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El Rey Acaz aprendió una importante lección tratando el ataque del
enemigo: ¡No se puede huir de la batalla! Cuando un ejército muy
superior al propio amenazaba Jerusalén, "el corazón del rey y el de
su pueblo temblaron de miedo, como tiemblan los árboles en medio de
una tormenta." (Isaías 7: 2). Pero Dios en su misericordia envió al
profeta Isaías para entregarle un mensaje alentador. Por medio de
Isaías Dios le dijo a Acaz, "Esta invasión nunca sucederá, nunca se
llevará a cabo" (v. 7), e instruyó además al rey, diciendo: "Si
quieres que te proteja, aprenda a creer en mis palabras" (v. 9). (A
menos que ustedes tengan una fe firme, no puedo hacer que
permanezcan firmes)
El arma principal del enemigo es el miedo. Cuando el desastre se
cernía en el horizonte, Acaz fue superado por el miedo, pero la
palabra remarcada por el Señor permitió que permaneciera tranquilo,
relajado y confiado.
Pablo dijo: "No desechen la firme confianza que tienen en el Señor.
¡Tengan presente la gran recompensa que les traerá!" (Hebreos
10:35). Y esa recompensa es una "fe que asegura nuestra salvación"
(v. 39).
Cuando la batalla parece abrumadora, ¿qué opciones tenés, sino
mantenerte firme? Si huís de los enemigos, no podrás afirmarte y
establecerte. ¡Quemá el puente para volver atrás! Tu única opción es
ponerte de pie, y cuando lo hagas, ¡Dios peleará por vos!
252 días pasaron! Quedan 113.
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