14Después
de esto, Manasés reconstruyó la muralla exterior de la
Ciudad de David, desde el occidente del manantial de Gihón
en el valle de Cedrón, hasta la puerta del Pescado, y
continuó alrededor de la colina de Ofel; edificó la muralla
muy alta. Además colocó a sus oficiales militares en todas
las ciudades fortificadas de Judá.15Manasés
también quitó los dioses ajenos y el ídolo del templo del Señor.
Derribó todos los altares que había construido en el monte
donde estaba el templo y todos los altares que había en
Jerusalén, y los arrojó fuera de la ciudad.16Después
restauró el altar del Señor y
allí sacrificó ofrendas de paz y ofrendas de acción de
gracias. También alentó al pueblo de Judá para que adorara
al Señor,
Dios de Israel.17Sin
embargo, la gente seguía ofreciendo sacrificios en los
santuarios paganos, aunque solo los ofrecía al Señor su
Dios.
18Los
demás acontecimientos del reinado de Manasés, su oración a
Dios y las palabras que los videntes le hablaron en nombre
del Señor,
Dios de Israel, están registrados en El
libro de los reyes de Israel. 19La
oración de Manasés, el relato de la forma en que Dios le
respondió, y el relato de todos sus pecados y su infidelidad
están escritos en El
registro de los videntes. Incluye
una lista de los sitios donde, antes de que se humillara y
se arrepintiera, construyó santuarios paganos y levantó
ídolos y postes dedicados a la diosa Asera. 20Cuando
Manasés murió, lo enterraron en su palacio. Luego su hijo
Amón lo sucedió en el trono.
Amón gobierna en Judá
21Amón
tenía veintidós años cuando subió al trono y reinó en
Jerusalén dos años. 22Él
hizo lo malo a los ojos del Señor,
así como su padre Manasés. Rindió culto y ofreció
sacrificios a todos los ídolos que su padre había hecho;23pero
a diferencia de su padre, no se humilló ante el Señor,
sino que Amón pecó aún más.
24Tiempo
después, los propios funcionarios de Amón conspiraron contra
él y lo asesinaron en su palacio; 25pero
los habitantes del reino mataron a todos los que habían
conspirado contra el rey Amón y luego proclamaron rey a su
hijo Josías.
2 Crónicas
34
Josías gobierna en Judá
1Josías
tenía ocho años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén
treinta y un años. 2Hizo
lo que era agradable a los ojos del Señor y
siguió el ejemplo de su antepasado David; no se apartó de lo
que era correcto.
3Durante
el octavo año de su reinado, siendo aún joven, Josías
comenzó a buscar al Dios de su antepasado David. Luego, en
el año doce, empezó a purificar a Judá y a Jerusalén,
destruyendo todos los santuarios paganos, los postes
dedicados a la diosa Asera, los ídolos tallados y las
imágenes fundidas. 4Ordenó
que demolieran los altares de Baal y que derribaran los
altares del incienso que había encima. También se aseguró de
que despedazaran los postes dedicados a la diosa Asera, los
ídolos tallados y las imágenes fundidas, y que los pedazos
fueran esparcidos sobre las tumbas de aquellos que les
habían ofrecido sacrificios.5Quemó
los huesos de los sacerdotes paganos sobre sus propios
altares, y de esta manera purificó a Judá y a Jerusalén.
6Hizo
lo mismo en las ciudades de Manasés, Efraín, Simeón e
incluso hasta tan lejos como Neftalí, y en las regiones que
las rodean. 7Destruyó
los altares paganos y los postes dedicados a la diosa Asera,
y redujo los ídolos a polvo. Derribó todos los altares del
incienso en toda la tierra de Israel y, finalmente, volvió a
Jerusalén.
8En
el año dieciocho de su reinado, después de haber purificado
el país y el templo, Josías encargó a Safán, hijo de Azalía,
a Maaseías, el gobernador de Jerusalén y a Joa, hijo de
Yoajaz, el historiador real, para que repararan el templo
del Señor su
Dios. 9Estos
hombres le dieron al sumo sacerdote Hilcías el dinero que
habían recaudado los levitas que servían como porteros en el
templo de Dios. Las ofrendas las traían la gente de Manasés,
de Efraín y los que quedaban de Israel; al igual que la
gente de todo Judá, de Benjamín y de Jerusalén.
