|
Al mirar hacia atrás a lo largo de su vida, David podría destacar
cinco actitudes que le ayudaron a no inquietarse, o "no
impacientarse", como dice la versión Reina Valera (Salmo 37:1). En
el lenguaje común, podríamos decir "no te acalores" porque la
palabra original significa "calentarse, arder en cólera, estar bajo
el calor o presión." Cuando estás caminando a través de una prueba
de fuego, es imperativo que aprendas a "¡no acalorarte!"
Lo primero que tenés que hacer es "confiar en el Señor" (v. 3), o
tener una confianza interior de que Dios te va a llevar hacia el
otro lado. Con la convicción en tu corazón de que Dios está de tu
lado y quiere tu bien, podés enfrentar cualquier cosa.
En segundo lugar, "deléitate en el Señor" (v. 4), o hacé que el
Señor sea "delicioso" para vos. Así como un hijo disfruta de la
compañía de su padre, debés disfrutar de la compañía de tu Padre
celestial. ¿Estás disfrutando el pasar tiempo con Él, "probando" su
bondad?
En tercer lugar, debes "dejá tu vida y todo lo que hagas, en manos
del Señor" (v. 5), llevá tu problema hacia Él, reconociendo que es
el único que puede llevar tu pesada carga. Si encomendás tu problema
a Él, ¡no tenés la opción de tomarlo de nuevo! Es demasiado pesado
para vos; no se puede llevar en tu propia fuerza.
En cuarto lugar, debes "Guarda[r] silencio ante Jehová" (v. 7). Esto
implica descansar, no agrandar constantemente el ataque de Satanás a
través de tus palabras y declaraciones.
Por último, "espera en él para actuar" (v. 7), manteniendo una
constante sensación de expectativa de que tu milagro está a la
vuelta de la esquina. Nunca es fácil o agradable simplemente
esperar, pero es la clave para ver a Dios moverse en tu beneficio.
Confiá, gozá, encomendá, enmudecé, y esperá. Tu preocupación va a
desaparecer, y ¡Dios traerá la victoria!
231 días pasaron! Quedan 134.
|