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La tranquilidad es un estado de reposo y descanso, de dejar de
luchar y preocuparse. Dios quiere dar a su pueblo tranquilidad, y
esta comienza con la justicia. Isaías 32:17 dice: "Y esta rectitud
traerá la paz, es cierto, traerá tranquilidad y confianza para
siempre."
Cuando estamos seguros de que nuestros pecados son perdonados y que
somos considerados rectos delante de Dios, una tranquilidad profunda
llena nuestros corazones.
A partir de esa tranquilidad surge la confianza. Basamos nuestra
confianza en nuestra justicia, sabiendo que somos bienvenidos a
pedirle todo lo que necesitamos. Debemos estar seguros de que
"...sin ninguna duda, él responderá a los clamores." (Isaías 30:19).
Juan dijo: "Y estamos seguros de que él nos oye cada vez que le
pedimos algo que le agrada; y como sabemos que él nos oye cuando le
hacemos nuestras peticiones, también sabemos que nos dará lo que le
pedimos." (1 Juan 5:14-15).
Justicia, tranquilidad, y luego confianza, nos hará pasar sobre la
aflicción, porque Jesús es como una "sombra de una gran roca en
tierra reseca." (Isaías 32:2).
¡Quedémonos a la sombra de su presencia!
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