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La oración es la llave que vence al enemigo en la batalla. Ezequías
oró en dos ocasiones diferentes y por lo tanto se sobrepuso a
tremendas luchas.
En primer lugar, oró junto a Isaías en contra de
la invasión de Senaquerib (2 Crónicas 32:20), y Dios envió a su
ángel para destruir por completo el ejército enemigo. Luego, en una
lucha por su vida, Ezequías buscó a Dios, y Dios lo sanó en
respuesta a su oración (v. 24).
Manasés también experimentó el poder de la oración para cambiar una
situación difícil. Estando en una cárcel de Babilonia, él oró al
Señor, y Dios milagrosamente lo liberó y restauró al poder. ¡Qué
poderosas ilustraciones de la oración y de su capacidad para activar
la liberación de Dios son estos ejemplos!
Pablo entendió este principio de la oración cuando le pidió a los
romanos que batallaran con él en oración para que "...me libre de
los que están en Judea que se niegan a obedecer a Dios." (Romanos
15:31). David expresó una oración similar: "¡Protégeme! ¡Rescata mi
vida de sus manos! No permitas que me avergüencen, pues yo en ti me
refugio." (Salmo 25:20).
Tus líderes espirituales también necesitan tus oraciones. Orá diligentemente
hoy para que sean protegidos, fructíferos, y renovados. ¡Tus
oraciones pueden salvar sus vidas!
213 días pasaron! Quedan 152.
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