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Devocional 14/07
Lectura del día
 

 

La bondad de Dios lleva al arrepentimiento. Nosotros una vez estábamos perdidos, éramos pecadores irrecuperables, pero al darnos cuenta de que Dios todavía nos ama lo suficiente como para perdonarnos a través de Cristo, esto rompe nuestra voluntad y hace que clamemos a Él por misericordia.

David estaba tan abrumado por la bondad de Dios al prometerle que bendeciría su futuro hogar que exclamó: "¿Quién soy yo, oh Señor Dios, y qué es mi familia para que me hayas traído hasta aquí? Y ahora, oh Dios, sumado a todo lo demás, ¡hablas de darle a tu siervo una dinastía duradera! Hablas como si yo fuera una persona muy importante, oh Señor Dios" (1 Crónicas 17:16-17)! Tal honor y la bondad de Dios hizo de David, un hombre humilde, no orgulloso.

Pablo demolió la idea de que la bondad de Dios otorga a una persona autojustificación. Los Judíos predicaban muy a menudo el sentir de esta manera cuando se comparaban a sí mismos a los gentiles (Romanos 2). Nunca debemos dejar de recordar que no somos mejores que nadie, y si no fuera por la bondad de Dios, seríamos como todos los demás!

Humillate hoy en el hecho de que, en su bondad, Dios te ha perdonado. Nunca dejes que el perdón se convierta en una actitud de superioridad. Mantenete en arrepentimiento y siempre sé agradecido de que Él transformó tu vida. Esta gratitud continua y el arrepentimiento te mantendrán lejos del orgullo y arrogancia religiosa!

 

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