10El
sumo sacerdote les confió el dinero a los hombres designados
para supervisar la restauración del templo del Señor.
A su vez ellos pagaban a los trabajadores que hacían las
reparaciones y la renovación del templo.11Contrataron
carpinteros y constructores, los cuales compraban piedras
labradas para las paredes y madera para las vigas y los
soportes. Restauraron lo que los reyes anteriores de Judá
habían permitido que cayera en ruinas.
12Los
obreros servían fielmente bajo el liderazgo de Jahat y
Abdías, levitas del clan de Merari, y de Zacarías y Mesulam,
levitas del clan de Coat. Otros levitas, todos músicos
hábiles,13quedaron
encargados de los trabajadores de los diversos oficios.
Incluso otros ayudaban como secretarios, oficiales y
porteros.
Hilcías descubre la ley de Dios
14Mientras
sacaban el dinero recaudado en el templo del Señor,
el sacerdote Hilcías encontró el libro de la ley del Señor que
escribió Moisés.15Hilcías
le dijo a Safán, secretario de la corte: «¡He encontrado el
libro de la ley en el templo del Señor!».
Entonces Hilcías le dio el rollo a Safán.
16Safán
llevó el rollo al rey y le informó: «Sus funcionarios están
haciendo todo lo que se les asignó. 17El
dinero que se recaudó en el templo del Señor ha
sido entregado a los supervisores y a los trabajadores». 18Safán
también dijo al rey: «El sacerdote Hilcías me entregó un
rollo». Así que Safán se lo leyó al rey.
19Cuando
el rey oyó lo que estaba escrito en la ley, rasgó su ropa en
señal de desesperación. 20Luego
dio las siguientes órdenes a Hilcías; a Ahicam, hijo de
Safán; a Acbor, hijo de Micaías; a
Safán, secretario de la corte y a Asaías, consejero personal
del rey:21«Vayan
al templo y consulten al Señor por
mí y por todo el remanente de Israel y de Judá. Pregunten
acerca de las palabras escritas en el rollo que se encontró.
Pues el gran enojo del Señor ha
sido derramado sobre nosotros, porque nuestros antepasados
no obedecieron la palabra del Señor.
No hemos estado haciendo todo lo que este rollo dice que
debemos hacer».
22Entonces
Hilcías y los otros hombres se dirigieron al Barrio Nuevo de
Jerusalén para consultar a la profetisa Hulda. Ella era la
esposa de Salum, hijo de Ticvah, hijo de Harhas, el
encargado del guardarropa del templo.
23Ella
les dijo: «¡El Señor,
Dios de Israel, ha hablado! Regresen y díganle al hombre que
los envió: 24“Esto
dice el Señor:
‘Traeré desastre sobre esta ciudad y
sobre sus habitantes. Todas las maldiciones escritas en el
rollo que fue leído al rey de Judá se cumplirán,25pues
los de mi pueblo me han abandonado y han ofrecido
sacrificios a dioses paganos. Estoy muy enojado con ellos
por todo lo que han hecho. Mi enojo será derramado sobre
este lugar y no se apagará’”.
26»Vayan
a ver al rey de Judá, quien los envió a buscar al Señor,
y díganle: “Esto dice el Señor,
Dios de Israel, acerca del mensaje que acabas de escuchar:27‘Estabas
apenado y te humillaste ante Dios al oír las palabras que él
pronunció contra la ciudad y sus habitantes. Te humillaste,
rasgaste tu ropa en señal de desesperación y lloraste
delante de mí, arrepentido. Ciertamente te escuché, dice el
Señor. 28Por
eso, no enviaré el desastre que he prometido hasta después
de que hayas muerto y seas enterrado en paz. Tú mismo no
llegarás a ver la calamidad que traeré sobre esta ciudad y
sus habitantes’”».
