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¡Qué espectáculo debe haber sido cuando la canción del Señor se
cantó de nuevo en Jerusalén por primera vez después de casi un
siglo! Setenta años de cruel cautiverio en Babilonia dieron paso a
una restauración de alabanza y adoración. Con la alabanza, acción de
gracias, y clamor, el pueblo de Dios con júbilo se regocijó,
diciendo: "¡Él es tan bueno! ¡Su fiel amor por Israel permanece para
siempre!" (Esdras 3:11).
Aún hoy Dios está restaurando la alabanza y adoración en Su Iglesia.
Esdras 3:13 nos dice que "Los gritos de alegría se mezclaron con el
llanto y produjeron un clamor que podía oírse a gran distancia." Y
así será oída nuestra alabanza por un mundo perdido que está
esperando por alguna expresión de alegría por el Señor.
Satanás odia las alabanzas de Dios, porque ellas representan a un
pueblo reunificado, un pueblo determinado, y un pueblo
evangelístico. Además, algunas personas no van a entender nuestra
alabanza porque el hombre sin Espíritu no puede entender las cosas
que vienen del Espíritu de Dios (1 Corintios 2:14).
La alabanza libera la mano de Dios. Decida hoy permanecer en la
"multitud que alaba". Después de todo, ¡ese es su destino por toda
la eternidad!
217 días pasaron! Quedan 148. ¡Sé un Adorador!.
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