobre están allí,
y el esclavo se libera de su dueño.
20»Oh, ¿por qué dar luz a los desdichados,
y vida a los amargados?
21Ellos desean la muerte, pero no llega;
buscan la muerte con más fervor que a tesoro escondido.
22Se llenan de alegría cuando finalmente mueren,
y se regocijan cuando llegan a la tumba.
23¿Por qué dar vida a los que no tienen futuro,
a quienes Dios ha rodeado de dificultades?
24No puedo comer a causa de mis suspiros;
mis gemidos se derraman como el agua.
25Lo que yo siempre había temido me ocurrió;
se hizo realidad lo que me horrorizaba.
26No tengo paz ni tranquilidad;
no tengo descanso; sólo me vienen dificultades».

 

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1 Corintios 14:1-17

Lenguas y profecía
1¡Que el amor sea su meta más alta! Pero también deberían desear las capacidades especiales que da el Espíritu, sobre todo la capacidad de profetizar. 2Pues, si alguien tiene la capacidad de hablar en lenguas, le hablará sólo a Dios, dado que la gente no podrá entenderle. Hablará por el poder del Espíritu,pero todo será un misterio. 3En cambio, el que profetiza fortalece a otros, los anima y los consuela. 4La persona que habla en lenguas se fortalece a sí misma, pero el que dice una palabra de profecía fortalece a toda la iglesia.
5Yo desearía que todos pudieran hablar en lenguas, pero más aún me gustaría que todos pudieran profetizar. Pues la profecía es superior que hablar en lenguas, a menos que alguien interprete lo que se dice, para que toda la iglesia se fortalezca.
6Amados hermanos, si yo fuera a visitarlos y les hablara en un idioma desconocido, ¿de qué les serviría a ustedes? En cambio, si les llevo una revelación o un conocimiento especial o una profecía o una enseñanza, eso sí les sería de ayuda. 7Aun los instrumentos inanimados como la flauta y el arpa, tienen que emitir sonidos nítidos, o nadie reconocerá la melodía. 8Si el toque de trompeta no es entendible, ¿cómo sabrán los soldados que se les llama a la batalla?
9Lo mismo ocurre con ustedes. Si hablan a la gente con palabras que no entienden, ¿cómo podrían saber lo que ustedes dicen? Sería igual que hablarle al viento.
10Hay muchos idiomas diferentes en el mundo, y cada uno tiene significado; 11pero si no entiendo un idioma, soy un extranjero para el que lo habla, y el que lo habla es un extranjero para mí. 12Lo mismo ocurre con ustedes. Ya que están tan deseosos de tener las capacidades especiales que da el Espíritu, procuren las que fortalecerán a toda la iglesia.
13Por lo tanto, el que habla en lenguas también debería pedir en oración la capacidad de interpretar lo que se ha dicho. 14Pues, si oro en lenguas, mi espíritu ora, pero yo no entiendo lo que digo.
15¿Qué debo hacer entonces? Oraré en el espíritu y también oraré con palabras que entiendo. Cantaré en el espíritu y también cantaré con palabras que entiendo.16Pues, si alabas a Dios sólo en el espíritu, ¿cómo podrán los que no te entienden alabar a Dios contigo? ¿Cómo podrán unirse a tus agradecimientos cuando no entienden lo que dices? 17Tú darás gracias muy bien, pero eso no fortalecerá a la gente que te oye.

 

 

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Salmos 36

Para el director del coro: salmo de David, el siervo del Señor.

A los malvados el pecado les susurra en lo profundo del corazón;[a]
    no tienen temor de Dios en absoluto.
Ciegos de presunción,
    no pueden ver lo perversos que son en realidad.
Todo lo que dicen es retorcido y engañoso;
    se niegan a actuar con sabiduría o a hacer el bien.
Se quedan despiertos por la noche tramando planes pecaminosos;
    sus acciones nunca son buenas;
    no hacen ningún intento por alejarse del mal.

Tu amor inagotable, oh Señor, es tan inmenso como los cielos;
    tu fidelidad sobrepasa las nubes.
Tu rectitud es como las poderosas montañas,
    tu justicia, como la profundidad de los océanos.
Tú cuidas de la gente y de los animales por igual, oh Señor.
    ¡Qué precioso es tu amor inagotable, oh Dios!
Todos los seres humanos encuentran refugio
    a la sombra de tus alas.
Los alimentas con la abundancia de tu propia casa
    y les permites beber del río de tus delicias.
Pues tú eres la fuente de vida,
    la luz con la que vemos.

10 Derrama tu amor inagotable sobre los que te aman;
    haz justicia a los de corazón sincero.
11 No permitas que los orgullosos me pisoteen
    ni que los malvados me intimiden.
12 ¡Miren! ¡Han caído los que hacen el mal!
    Están derribados, jamás volverán a levantarse.

 

 

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