De modo que llevaron su mensaje al rey.
Reformas religiosas de Josías
29Entonces
el rey convocó a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. 30Luego
subió al templo del Señor junto
con todos los habitantes de Judá y de Jerusalén, acompañado
por los sacerdotes y los levitas: toda la gente, desde el
menos importante hasta el más importante. Allí el rey les
leyó todo el libro del pacto que se había encontrado en el
templo del Señor. 31El
rey tomó su lugar de autoridad junto a la columna y renovó
el pacto en presencia del Señor.
Se comprometió a obedecer al Señor cumpliendo
sus mandatos, leyes y decretos con todo el corazón y con
toda el alma. Prometió obedecer todas las condiciones del
pacto que estaban escritas en el rollo. 32Además,
exigió a todos los que estaban en Jerusalén y en Benjamín
que hicieran una promesa similar. El pueblo de Jerusalén lo
hizo, y renovó su pacto con Dios, el Dios de sus
antepasados.
33Josías
quitó todos los ídolos detestables de toda la tierra de
Israel y exigió que todos adoraran al Señor su
Dios. Durante el resto de la vida de Josías, no se apartaron
del Señor,
Dios de sus antepasados.
10Saluden
a Apeles, un buen hombre aprobado por Cristo. Y den mis
saludos a los creyentes de la familia de Aristóbulo. 11Saluden
a Herodión, judío como yo. Saluden
a los de la familia de Narciso que son del Señor. 12Den
mis saludos a Trifena y Trifosa, obreras del Señor, y a la
amada Pérsida, quien ha trabajado tanto para el Señor.13Saluden
a Rufo, a quien el Señor eligió para hacerlo suyo; y también
a su querida madre, quien ha sido como una madre para mí.
14Den
mis saludos a Asíncrito, Flegonte, Hermas, Patrobas, Hermes
y a los hermanos que se reúnen con ellos. 15Saluden
también a Filólogo, Julia, Nereo y su hermana, y a Olimpas y
a todos los creyentes que
se reúnen con ellos.16Salúdense
unos a otros con amor cristiano.Todas
las iglesias de Cristo les envían saludos.
Instrucciones finales de Pablo
17Y
ahora, mis amados hermanos, les pido algo más. Tengan
cuidado con los que causan divisiones y trastornan la fe de
los creyentes al enseñar cosas que van en contra de las que
a ustedes se les enseñaron. Manténganse lejos de ellos. 18Tales
personas no sirven a Cristo nuestro Señor; sirven a sus
propios intereses. Con palabras suaves y halagos, engañan a
la gente inocente; 19pero
todos saben que ustedes son obedientes al Señor. Eso me
llena de alegría. Quiero que sean sabios para hacer lo que
está bien y sigan siendo inocentes en cuanto a toda clase de
mal. 20El
Dios de paz pronto aplastará a Satanás bajo los pies de
ustedes. Que la gracia de nuestro Señor Jesússea
con ustedes.
21Timoteo,
mi compañero de trabajo, les manda saludos, igual que Lucio,
Jasón y Sosípater, judíos como yo.
22Yo,
Tercio, quien escribo esta carta de parte de Pablo, también
les envío mis saludos como uno de los seguidores del Señor.
23Los
saluda Gayo. Él es quien me hospeda y también recibe en su
casa a toda la iglesia. Les envía saludos Erasto, el
tesorero de la ciudad, y también el hermano Cuarto.
25Que
toda la gloria sea para Dios, quien puede fortalecerlos tal
como expresa la Buena Noticia. En ese mensaje acerca de
Jesucristo se ha revelado su plan para ustedes, los
gentiles, un plan que estuvo guardado en secreto desde el
principio del tiempo. 26Pero
ahora, tal como lo predijeron los profetas y
el Dios eterno lo ha ordenado, ese mensaje se da a conocer a
todos los gentiles en todas partes, para que ellos también
puedan creer y obedecerlo a él. 27Toda
la gloria sea para el único sabio Dios eternamente por medio
de Jesucristo. Amén.