21Allí,
junto al canal de Ahava, di órdenes de que todos ayunáramos
y nos humilláramos ante nuestro Dios. En oración le pedimos
a Dios que nos diera un buen viaje y nos protegiera en el
camino tanto a nosotros como a nuestros hijos y nuestros
bienes. 22Pues
me dio vergüenza pedirle al rey soldados y jinetes que
nos acompañaran y nos protegieran de los enemigos durante el
viaje. Después de todo, ya le habíamos dicho al rey que «la
mano protectora de nuestro Dios está sobre todos los que lo
adoran, pero su enojo feroz se desata contra quienes lo
abandonan». 23Así
que ayunamos y oramos intensamente para que nuestro Dios nos
cuidara, y él oyó nuestra oración.
24Nombré
doce jefes de los sacerdotes —Serebías, Hasabías y otros
diez sacerdotes— 25para
que se encargaran de transportar la plata, el oro, los
recipientes de oro y los demás artículos que el rey, sus
consejeros y funcionarios, y todo el pueblo de Israel había
presentado para el templo de Dios. 26Pesé
el tesoro mientras se lo entregaba a ellos y el total sumaba
lo siguiente:
22 toneladas de
plata,
3400 kilos de
objetos de plata,
3400 kilos de oro,
2720 recipientes
de oro (equivalentes al valor de 1000 monedas de oro),
2 objetos finos de bronce pulido (tan valiosos como el oro).
28Luego
les dije a los sacerdotes: «Ustedes y esos tesoros son
santos, separados al Señor.
La plata y el oro son una ofrenda voluntaria para el Señor,
Dios de nuestros antepasados.29Cuiden
bien esos tesoros hasta que se los entreguen a los
principales sacerdotes, a los levitas y a los jefes de
Israel, quienes los pesarán en los depósitos del templo del
Señoren
Jerusalén». 30Entonces
los sacerdotes y los levitas aceptaron la tarea de
transportar esos tesoros de plata y de oro al templo de
nuestro Dios en Jerusalén.
31El
19 de abril, levantamos
el campamento junto al canal de Ahava y nos dirigimos a
Jerusalén. La bondadosa mano de nuestro Dios nos protegió y
nos salvó de enemigos y bandidos a lo largo del camino.32Así
que llegamos a salvo a Jerusalén, donde descansamos tres
días.
33Al
cuarto día de nuestra llegada, la plata, el oro y los demás
objetos de valor fueron pesados en el templo de nuestro Dios
y encomendados a Meremot, hijo del sacerdote Urías, y a
Eleazar, hijo de Finees, junto con Jozabad, hijo de Jesúa, y
Noadías, hijo de Binúi, ambos levitas. 34Ellos
rindieron cuenta de todo por número y peso, y el peso total
quedó asentado en los registros oficiales.
35Luego,
los desterrados que habían regresado del cautiverio
sacrificaron ofrendas quemadas al Dios de Israel. Ofrecieron
doce toros por todo el pueblo de Israel, además de noventa y
seis carneros y setenta y siete corderos. También
sacrificaron doce chivos como ofrenda por el pecado. Todo se
ofreció como una ofrenda quemada al Señor. 36Los
decretos del rey fueron entregados a sus funcionarios de más
alta posición y a los gobernadores de la provincia situada
al occidente del río Éufrates, quienes
colaboraron dando su apoyo al pueblo y al templo de Dios.
Esdras 9
Oración de Esdras acerca de los matrimonios mixtos
1Una
vez realizadas estas cosas, los líderes judíos vinieron a
verme y dijeron: «Muchos del pueblo de Israel e incluso
algunos sacerdotes y levitas no se han mantenido separados
de los otros pueblos que viven en esta tierra. Han adoptado
las prácticas detestables de los cananeos, los hititas, los
ferezeos, los jebuseos, los amonitas, los moabitas, los
egipcios y los amorreos. 2Pues
los hombres de Israel se han casado con mujeres de esos
pueblos y también las han tomado como esposas para sus
hijos. De manera que la raza santa se ha corrompido a causa
de esos matrimonios mixtos. Peor aún, los primeros en
cometer este ultraje han sido los líderes y los
funcionarios».
3Al
oír esto, me rasgué el manto y la camisa, me arranqué el
pelo de la cabeza y de la barba, y me senté completamente
horrorizado. 4Entonces
todos los que temblaban ante las palabras del Dios de Israel
vinieron y se sentaron conmigo a causa de este ultraje
cometido por los que habían regresado del destierro. Allí me
quedé sentado, totalmente horrorizado, hasta la hora del
sacrificio de la tarde.
5A
la hora del sacrificio, me levanté de donde había estado
sentado haciendo duelo con mis ropas rasgadas. Caí de
rodillas y levanté las manos al Señor mi
Dios. 6Hice
la siguiente oración:
«Oh Dios mío, estoy totalmente avergonzado; me da vergüenza
elevar mi rostro a ti. Pues nuestros pecados se han
amontonado tanto que son más altos que nosotros, y nuestra
culpa llega a los cielos.7Desde
el tiempo de nuestros antepasados hasta el día de hoy, hemos
vivido sumergidos en el pecado. Por esa razón, nosotros,
nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos estado a merced
de los reyes paganos de la tierra. Nos han matado,
capturado, robado y deshonrado, tal como estamos hoy.
