|
La bondad de Dios lleva al arrepentimiento. Nosotros una vez
estábamos perdidos, éramos pecadores irrecuperables, pero al
darnos
cuenta de que Dios todavía nos ama lo suficiente como para
perdonarnos a través de Cristo, esto rompe nuestra voluntad y hace
que clamemos a Él por misericordia.
David estaba tan abrumado por la bondad de Dios al prometerle que
bendeciría su futuro hogar que exclamó: "¿Quién soy yo, oh Señor
Dios, y qué es mi familia para que me hayas traído hasta aquí? Y
ahora, oh Dios, sumado a todo lo demás, ¡hablas de darle a tu siervo
una dinastía duradera! Hablas como si yo fuera una persona muy
importante, oh Señor Dios" (1 Crónicas 17:16-17)! Tal honor y la
bondad de Dios hizo de David, un hombre humilde, no orgulloso.
Pablo demolió la idea de que la bondad de Dios otorga a una persona
autojustificación. Los Judíos predicaban muy a menudo el sentir de
esta manera cuando se comparaban a sí mismos a los gentiles (Romanos
2). Nunca debemos dejar de recordar que no somos mejores que nadie,
y si no fuera por la bondad de Dios, seríamos como todos los demás!
Humillate hoy en el hecho de que, en su bondad, Dios te ha
perdonado. Nunca dejes que el perdón se convierta en una actitud de
superioridad. Mantenete en arrepentimiento y siempre sé agradecido
de que Él transformó tu vida. Esta gratitud continua y el
arrepentimiento te mantendrán lejos del orgullo y arrogancia
religiosa!
194 días pasaron! Quedan 171.
|