8»Sin
embargo, ahora se nos concedió un breve momento de gracia,
porque el Señor nuestro
Dios ha permitido que unos cuantos de nosotros
sobreviviéramos como un remanente. Él nos ha dado seguridad
en este lugar santo. Nuestro Dios nos ha iluminado los ojos
y nos ha concedido un poco de alivio de nuestra esclavitud. 9Pues
éramos esclavos pero, en su amor inagotable, nuestro Dios no
nos abandonó en nuestra esclavitud. Por el contrario, hizo
que los reyes de Persia nos trataran favorablemente. Él nos
dio nuevas fuerzas, para que pudiéramos reconstruir el
templo de nuestro Dios y reparar las ruinas. Nos dio una
muralla de protección en Judá y en Jerusalén.
10»Ahora,
Dios nuestro, ¿qué podemos decir después de semejantes
cosas? ¡Pues una vez más hemos abandonado tus mandatos! 11Tus
siervos, los profetas, nos advirtieron cuando dijeron: “La
tierra en la que están a punto de entrar y poseer está
totalmente contaminada por las prácticas detestables de los
pueblos que la habitan. De un extremo al otro, la tierra
está llena de corrupción. 12¡No
permitan que sus hijas se casen con los hijos de ellos! ¡No
tomen a las hijas de ellos como esposas para sus hijos!
Jamás promuevan la paz y la prosperidad para esas naciones.
Si ustedes siguen estas instrucciones, serán fuertes y
disfrutarán de las buenas cosas que la tierra produce, y
dejarán esta prosperidad como herencia a sus hijos para
siempre”.
13»Ahora
somos castigados por nuestra perversión y nuestra gran
culpa; pero en realidad, el castigo que recibimos es mucho
menor de lo que merecemos, porque tú, Dios nuestro, has
permitido que algunos de nosotros sobreviviéramos como un
remanente. 14Sin
embargo, aun así, otra vez estamos quebrantando tus mandatos
y nos estamos casando con personas que cometen esos actos
detestables. ¿Acaso no será suficiente tu enojo para
destruirnos, para que ni aun este pequeño remanente
sobreviva? 15Oh
Señor,
Dios de Israel, tú eres justo. Nos acercamos a ti con
nuestra culpa, sin ser más que un remanente que ha escapado,
aunque en semejante condición ninguno de nosotros puede
estar en tu presencia».
Pablo condena el orgullo espiritual
1Me
cuesta creer lo que me informan acerca de la inmoralidad
sexual que hay entre ustedes, algo que ni siquiera los
paganos hacen. Me dicen que un hombre de su iglesia vive en
pecado con su madrastra. 2Ustedes
están muy orgullosos de sí mismos, en cambio, deberían estar
llorando de dolor y vergüenza y echar a ese hombre de la
congregación.
3Aunque
no estoy con ustedes en persona, sí lo estoy en el Espíritu; y
como si estuviera ahí, ya emití mi juicio sobre ese hombre 4en
el nombre del Señor Jesús. Ustedes deben convocar a una
reunión de la iglesia. Yo
estaré presente en espíritu, igual que el poder de nuestro
Señor Jesús. 5Entonces
deben expulsar a ese hombre y entregárselo a Satanás, para
que su naturaleza pecaminosa sea destruida y
él mismo sea
salvo el día que el Señor vuelva.
6Es
terrible que se jacten sobre dicho asunto. ¿No se dan cuenta
de que ese pecado es como un poco de levadura que impregna
toda la masa? 7Desháganse
de la vieja «levadura» quitando a ese perverso de entre
ustedes. Entonces serán como una nueva masa preparada sin
levadura, que es lo que realmente son. Cristo, nuestro
Cordero Pascual, ha sido sacrificado por nosotros. 8Por
lo tanto, celebremos el festival, no con el viejo pan de
perversidad y maldad, sino con el nuevo pan de
sinceridad y verdad.
9Cuando
les escribí anteriormente, les dije que no se relacionaran
con personas que se entregan al pecado sexual; 10pero
no me refería a los incrédulos que se entregan al pecado
sexual o son avaros o estafadores o rinden culto a ídolos.
Uno tendría que salir de este mundo para evitar gente como
esa. 11Lo
que quise decir es: no se relacionen con ninguno que afirma
ser creyente y
aun así se entrega al pecado sexual o es avaro o rinde culto
a ídolos o insulta o es borracho o estafador. Ni siquiera
coman con esa gente.
12No
es mi deber juzgar a los de afuera, pero sí es
responsabilidad de ustedes juzgar a los que son de la
iglesia y están en pecado. 13Dios
juzgará a los de afuera; pero como dicen las Escrituras:
«Quiten al malvado de entre ustedes».